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Indomable

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Status: Terminada
Genre:Romance / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: YICELA MOSQUERA MENA

Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.

NovelToon tiene autorización de YICELA MOSQUERA MENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La primera grieta.

Valentina pasó los siguientes dos días atrapada entre el trabajo y las preguntas que parecían multiplicarse cada vez que intentaba responder una de ellas. Cuanto más pensaba en Gabriel Mena, más extraño le resultaba que nunca hubiera sentido curiosidad por ciertos aspectos de la vida de su padre. Había aceptado la versión que le contaron cuando era joven porque confiaba en Isabel y porque el dolor de perderlo había sido demasiado grande para cuestionar nada. Pero ahora todo era diferente. Ahora existía Lorenzo Ricci. Existían los silencios de su madre. Existían los vacíos en el pasado de Gabriel. Y existía Matteo, que seguía buscando respuestas con una determinación casi obsesiva.

Aquella tarde, mientras revisaba unos documentos en su oficina, recibió una llamada de él.

—Necesito que vengas.

Valentina levantó inmediatamente la vista.

—¿Encontraste algo?

—Sí.

Solo una palabra.

Pero fue suficiente para hacer que se pusiera de pie.

—Voy para allá.

Durante todo el trayecto sintió una mezcla de ansiedad y nerviosismo. Una parte de ella deseaba descubrir la verdad. Otra parte temía hacerlo. Porque comenzaba a sospechar que aquella verdad podía cambiar demasiadas cosas.

Cuando llegó, Matteo la esperaba en una sala privada de reuniones. Esta vez Marco también estaba allí.

Y ninguno de los dos parecía especialmente tranquilo.

—Eso no me gusta —dijo Valentina mientras tomaba asiento.

—A nosotros tampoco —respondió Marco.

Matteo deslizó una carpeta hacia ella.

—Encontramos una empresa.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué clase de empresa?

—Una empresa que existió hace más de diez años y que desapareció poco después de la muerte de tu padre.

La joven abrió la carpeta lentamente.

Había nombres.

Registros.

Documentos incompletos.

Información financiera.

Nada que pareciera especialmente importante a simple vista.

—No entiendo.

—Mira el nombre de los socios.

Valentina bajó la vista.

Y entonces lo vio.

Gabriel Mena.

Su corazón se aceleró.

Siguió leyendo.

Y unos segundos después encontró otro apellido.

Ricci.

La sangre pareció congelarse en sus venas.

—No.

La palabra escapó de sus labios casi en un susurro.

—Lo sé —dijo Matteo.

—No puede ser.

Volvió a leerlo.

Luego otra vez.

Y una más.

Pero el nombre seguía allí.

Gabriel Mena.

Ricci.

Relacionados en el mismo documento.

—¿Lorenzo?

Marco negó con la cabeza.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—El nombre que aparece es Alessandro Ricci.

Valentina levantó la mirada.

—¿Quién es Alessandro?

Ninguno respondió de inmediato.

Fue Matteo quien finalmente habló.

—El hermano mayor de Lorenzo.

El silencio cayó sobre la habitación.

Pesado.

Abrumador.

Porque aquella era la primera prueba real de que las sospechas tenían fundamento.

Gabriel y los Ricci se conocían.

Y no de manera superficial.

Habían compartido negocios.

—¿Mi padre trabajó con ellos?

—Eso parece.

—Mamá nunca mencionó nada.

—Precisamente.

Valentina apoyó lentamente la carpeta sobre la mesa.

Porque cuanto más descubría, más imposible le parecía que Isabel no supiera nada.

Esa noche regresó a casa con la cabeza llena de preguntas.

Encontró a Sofía en la cocina preparando café.

—Tienes cara de desastre.

—Gracias.

—Lo digo con cariño.

—Lo empeora.

Sofía sonrió.

Pero la sonrisa desapareció cuando vio la expresión de su hermana.

—¿Qué pasó?

Valentina dejó la carpeta sobre la mesa.

—Papá conocía a los Ricci.

La taza casi resbaló de las manos de Sofía.

—¿Qué?

—Encontraron documentos.

Socios.

Empresas.

Registros.

Sofía permaneció inmóvil.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Durante varios segundos ninguna habló.

Porque ambas estaban intentando procesar la misma realidad.

Su padre no era únicamente una víctima lejana de una tragedia.

Su padre estaba conectado con todo aquello.

Y cuanto más lo pensaban, más evidente resultaba que Isabel debía conocer la historia.

La pregunta era cuánto conocía realmente.

Aquella misma noche, Isabel volvió a abrir la vieja caja.

Las fotografías seguían allí.

Las cartas seguían allí.

Los recuerdos seguían allí.

Esperando.

Condenándola.

Tomó una de las fotografías y cerró los ojos.

Recordaba perfectamente aquel día.

Recordaba la risa de Gabriel.

Recordaba sus promesas.

Recordaba la discusión que habían tenido apenas unas semanas antes de su muerte.

Y recordaba el miedo.

Porque Gabriel había estado asustado.

Mucho más asustado de lo que jamás admitió.

—Debí contárselo —susurró.

La culpa llevaba años acompañándola.

Años.

Pero ahora estaba regresando con más fuerza que nunca.

Porque sabía que el tiempo se estaba acabando.

Sabía que tarde o temprano Valentina descubriría la verdad.

Y cuando eso ocurriera, tendría que enfrentarse a una realidad que llevaba una década intentando evitar.

Al día siguiente, Matteo recibió una llamada inesperada.

La voz al otro lado de la línea pertenecía a uno de sus hombres de confianza.

—Encontramos algo más.

Matteo se tensó.

—Habla.

—Hay registros de reuniones entre Gabriel Mena y Alessandro Ricci durante los meses previos al accidente.

—¿Cuántas?

—Muchas.

Demasiadas para ser casualidad.

Matteo permaneció en silencio.

Porque cada nueva pieza parecía confirmar la misma conclusión.

Gabriel no había sido un espectador.

Había estado dentro de aquella historia.

Y probablemente mucho más cerca de los Ricci de lo que nadie imaginaba.

—Sigue investigando.

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

Hubo una pausa.

—Alguien más está buscando esos mismos documentos.

El cuerpo de Matteo se tensó de inmediato.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.

Pero están borrando información.

Otra vez.

La llamada terminó pocos minutos después.

Y Matteo permaneció inmóvil frente a la ventana de su oficina.

Observando la ciudad.

Pensando.

Porque alguien estaba intentando ocultar el pasado.

Alguien con recursos.

Alguien que tenía miedo de que la verdad saliera a la luz.

Y por primera vez desde que comenzó aquella investigación, tuvo la sensación de que estaban acercándose demasiado a algo que llevaba años enterrado.

Algo que ciertas personas estaban dispuestas a proteger a cualquier precio.

Muy lejos de allí, Lorenzo Ricci observaba una carpeta abierta sobre su escritorio.

No parecía preocupado.

Ni nervioso.

Pero sí atento.

Como un depredador que percibe movimiento entre los árboles.

Sus dedos recorrieron lentamente una hoja llena de nombres y fechas.

Hasta detenerse en uno.

Gabriel Mena.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—Nunca debiste volver —murmuró.

Y por primera vez en muchos años, Lorenzo sintió algo que rara vez experimentaba.

Incertidumbre.

Porque los muertos no suelen regresar.

Pero los secretos sí.

Y el secreto de Gabriel Mena estaba comenzando a despertar.

1
Andrea Nardelli
extraordinaria sin final siempre
Cristina Miranda
Que será lo que hay oculto??!!
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
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