Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante
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23
La luz dorada seguía expandiéndose desde la habitación.
El aire entero parecía haberse detenido.
Los árboles que rodeaban la Torre comenzaron a estremecerse.
Sus ramas se inclinaron lentamente hacia el edificio, como si obedecieran un llamado que había permanecido dormido durante siglos.
Dentro de la habitación, Laira seguía con los ojos cerrados.
No comprendía qué estaba ocurriendo.
Solo sentía una enorme tristeza.
No quería que nadie muriera.
No quería que aquella guerra existiera.
Asterion apareció frente a ella en un destello de luz.
Atravesó el sello protector como si este reconociera a su creador.
Al verla envuelta por aquella energía, comprendió que ya no podía ocultarse.
Se acercó rápidamente.
—¡Laira!
Ella abrió lentamente los ojos.
Las pupilas brillaban con un tenue resplandor dorado.
—Asterion...
No sé qué está pasando...
Él tomó ambos hombros con firmeza.
—Detente.
Respira.
Escúchame.
La joven intentó hacerlo.
Pero la magia seguía fluyendo sin control.
El suelo comenzó a vibrar.
Y entonces...
Todo el bosque despertó.
Desde las murallas, los magos observaron una escena imposible.
Las raíces atravesaban la tierra.
Los árboles crecían a una velocidad sobrenatural.
Sus ramas comenzaron a entrelazarse unas con otras.
En cuestión de segundos...
Una inmensa muralla viva rodeó toda la Torre.
Los troncos formaron una barrera gigantesca.
Las copas ocultaron el cielo.
Las raíces sellaron cada acceso.
Los monstruos chocaban contra aquella defensa natural sin conseguir atravesarla.
Un anciano maestro dejó escapar un suspiro de asombro.
—Los Bosques Guardianes...
Pensé que eran solo una leyenda.
Pero las criaturas no se retiraron.
Golpeaban una y otra vez la barrera.
Arañaban los troncos.
Rugían con una furia desesperada.
Querían entrar.
Sin importar el costo.
Uno de los monstruos más grandes consiguió romper parte de las raíces.
Otros comenzaron a seguirlo.
La barrera resistía...
Pero no lo haría para siempre.
Los altos magos se reunieron rápidamente junto a Asterion.
Uno de ellos inclinó la cabeza.
—Maestro.
Nosotros defenderemos la Torre.
Usted debe sacar a la muchacha de aquí.
Otro asintió.
—Si la heredera permanece dentro...
Seguirán atacando sin descanso.
Un tercero habló con solemnidad.
—La prioridad ya no es este lugar.
Es ella.
Asterion guardó silencio.
Sabía que tenían razón.
Entonces, entre los aprendices, comenzaron a escucharse murmullos.
—¿Se dieron cuenta?
—El maestro no ha dejado de mirar a la chica desde que llegó.
—Yo creo que está enamorado.
Varias risas nerviosas escaparon entre ellos.
—¡Imagínate!
¡El Mago sin Corazón enamorado!
Uno de los jóvenes apenas terminó de hablar cuando sintió un escalofrío.
Asterion había girado lentamente la cabeza.
Sus ojos plateados se clavaron sobre el grupo.
No levantó la voz.
No hizo ningún gesto.
Solo los miró.
Fue suficiente.
Todos tragaron saliva al mismo tiempo.
Uno bajó la cabeza.
Otro fingió revisar un pergamino.
El tercero comenzó a caminar en dirección contraria.
—N-no dijimos nada...
El silencio volvió inmediatamente.
Laira, sin comprender del todo lo ocurrido, apenas pudo contener una pequeña sonrisa.
Asterion volvió junto a ella.
Observó el antiguo sello que brillaba en la nuca de la joven.
La marca parecía haberse abierto ligeramente.
Como si algo intentara romper el hechizo que la mantenía dormida.
El Archimago apoyó dos dedos sobre el símbolo.
Antiguas runas comenzaron a girar alrededor de su mano.
Intentó reforzar el sello.
La magia respondió...
Y luego se deshizo como arena entre sus dedos.
Asterion frunció el ceño.
Lo intentó una segunda vez.
El mismo resultado.
La marca rechazaba su poder.
Retrocedió lentamente.
—Es demasiado tarde...
Murmuró.
—¿Qué sucede?
Preguntó Laira.
Él levantó la vista.
Su decisión estaba tomada.
—Vámonos.
La joven lo observó confundida.
—¿A dónde?
Asterion caminó hacia la ventana.
Miró la barrera de árboles.
Miró las criaturas.
Miró la Torre.
Y respondió con una calma inquietante.
—Aquí ya no es seguro.
La única forma de protegerte...
Es descubrir quién eres antes de que ellos lo hagan.
Laira bajó la mirada hacia el colgante que descansaba sobre su pecho.
Sentía miedo.
Mucho miedo.
Pero, por primera vez desde que comenzó todo aquel viaje...
Ya no tenía dudas.
Si quería conocer la verdad sobre su pasado...
Tendría que abandonar, una vez más, el único lugar que acababa de empezar a sentir como un hogar.