Axel nunca tuvo talento.
No era el más inteligente.
No era el más fuerte.
No era el más popular.
Mientras otros avanzaban, él parecía quedarse atrás.
A sus 22 años, su vida era una colección de trabajos temporales, sueños abandonados y promesas que nunca cumplía. Cada día se parecía al anterior: levantarse cansado, trabajar por poco dinero y regresar a casa sintiendo que no estaba llegando a ninguna parte.
Pero una noche todo cambia.
Al escuchar a su madre llorar en silencio por las deudas y los problemas que amenazan a su familia, Axel comprende una verdad dolorosa: nadie vendrá a rescatarlo.
No existe un destino especial.
No existen los milagros.
No existe un camino fácil.
Si quiere una vida diferente, tendrá que construirla con sus propias manos.
Así comienza una batalla que durará años.
Una batalla contra la pobreza.
Contra el cansancio.
Contra el miedo.
Contra los errores.
Y, sobre todo, contra sí mismo.
En el camino conocerá a Sofía, una joven que parece tener la vida bajo control, aunque detrás de su sonrisa también esconde heridas que nadie imagina. Juntos descubrirán que crecer no significa volverse perfecto, sino aprender a seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.
Entre fracasos, pequeñas victorias, amistades verdaderas, amores complicados y decisiones que cambiarán su futuro, Axel descubrirá que la disciplina duele, que los sueños tienen un precio y que convertirse en alguien mejor es mucho más difícil de lo que imaginaba.
Porque la vida nunca estuvo diseñada para ser fácil.
Y cuando el mundo te obliga a jugar en desventaja...
Solo queda una opción.
Activar el modo difícil.
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CAPÍTULO 5 - Sofía
Al día siguiente, Axel regresó al parque.
Y se sintió estúpido apenas llegó.
Porque llevaba todo el camino pensando una sola cosa.
¿Estará aquí?
Negó con la cabeza.
—Idiota...
Había ido a entrenar.
No a buscar a una desconocida.
No sabía su nombre.
No sabía su edad.
No sabía absolutamente nada sobre ella.
Sin embargo, cuando llegó al parque, lo primero que hizo fue mirar hacia la banca.
Vacía.
Sintió una pequeña decepción.
Y eso lo molestó todavía más.
—Concéntrate.
Comenzó a caminar.
Luego a trotar.
Un minuto.
Dos minutos.
Tres minutos.
Cinco minutos.
Su respiración empezó a acelerarse.
Pero esta vez siguió.
Seis minutos.
Siete.
Ocho.
Cuando finalmente se detuvo, sentía que sus pulmones estaban en huelga.
Pero también estaba sonriendo.
Había mejorado.
Tres minutos más que el día anterior.
No parecía mucho.
Pero para él era enorme.
Se dejó caer sobre una banca.
Sacó la libreta.
Y escribió:
Día 8
✔ Corrí ocho minutos.
Mientras escribía, escuchó una voz.
—Vaya.
Axel levantó la vista.
La chica estaba allí.
La del libro.
La del "guerrero del cuaderno".
Llevaba una mochila negra y una coleta alta.
Y nuevamente tenía un libro en las manos.
—Sobreviviste —dijo ella.
—Apenas.
—Pero sobreviviste.
—Supongo.
Ella se sentó en la banca vecina.
—¿Cuánto hoy?
—Ocho minutos.
—¿Y ayer?
—Cinco.
—Entonces mejoraste.
—Tres minutos.
—Eso es un sesenta por ciento más.
Axel la miró.
—¿Acabas de calcular eso mentalmente?
—Sí.
—Qué miedo.
Ella soltó una carcajada.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
Axel negó con la cabeza.
Aquella chica era rara.
Pero de una forma agradable.
—Por cierto —dijo ella—. Soy Sofía.
—Axel.
—Mucho gusto, guerrero del cuaderno.
—Voy a terminar odiando ese apodo.
—Probablemente.
Durante unos segundos se quedaron en silencio.
No era un silencio incómodo.
Era tranquilo.
Extrañamente tranquilo.
—¿Y qué lees tanto? —preguntó Axel.
Sofía levantó el libro.
—Novela.
—¿Buena?
—Mucho.
—¿De qué trata?
—De personas tomando malas decisiones.
—Entonces debe ser realista.
—Extremadamente.
Ambos rieron.
Después Sofía cerró el libro.
—Ahora dime.
—¿Qué?
—¿Qué pasó?
—¿Con qué?
—Con tu vida.
Axel parpadeó.
—Eso es una pregunta enorme.
—Lo sé.
—¿Y por qué la haces?
—Porque nadie escribe "estoy intentando arreglar mi vida" en una libreta si todo va bien.
Axel se quedó callado.
Era una observación justa.
Demasiado justa.
Miró el suelo.
Luego el parque.
Finalmente respondió.
—Supongo que me quedé estancado.
—¿Estancado?
—Sí.
—¿Cómo?
—Mientras todos avanzaban.
Universidad.
Trabajos.
Metas.
Yo simplemente...
Se encogió de hombros.
—Existía.
Sofía escuchó sin interrumpir.
—Y un día me di cuenta de que no me gustaba la persona en la que me estaba convirtiendo.
Ella asintió lentamente.
—Eso debió doler.
—Sí.
—¿Mucho?
—Mucho.
Sofía permaneció unos segundos en silencio.
Luego dijo algo inesperado.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Qué tiene de bien?
—Que te diste cuenta.
Axel frunció el ceño.
—No entiendo.
—La mayoría nunca se da cuenta.
La respuesta lo dejó pensando.
Porque tal vez tenía razón.
Había personas que pasaban años enteros culpando al mundo.
A la suerte.
A los demás.
Sin preguntarse qué podían hacer diferente.
—Además —continuó Sofía—, todavía eres joven.
—Tengo veintidós.
—Exacto.
—¿Y eso es joven?
—Claro.
—No lo parece.
—Porque estás comparando tu capítulo uno con el capítulo veinte de otras personas.
Axel levantó la mirada.
—¿Qué?
—Las redes sociales.
La gente.
Internet.
Todos muestran resultados.
Nadie muestra el proceso.
Nadie publica cuando fracasa.
Nadie publica cuando llora.
Nadie publica cuando tiene miedo.
Publican cuando ya ganaron.
Por eso parece que todos tienen la vida resuelta.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Y por alguna razón golpearon fuerte.
Muy fuerte.
Porque describían exactamente cómo se había sentido durante años.
Como si estuviera llegando tarde a una carrera que todos habían empezado antes.
—Nunca lo había pensado así.
—Deberías.
—Tal vez.
—Definitivamente.
Sofía volvió a abrir su libro.
La conversación parecía terminada.
Pero antes de empezar a leer dijo:
—Por cierto.
—¿Sí?
—Ocho minutos son mejores que cinco.
Axel sonrió.
—Gracias.
—No me agradezcas.
—¿Por qué?
—Tú fuiste quien corrió.
Y volvió a leer.
Axel observó la libreta.
Luego escribió una nueva línea debajo de la marca de verificación.
"Ocho minutos. Sigue avanzando."
Por primera vez desde que comenzó este cambio...
Empezó a creer que tal vez era posible.
Tal vez.
Solo tal vez.
No estaba tan perdido como pensaba.
Fin del Capítulo 5