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Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: Verdades sin filtro

​El taller de Joyas VAN en el penthouse era una auténtica colmena de creación. La marca ya no era solo un proyecto personal; en estos cuatro años se había convertido en un nombre respetado entre la clientela más exclusiva de Caracas. Las solicitudes para diseños personalizados no cesaban, y ver mis bocetos convertidos en piezas de orfebrería de alta gama me llenaba de un orgullo indescriptible, sin embargo, la paz en mi mesa de trabajo duraba poco, cuando la realidad de la constructora volvía a golpear a mi puerta.

​Esa mañana en la oficina, tras noches enteras cruzando datos bajo cuerda, por fin encajé la pieza clave del rompecabezas de Las Mercedes.

Los materiales de pésima calidad, las facturas con sobreprecio y los desvíos millonarios no eran simples errores de gestión: eran un robo descarado. Las pruebas apuntaban directamente al vicepresidente de la empresa, pero el esquema era demasiado grande. Tenía la certeza absoluta de que Camilo Soublette no estaba actuando solo; tenía cómplices poderosos dentro de la constructora que le cubrían las espaldas.

​No me quedé cruzada de brazos, con la carpeta de pruebas bien sujeta bajo el brazo y la sangre hirviéndome en las venas, caminé directo hacia el área de presidencia. Me topé con Camilo en el pasillo de los ventanales, justo antes de que entrara a la sala de juntas.

​—Ingeniero Soublette, necesitamos hablar. Ahora mismo —le espeté con voz firme, sin bajarle la mirada.

​Camilo se detuvo, acomodándose la corbata con esa sonrisa de suficiencia que me revolvía el estómago.

​—Señorita Mendoza, no tengo tiempo para atender asuntos administrativos menores...

​—No son asuntos menores, Camilo —lo interrumpí, dando un paso al frente para acorralarlo verbalmente—. Sé perfectamente lo que está haciendo en la obra de Las Mercedes. Sé que los presupuestos están inflados y que el cemento y la estructura no cumplen con los estándares. Tengo los balances cruzados y no me voy a tragar sus cuentos.

​La sonrisa de Camilo se congeló. Sus ojos grises se volvieron dos rendijas de puro veneno.

​—Tenga mucho cuidado con lo que insinúa, Valeria. Usted es una simple contadora. No se meta en terrenos que le quedan demasiado grandes, si no quiere salir quemada.

​—¡A mí no me venga a amenazar! —le respondí sin titubear, alzando la voz con una seguridad que resonó en el pasillo—. No le tengo miedo. Sé que tiene las manos metidas hasta el fondo en este desfalco, e investigaré hasta el último de los cómplices que tiene metidos en esta empresa. Voy a encontrar a cada uno de los responsables y no voy a parar hasta que paguen por esto.

​Camilo dio un paso hacia mí, apretando la mandíbula, pero antes de que pudiera responder, la puerta de la oficina principal se abrió y Mateo salió al pasillo.

​—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Mateo, mirando la tensión evidente entre Camilo y yo.

​—Nada, Mateo —respondió Camilo, recuperando la postura con una hipocresía tipica de él—. Tu novia, que confunde sus funciones contables con investigaciones personales.

​Camilo se dio la vuelta y se alejó con paso rápido. Quedé agitada, pero no solté una sola palabra frente a Mateo sobre el contenido de la carpeta; no era el momento ni el lugar.

​Poco después de ese trago amargo, Mateo recibió una llamada en su despacho. Era su madre, Elena Fonseca. Los señores ya habían aterrizado en Caracas de forma imprevista. Elena, desde la comodidad de su residencia, llamó a su hijo no solo para pedir cuentas de la empresa, sino para exigir verse. Mateo, en un intento precipitado por «unir a todos» y presentar a las familias de una vez por todas, tomó una decisión a mis espaldas.

​Esa tarde, tras una jornada agotadora, regresé al penthouse deseando solo un baño de agua caliente y descansar.

​Pero al cruzar la puerta de entrada, la escena me dejó en un shock absoluto.

​El ambiente era irrespirable. En la sala no solo estaban mi papá, y la tía Irina, vestidos con su sencillez de siempre. Al otro lado del sofá, impecablemente vestidos y emanando una superioridad helada, estaban Elena Fonseca y el señor Tomás Fonseca. Mateo estaba de pie en el centro, actuando como anfitrión, completamente ciego al abismo que separaba a ambas familias.

​Nadie me había avisado. Me agarró totalmente fuera de base.

​—¡Llegó Valeria! —anunció Mateo con entusiasmo, acercándose a darme un beso en la mejilla que apenas pude corresponder.

​El desastre comenzó de inmediato. Elena Fonseca no disimuló ni un segundo su desprecio. Recorrió a mi papá con una mirada de arriba abajo, observando sus manos de hombre trabajador como si estuvieran manchadas.

​En un intento amable por romper el hielo y aflojar la rigidez del momento, la tía Irina le sonrió con calidez a la suegra.

