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Amarte Es Mi Perdición

Amarte Es Mi Perdición

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Amante arrepentido / Venganza / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A solo tres semanas de pronunciar el «sí, quiero» ante el altar, la vida de Valery Lezcano vuela en pedazos. Su prometido, Adrián, se ha esfumado la noche anterior, escapando con quien solía ser su mejor amiga. Expuesta al escarnio público y con el orgullo roto frente a cientos de invitados, Valery se prepara para el peor colapso de su vida. Pero el desastre toma un giro inesperado cuando Marcos Sánchez da un paso al frente.
Marcos, el implacable, gélido y peligrosamente atractivo hermano mayor de Adrián, no está dispuesto a permitir que el apellido familiar se hunda en el fango. Con una mirada calculadora y una propuesta audaz, le ofrece un trato salvaje: casarse con él en ese mismo instante, unir sus fuerzas y orquestar una fría e implacable venganza contra los traidores.
El plan roza la perfección absoluta. Adrián se verá obligado a ver a su ex prometida del brazo del único hombre al que siempre ha temido y envidiado.

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Capitulo 8

El aire fresco de la noche en la terraza exterior del club privado apenas lograba enfriar la agitación que Valery llevaba por dentro. Había salido buscando un segundo de paz, huyendo del sofocante escrutinio de los salones dorados. Apoyó las manos en la barandilla de mármol, contemplando las luces de la ciudad que se extendían como un manto de diamantes de imitación. El vestido de seda roja se mecía suavemente con la brisa, acariciando sus piernas con una delicadeza que le recordaba, de forma inevitable, el firme agarre de Marcos en su cintura hace solo unos minutos.

Un sonido metálico y brusco rompió el silencio de la noche.

—¿Te divierte esto, Valery? —La voz de Adrián, cargada de alcohol y un resentimiento salvaje, llegó desde las sombras de la entrada de la terraza.

Valery se giró lentamente, tensando los hombros. Adrián avanzó hacia ella, arrastrando los pasos pero con una intensidad peligrosa en la mirada. Su corbata ya no existía y el cuello de su camisa estaba completamente desabrochado.

—No tengo nada que hablar contigo, Adrián. Vuelve adentro con tu amante —respondió ella con un tono gélido, intentando rodearlo para regresar al salón.

Pero él fue más rápido. Con un movimiento brusco, Adrián le cerró el paso, obligándola a retroceder hasta que su espalda chocó contra la barandilla fría de la terraza. Apoyó ambas manos a los lados de su cuerpo, acorralándola por completo en su espacio personal. La mezcla de whisky y desesperación en su aliento era asfixiante.

—No te vas a ir a ningún lado —siseó él, su rostro a escasos centímetros del de ella—. Mírame. Dime que no te estás acostando con mi hermano solo para joderme la cabeza. Marcos es un témpano, un tipo que solo piensa en números y contratos. ¡Tú ibas a ser mi esposa! ¡Me pertenecías a mí!

—Yo no le pertenezco a nadie, Adrián —replicó Valery, clavándole una mirada llena de desprecio—. Y si Marcos es un témpano, te aseguro que sabe perfectamente cómo encender un fuego que tú nunca fuiste capaz de encender. Déjame pasar. Ahora.

La mandíbula de Adrián se tensó tanto que pareció que iba a romperse. Lleno de una rabia ciega, estiró la mano para tomarla del brazo, pero antes de que sus dedos rozaran la delicada piel de Valery, una mano grande, de venas marcadas y fuerza implacable, lo sujetó de la muñeca con una violencia silenciosa.

—Vuelve a ponerle una mano encima a mi mujer, Adrián, y te aseguro que la junta directiva de mañana será el menor de tus problemas —la voz de Marcos cortó el viento nocturno con la frialdad de una cuchilla.

Marcos apareció de la penumbra como una pantera defendiendo su territorio. Con un movimiento limpio y sin esfuerzo, retorció la muñeca de su hermano menor lo suficiente para obligarlo a retroceder y soltar a Valery, interponiendo su imponente figura entre ambos.

—Marcos... —masculló Adrián, frotándose la muñeca y mirándolo con una mezcla de odio y temor infantil—. Siempre te quedas con lo que es mío.

—Tú lo tiraste a la basura —respondió Marcos, sus ojos oscuros brillando con un peligro latente—. Lárgate de aquí antes de que te haga sacar por el personal de seguridad ante todos tus socios.

Adrián, dándose cuenta de que estaba en total desventaja física y moral, soltó una maldición entre dientes, dio media vuelta y desapareció de vuelta al interior del club.

Valery soltó un suspiro tembloroso, sintiendo que las piernas le flaqueaban. Pero no tuvo tiempo de recuperarse. En cuanto Adrián cruzó las puertas, Marcos se giró hacia ella. Su respiración era pesada, y la calma calculadora que siempre lo caracterizaba parecía haberse evaporado por completo bajo el influjo de la testosterona y los celos.

Sin decir una palabra, Marcos la tomó de la mano y la arrastró con firmeza hacia el rincón más oscuro y apartado de la terraza, oculto tras unas inmensas plantas tropicales y columnas de piedra.

—¿Marcos, qué haces...? —alcanzó a preguntar ella, pero sus palabras murieron cuando él la empujó suavemente contra la columna de piedra y acorraló su cuerpo con el suyo.

El impacto de sus anatomías fue una colisión de calor puro. Marcos apoyó una mano en la piedra, justo al lado de la cabeza de Valery, mientras que con la otra le tomó el mentón, obligándola a mirarlo. La distancia entre ellos desapareció en un suspiro.

—Tengo que espantarlo de verdad, Valery —susurró él, su aliento caliente rozando sus labios—. Y necesito que el mundo entero sepa de quién eres.

