Me casé enamorada con mi primer novio cuando tenía justo 18 años, lo amaba sin límites, era mi todo, pero tres años de casada no había podido quedar embarazada, eso me estaba causando nostalgia, aparte me sentía presionada por los padres de Vincent, y hasta de mi familia, que no tenía muy buena relación con ellos porque odiaba que siempre estuvieran de parte de mi hermanastra siendo que ella era adoptiva y yo su hija biológica. Lo peor vino cuando encontré a mi esposo revolcandose con ella. Mi familia no me apoyó,
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Una noche sin reglas
Xavier estuvo observándola por breves instantes, pero al ver que otro hombre se le iba acercando salió de su trance.
— Mmm si sigues pensándolo, te la van a ganar y parece que esa chica te llamó la atención.
Mirala, es una maldita Diosa, natural y hermosa.
Se levantó decidido.
Zoé ya había decidido dejar de tomar ya se sentía mareada. Pero al ver al adonais que se acercaba se quedó sin saliva sintió seca la garganta, se tomó de un trago lo que quedaba en su vaso.
Xavier le sonrió, antes de llegar a su mesa.
Para Zoé las relaciones con hombres no se le daban fáciles, pues se casó demasiado joven, y al único hombre que había tratado fue a Vincent, y no sabía cómo actuar ante eso.
— Hola señorita, me encantaría invitarla a tomar algo.
Se sonrojó al escuchar la voz grave del hombre. En lo que a él le pareció tierno al notarlo.
— No soy nada buena para tomar licor he tomado poco y ya me siento mareada.
— Déjame pedirte algo suave que te va a encantar. - le sugirió.
Zoé pronto se sintió más relajada. Pero el mareo se intensificó.
Xavier lo notó.
— ¿Te sientes bien?
— Creo que saldré a tomar un poco de aire.
— Te acompaño.
El hombre no le dió tiempo a negarse, se levantó ofreciendo su mano.
Zoé le sonrió, era todo un caballero, pero no pudo evitar un suspiro.
Salieron al estacionamiento, el ruido de Manhattan los autos, el sonido de los claxon’s se mezclaban con la música del club.
— ¿Mejor?
Se miraron cómplices echándose a reír.
Pero al darse una la vuelta para ver algo que llamó su atención, se tropezó, Zoé cerró los ojos imaginando el golpe en su tracero. Pero antes si quiera de rozar el suelo se sintió elevada, abrió los ojos para ver que Xavier la atrapó en sus brazos.
La cercanía entre ambos impulsó al hombre a tomar sus labios con los propios. Su lengua se hundió en su boca y ella no dejó de lado esa misma necesidad dándole lo que a Xavier le cegó las ideas.
Las grandes manos se adueñaron de su rostro le miró a los ojos, haciendo que a Zoé se le acelerara las revoluciones por minuto de su corazón.
Vamos a mi departamento. - dijo sin dejar su boca.
Le arrastró hacia su auto Zoé no podía creer que no pudiera negarse. Al fin pensó un segundo no lo volvería a ver, y tenía tanto tiempo sin ser atendida que sin pensarlo se dejó llevar.
Quince minutos después estaban entrando a un ático de lujo. Dónde no disminuyó el contacto físico ni visual.
Las grandes manos volvieron adueñarse de sus piernas haciendo que su centro se contrajera, su piel se erizó y Xavier encajó los dientes en su cuello bajando a sus senos, donde deseó poder arrancar su vestido y comerle ese par de protuberancias que resaltaron.
Pero se quedó helada al verlo dejar caer sus rodillas al suelo y abrir sus piernas.
La obligó a sentarse en la cama.
— No por favor. - se avergonzó cuando se dió cuenta lo que pretendía hacer.
Pero este subió la vista a ella.
— Solo disfrútalo sin complejos preciosa.
Ella suspiró.
Pero Xavier se deleitó besando la parte interna de sus muslos, mordiendo con suavidad, enviando esos latigazos que se expandieron por todo su abdomen y la hicieron desistir del pedido.
Zoé quiso cerrarlas, pero Xavier hizo a un lado la tela que dejó a la vista la piel brillosa que está no podía ocultar más.
No te cohíbas, dulzura. Porque yo no lo haré al comerte el €ño. - ella no tuvo tiempo de protestar cuando la lengua del hombre aterrizó en sus pliegues.
Su voz tembló. Sus ojos se querían cerrar, pero verlo emerger de entre sus piernas. Su excitación creció más.
La bragueta le estaba maltratando el miembro, froto su grosor para dejar que ella disfrutara sentirlo.
Su vestido salió volando sin ningún esmero. Sintiendo los labios del hombre recorriendo su abdomen desnudo con gran dedicación, para enseguida ver cómo se deshacía del pantalón que cayó a un lado junto al saco y camisa del hombre que le separó los muslos con brusquedad y desesperación.
Ese hombre hacía maravillas con la lengua y en lugar de detenerlo se abrió más de piernas. La enorme mano apretó uno de sus senos y con la otra se aferró al espaldar de la cama.
El torso descubierto del desconocido fue lo primero que vio al abrir los ojos.
— necesito que te aferres a algo, preciosa. - la abrió de piernas una vez más. - vas a necesitarlo, mientras untó su miembro con los jugos que emanó de su entrepierna, deslizándose hasta ubicarse en su entrada.
Zoé tragó en seco cuando sintió el tamaño que se abrió paso en su canal. La voz le faltó y su boca se abrió permitiendo la entrada de su lengua en su cabidad, a la vez que este empujó cada vez más.
— ¡Dulzura! - apretó su cintura dando una estocada más fuerte. - Me encanta como me aprietas la poll@, me encantas tú dónde estabas dulzura.
Ella dejó de respirar al sentirse demasiado llena de ese sitio, pero tampoco nunca había experimentado tanto placer, mientras la presionaba más a él y ella deseó que no terminara.
Sintió que la rompería el tamaño era demasiado para ella. Sintiendo que se sumergió más dejando ir las últimas pulgadas. Era tanto el placer que no pudo evitar correrse una y otra vez sabiendo que otro día no tendría cara para mirarlo a los ojos.
El siguió dentro de ella moviéndose con aceleraciones pausadas hasta que lo sintió llegar, pero no salió ni de su boca. Volviendo otra ronda con más intensidad.
Zoé despertó pero desconocer el lugar, le llegaron imágenes de la acelerada noche. Sin hacer mucho ruido se levantó como pudo le dolía la entrepierna, se vistió recogiendo sus pertenencias el pelo lo dejó suelto no encontró el sujetador. Pero quería salir enseguida, no quería verlo a la cara, antes de salir lo miró por última vez. Era un hombre hermoso.
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