​—Doña Elena, qué gusto conocerla por fin, Mateo nos ha hablado mucho de ustedes, qué bonito que hayan podido venir a compartir en familia, sobre todo ahora que los muchachos están dando este paso de vivir juntos.

​Elena ni siquiera se molestó en devolverle la sonrisa. Sostuvo su copa de vino con elegancia ensayada y la midió de cabeza a pies antes de soltar una patada seca y despectiva.

​—A mí no me llame "Doña", por favor. Prefiero Elena —respondió con una voz de hielo que congeló la sala—. Y bueno, sobre "compartir"... sinceramente espero que esto sea solo una etapa temporal. En nuestro círculo, las decisiones de convivencia sin un compromiso formal o un apellido que respaldar no son más que caprichos de juventud.

​La tía Irina se quedó con la palabra en la boca, borrando su sonrisa de golpe. Mi papá apretó la mandíbula con dureza, manteniendo la compostura solo por respeto a mi presencia.

​Pero las estocadas venenosas de Elena no se detuvieron ahí. Durante la cena, giró el rostro hacia mí con una falsa curiosidad, o más bien diría con burla.

​—Me enteré de que tienes un pequeño pasatiempo... un taller de bisutería o algo así aquí en el apartamento, ¿no, Valeria? —soltó, acentuando la palabra con desdén—. Supongo que para entretenerte mientras Mateo maneja la empresa familiar está bien, aunque claro, las verdaderas casas de alta joyería requieren linaje y verdadero estatus, no simples emprendimientos caseros.

​Sentí que la sangre me hervía en las venas. Aprete los puños debajo de la mesa para no estallar allí mismo, pero Elena no había terminado. Miró fijamente el espacio del penthouse y remató en dirección a Mateo:

​—Aunque lo que verdaderamente me preocupa, hijo, es el futuro de la estirpe Fonseca. Ya llevan cuatro años juntos y el tiempo corre. Me imagino que Valeria estará consciente de que una mujer en una familia como la nuestra tiene deberes principales... a menos, claro, que tus ocupaciones contables y tu "taller" te tengan demasiado distraída para darle a Mateo los herederos que esta familia exige.

​El golpe al tema de los hijos me atravesó el pecho como una daga helada, tocando directamente mi herida más profunda e invisible.

La culpa de mi secreto sobre la infertilidad y la discriminación frontal chocaron al mismo tiempo. Mateo, queriendo suavizar las cosas de forma torpe, solo atinó a decir: «Mamá, por favor, no es el momento», sin frenar el ataque clasista y cruel de su madre.

​Apenas despedimos a las visitas y que la puerta del penthouse se cerrara, la máscara se me cayó de golpe. La discusión estalló enseguida.

​—¡¿Se puede saber qué demonios fue lo que acabas de hacer, Mateo?! —grité, sintiendo que la voz se me quebraba por la rabia acumulada.

​—¿De qué hablas, Vale? Quise hacer una cena de integración, presentar a nuestros padres...

​—¡¿Una cena de integración?! —lo encaré en mitad de la sala, temblando de indignación—. ¡Me agarraste totalmente fuera de base! ¡Llegué cansada, sin saber nada, a encontrarme con que trajiste a tu madre a mi casa a pisotear a mi familia! ¡A responderle con una patada a la tía Irina, a menospreciar Joyas VAN como si fuera una porquería y a meterse con el tema de los hijos delante de todos!

​—¡Mi mamá solo tiene un carácter difícil y es directa, Valeria, no la juzgues así! —respondió Mateo, elevando la voz y frunciendo el ceño con molestia—. ¡Ella es de otra época, solo está preocupada por nuestro futuro!

​—¡Ella es una clasista, una maleducada y una descarada! —le grité con lágrimas de impotencia en los ojos—. ¡Y tú te quedaste callado como un cobarde mientras humillaba a mi papá, a mi tía y se burlaba de mi trabajo! ¡Tú los expusiste a esta humillación porque no tuviste los pantalones de consultarme antes de organizar esta mierda de cena!

​—¡Lo hice con la mejor intención para que las familias se acercaran! —reclamó Mateo con la mandíbula apretada y la mirada encendida—. ¡A veces eres insoportable, Valeria! Parece que nada de lo que hago es suficiente. ¡Estoy intentando hacer las cosas bien y tú solo buscas pelear!

​—¡El problema eres tú y tu maldita costumbre de decidir por los dos sin preguntarme! —le encaré dándole un empujón en el pecho—. ¡Este se supone que es nuestro hogar, no tu feudo donde puedes traer a tu madre a discriminar a mi familia y pisotear mi dignidad! ¡Si querías impresionarla, haberla llevado a un restaurante, pero a mi gente y a mí nos respetas!

​La discusión alcanzó un nivel de violencia verbal jamás visto en cuatro años. El dolor de la discriminación de Elena, la prepotencia de Mateo por tomar decisiones a mis espaldas y el abismo entre nuestras vidas chocaron de frente, dejando un silencio glacial en el penthouse y el primer quiebre definitivo e irreparable en nuestra relación.

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Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
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Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
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Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
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Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
total 1 replies
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
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Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
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