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LA JAULA DE ESMERALDA

LA JAULA DE ESMERALDA

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: NATALIA ORTEGA

El huracán le quitó su casa, pero él le quitó su libertad. Esmeralda vive encerrada en una jaula de oro, prisionera del hombre que dice amarla. Entre mentiras, tormentas y secretos, deberá elegir: morir en silencio o destruir todo para ser libre. ¿El amor puede doler tanto como una prisión?


.Confirmo que soy la autora, la autora de esta obra y poseo todos los derechos de autor,

.Estoy de acuerdo con los terminos de MangaToon.

NovelToon tiene autorización de NATALIA ORTEGA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

23. OPERACION RESCATE

ESMERALDA

El helicóptero corta la noche como un cuchillo.

Abajo, la carretera a Tijuana es una serpiente de luces. Y en algún punto de esa serpiente está el Motel Paraíso. Qué nombre tan irónico para un infierno.

Emiliano va frente a mí, hablando con su jefe de seguridad por el auricular. Chaleco antibalas, pistola en el muslo, ojos de asesino. Pero cuando me mira, solo veo una cosa: miedo.

Miedo a que no lleguemos a tiempo.

"No entres tú", me había dicho hace 5 minutos en la azotea de De la Rosa Corp. "Quédate en el helicóptero. Mis hombres sacan a Lucía."

Lo miré como si estuviera loco. "¿Después de 4 meses sin mi mamá crees que voy a esperarte sentada?"

No contestó. Solo me puso un chaleco antibalas pequeño. De mujer. Como si siempre hubiera tenido uno guardado para mí.

"Ahí", gruñe el piloto. "Motel Paraíso. Habitación 18. Segunda planta."

El helicóptero desciende en un lote baldío detrás del motel. El ruido es infernal. Las aspas levantan una nube de tierra y basura.

Los 10 hombres de Emiliano ya están en posición. Negros de pies a cabeza. Armados hasta los dientes.

Emiliano me toma del brazo antes de bajar. "Pase lo que pase, no te sueltes de mí. ¿Entendido, Esmeralda?"

Asiento. El corazón me va a explotar.

Entramos.

EMILIANO

El olor a humedad, sexo y desesperación me golpea en cuanto pateamos la puerta del motel.

Habitación 18.

Un tipo gordo con una escopeta recortada nos recibe. No dura ni dos segundos. Uno de mis hombres lo duerme con un golpe en la nuca.

Y ahí está.

Lucía Mendoza.

Amarrada a una silla de metal en medio del cuarto. La boca tapada con cinta. Un ojo morado. Flaca. Tan flaca que Esmeralda podría partirse en dos si la abraza mal.

Pero está viva.

Y cuando ve a Esmeralda, se rompe. Empieza a llorar detrás de la cinta, haciendo ruidos desesperados.

"¡Mamá!", Esmeralda se me suelta del brazo. Corre.

"¡Esmeralda, no!" gritó, pero es tarde.

De la esquina del baño sale otro tipo. Más joven. Con una navaja. Va directo a mi esposa.

El tiempo se congela.

Yo disparo. Él cae.

La navaja le roza el brazo a Esmeralda antes de caer. Un hilo de sangre mancha su blusa blanca.

Todo pasa en 3 segundos. Pero a mí se me paran 3 vidas.

ESMERALDA

El ardor en el brazo no es nada comparado con ver a mi mamá.

Corro y le arranco la cinta de la boca con manos temblorosas.

"Mija... mija... perdóname", solloza. Su voz es un susurro roto. Igual que en el video. Pero real. Aquí.

La desamarro. Está helada. Huele a miedo y a cigarro barato.

"Te encontré, ma", lloro contra su pelo enredado. "Te encontré."

Emiliano aparece a mi lado. Examina mi brazo. Su cara es piedra, pero sus dedos tiemblan cuando presiona un pañuelo contra el corte.

"¿Señor?", uno de sus hombres entra. "El lugar está limpio. Pero encontramos esto."

Le entrega un teléfono burner. En la pantalla hay un mensaje sin enviar.

Para: Desconocido

Si me matan, que mi hija sepa que la amé todos los días. Que nunca la olvide. Que don Ricardo...

El mensaje se corta.

Lucía ve el teléfono y se derrumba otra vez. "Iba... iba a mandar eso si no salía viva. Para que algún día..."

Emiliano le quita el teléfono al guardia. Marca un número.

"¿Papá?", su voz es veneno puro. "La tengo. Y acaba de decirme toda la verdad. De cómo la amenazaste. De cómo la quisiste vender al casino. De cómo me criaste entre mentiras."

Hace una pausa. Lo escuchamos respirar al otro lado.

"Se acabó, viejo. Voy por ti. Y esta vez, no va a haber 10 millones que te salven."

Cuelga. Y me mira. Nos mira a las dos.

"Nos vamos a casa", dice.

Pero las tres sabemos que la guerra apenas empezó.

Porque don Ricardo de la Rosa no cae sin llevarse a alguien al infierno con él.

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