Antes de que ella pudiera procesar la advertencia, Marcos inclinó la cabeza y la besó con una pasión salvaje que la dejó completamente indefensa.

No fue un beso de sociedad, ni una farsa ensayada para las cámaras del altar. Fue un reclamo hambriento, posesivo y desprovisto de cualquier freno. La boca de Marcos se movió sobre la de ella con una urgencia abrasadora, devorando sus quejas y transformándolas en jadeos. Su lengua delineó sus labios con una sensualidad líquida que hizo que Valery se derritiera contra su pecho firme, aferrándose con desesperación a las solapas de su saco negro para no caer.

Marcos deslizó la mano que tenía en su mentón hacia abajo, acariciando la línea de su cuello y perdiéndose en la piel expuesta de su espalda descubierta. Sus dedos cálidos enviaron descargas eléctricas directas a su bajo vientre, provocando que un calor líquido y abrumador se apoderara de todo su ser. Valery correspondió al beso con la misma intensidad, enredando sus dedos en el cabello oscuro de la nuca de Marcos, gimiendo entre sus labios mientras la fricción de sus cuerpos encendía una hoguera incontrolable.

Cuando finalmente se separaron por falta de aire, ambos estaban temblando, con las respiraciones acopladas en un ritmo errático y los labios húmedos e hinchados. Marcos apoyó su frente contra la de ella, sus ojos oscuros brillando con un deseo tan crudo que asustaba.

—Necesito más de ti, Valery... mucho más de lo que este contrato permite —murmuró él con la voz rota de deseo, rozando la comisura de sus labios en una última y dolorosa caricia antes de darle un segundo para recomponerse.

Valery solo pudo asentir, sintiendo que su propio cuerpo clamaba por el contacto de Marcos con una urgencia que ya no tenía nada que ver con la venganza.

Antes de que pudieran asimilar lo que acababa de pasar, un taconeo fuerte y rítmico anunció una nueva interrupción.

Sienna Ruiz salió a la terraza, cruzando los brazos sobre su vestido verde esmeralda. Al verlos salir de la penumbra del rincón oscuro, sus ojos se llenaron de una envidia ponzoñosa. Miró los labios encendidos de Valery y la postura protectora de Marcos, y soltó una risa forzada y llena de veneno.

—Vaya, Valery. Veo que te has vuelto muy rápida para cambiar de cama —dijo Sienna, acercándose con paso altivo—. Pero no te equivoques. Marcos solo te está usando para limpiar el nombre de su familia. Tú nunca serás la mujer que Adrián realmente amó.

Sienna levantó su mano izquierda de manera deliberada, mostrando un vistoso y ostentoso anillo de compromiso de platino con un gran diamante brillante.

—Mira esto. Adrián me lo dio anoche, antes de subir al avión —presumió con una sonrisa triunfante y cruel—. Esto es verdadero amor. Un anillo que él eligió para mí, no una farsa organizada para tapar un escándalo. Siempre serás la que se quedó con las ganas de su boda ideal.

Valery sintió que una oleada de frialdad intentaba apoderarse de ella, pero al mirar a Marcos de reojo, vio la seguridad y el fuego latente en sus ojos. Recordó el peso de la mano de su esposo en su cintura, la entrega del beso que acababan de compartir y la absoluta insignificancia de la traición de Adrián al lado de la tormenta que ahora vivía con Marcos.

Con una sonrisa perezosa, sensual y cargada de un orgullo aplastante, Valery dio un paso al frente. Levantó su mano derecha y, con una lentitud exasperante, deslizó el guante de encaje, revelando su dedo anular.

Allí, brillando bajo la luz de la luna, descansaba una imponente alianza de oro puro, gruesa, elegante y de un diseño exclusivo que gritaba eternidad. No era un diamante llamativo diseñado para presumir; era una promesa de oro macizo que representaba el peso, el poder y la inquebrantable lealtad de Marcos Sánchez.

—Qué tierno, Sienna —dijo Valery, su voz arrastrándose con una sofisticación implacable mientras acariciaba el metal dorado con su otra mano—. Te quedaste con el diamante que Adrián compró a crédito para intentar convencerse de que valías la pena. Yo, en cambio, me quedé con el oro puro de un hombre de verdad. Marcos no necesita comprar mi amor con piedras brillantes; me dio su apellido, su lealtad y su fuego. Quédate con las migajas, querida. Yo me quedo con el rey de la casa.

Sienna se quedó sin habla, su rostro transformándose de la altivez a una humillación absoluta al ver el anillo de oro y la seguridad arrolladora de su ex mejor amiga.

Marcos, que observaba la escena detrás de Valery, no pudo evitar que una sonrisa de profundo orgullo y salvaje atracción se dibujara en sus labios. Se acercó a Valery, rodeó su cintura con su brazo por encima del vestido rojo y depositó un tierno pero posesivo beso en su sien, sellando la victoria de la noche.

—Vámonos a casa, mi vida —susurró Marcos, su tono cargado de una sensual promesa que hizo temblar a Valery una vez más—. Ya hemos perdido demasiado tiempo con la servidumbre.

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Susana
Me encantó la historia escritora!!! Excelente....😍😍😍😍
Susana
Que hermoso como la defendió 💖💖💖
Susana
Si viva el amor ♥️♥️♥️
Susana
WOW que hermoso capitulo 💖💖💖💖
Susana
Hermoso comienzo 💖💖💖
Nereida Hernández montes
🤣🤣😂😂 Muy bien dicho 👌 y hecho para cada parásito se tiene palabras ade cuadras 😭👿😈
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Lourdes Iglesias calderon: y ahora cuando salen los otros capítulos
total 1 replies
Ese Marcos la tendrá en sus brazos
no fue un beso para nada fingido
otra nueva historia, escritora tu no esperas
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