Nicolás Falcón fue humillado por Alessia Duval y su familia.
Años después, él regresa convertido en un millonario implacable… justo cuando Alessia lo pierde todo.
Su madre al morir le confiesa algo que ella se cuestióna si es verdad o mentira.
Él la acorrala solo para que se case con el, no por amor, sino para vengarse y hacerla pagar cada una de las humillaciones y el acto más cobarde que una mujer puede hacer.
Entre el odio, la convivencia, el dolor y los secretos, ambos empiezan a sentir algo que creían extinto.
Lo que él no esperaba…
era que verla rota despertara sentimientos que pensaba muertos.
Lo que ella no imaginaba.
era descubrir que detrás del hombre frío y cruel que ahora la domina, aún vive aquella persona buena al que ella hirió.
Entre venganza, culpa, deseo, odio y un gran
secreto capaz de destruirlos, terminan atrapados en un matrimonio donde el amor se convierte en la venganza más peligrosa.
Novela no apta para todo público.Contiene +18 y Maltrato emocional.
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Seguír con la venganza.
NARRADO POR NICOLÁS......
Estoy en mi empresa, sentado detrás del enorme escritorio, casi no dormí por lo que ocurrió anoche esperando a la persona que va entrando.
—Señor Falcón.
El padre de Alessia cruza la puerta con la mirada apagada.
—¿Qué lo trae por aquí, señor Duval?
—Quería agradecerle lo de anoche. Ese desgraciado planeaba engañar a mi hija… se burló de ella, nos engaño.
—Según escuché, ella lo engañó primero.
Entro más a fondo en la conversación, observando cada gesto.
—No fue así —responde rápido—. Un trabajador se enamoró de mi hija y Néstor pensó que tenían algo. Solo fue un malentendido.
Aprieto los puños ante la mentira descarada. Él aceptó aquella relación… y ahora tiene el descaro de mentirme en la cara.
—Puede retirarse —digo levantándome.
Pero no se mueve.
—Uno de sus guardias me habló de un trabajo.
—¿Y qué ocurre?
—Lo necesito —susurra, desesperado.
Sonrío. Saco un puro, lo enciendo y abro la ventana. La brisa fría del último piso me golpea el rostro mientras él espera mi respuesta como un niño que espera una aprobación.
Exhalo el humo, lento, y vuelvo a mirarlo.
—Dígale a su familiar que venga a preguntar.
—Es para mí —admite, bajando la mirada.
La sonrisa se me amplía.
—No hay un puesto como tal para usted.
—De lo que sea —susurra.
Lo siento como un postre antes del plato fuerte. Una escena que llevo años esperando.
—Solo hay de limpieza.
Él asiente sin siquiera acercarse.
—Está bien… puedo empezar por ahí. Yo prometo servirle…
No lo dejo terminar. Presiono el botón.
—Lleven al señor con el contratista —ordeno, dejándole claro que nunca tratará directamente conmigo.
Sale agradeciéndome como si le hubiera hecho un favor.
La puerta se cierra y mi celular suena mientras observo la ciudad a través del cristal.
—Señor Falcón, la señorita Alessia fue contratada en el hospital del centro. Trabaja haciendo limpieza.
—Muy bien —respondo. Cuelgo, apago el puro y salgo de la empresa.
Apenas cruzo las puertas, la veo a lo lejos es ella: inconfundible, con su cabello rojizo. Corre hacia su padre, quien camina hacia ella para dirigirse al estacionamiento de empleados.
Una de mis camionetas negras blindadas se detiene frente a mí. Decido conducir yo mismo; necesito despejar mi mente. Tomo otro rumbo.
Llego a un club. Como siempre, apenas entro, varias mujeres intentan acercarse, pero mis guardaespaldas no lo permiten.
En la habitación VIP me sirven una botella de whisky. Un vaso, dos, tres… y aun así me sabe a agua. No logra apagar el fuego que corre por mis venas.
Yo creí que la encontraría con una familia hecha, realizada pero cuando cierta persona me dijo que no era así celebre. Hubiera sido más fácil. Pero verla así… solo empeora todo. Como hombre, se le hirió el orgullo a Néstor. Pero si por los Duval hubiera sido… Alessia tendría la familia y el estatus que tanto soñó.
Ella dejo e hizo todo por quien solo la a engañado.
—Señor, ¿se contratará al señor Duval? —pregunta uno de mis guardias entrando con el teléfono listo para dar la orden.
—Sí. Pero avísenle dentro de tres días. Y cuando ponga un pie en mi empresa… háganle la vida miserable por un mes. Quiero que terminen acusándolo y enviándolo a la cárcel.
Sigo tomando. Sigo sin apagar esto que siento.
—¿De qué se le acusará? —pregunta mi seguridad.
Lo miro con coraje, con todo lo que llevo conteniendo desde años atrás.
—No me importa. Solo quiero que su hija venga a suplicarme.
El guardia asiente y sale casi corriendo.
No me tocaré el corazón con ellos. No después de descubrir que mandaron a deshacerse de todo lo mío. Fui un obstáculo para la felicidad de su querida hija.
Si ellos no tuvieron piedad en su momento… yo tampoco la tendré ahora.