Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Límites claros
La luz del amanecer se filtraba por las pesadas cortinas de la suite, tiñendo la habitación de un azul pálido y frío. Clara se mantuvo inmóvil, con la respiración acompasada, observando a través de sus pestañas cómo el mundo de los Salvatierra despertaba. A su lado, el espacio que ocupaba Matías era un monumento al autocontrol. El hombre no se había movido en toda la noche; seguía en el borde del colchón, como si el centro de la cama fuera un campo minado.
Matías se incorporó con un suspiro casi inaudible. Se pasó las manos por el rostro, un gesto cargado de un cansancio que no era físico, sino del alma. Se puso en pie con movimientos felinos, intentando no hacer crujir el suelo de madera, y se dirigió al vestidor. Clara esperó. Escuchó el siseo de la seda y el clic de un cinturón. Cuando Matías salió, ya vestido con una camisa blanca impecable y pantalones oscuros, se detuvo un momento al pie de la cama para observar a Clara. Su mirada no era la de un amante, sino la de un restaurador frente a una obra de arte irremediablemente fracturada.
En cuanto Matías giró el pomo y salió al pasillo, Clara se incorporó, aguzando el oído. Sabía que Julián no tardaría en aparecer. La arrogancia de su verdadero esposo no le permitiría mantenerse al margen por mucho tiempo.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo, Matías?
La voz de Julián, filtrada por la madera de la puerta, llegó cargada de una vibración eléctrica. Clara se deslizó fuera de las sábanas con un esfuerzo doloroso, arrastrando su pierna hacia la puerta para escuchar mejor.
—Baja la voz, Julián. Vas a despertarla —la respuesta de Matías fue firme, teñida de un desprecio que ya no se molestaba en ocultar.
—Te pregunté qué hacías saliendo de esa habitación a esta hora. El plan no incluía que compartieras cama con ella.
—El plan, como tú lo llamas, se topó con la realidad de una mujer aterrada —replicó Matías. Clara podía imaginarlo cuadrando los hombros, desafiando la estatura moral de su hermano—. Estaba confundida, llorando. ¿Cómo pretendías que la dejara sola en una casa que, gracias a tus mentiras, le resulta completamente extraña? No soy un monstruo, aunque comparta tu sangre.
—Eres mi hermano y estás cumpliendo un papel —siseó Julián, y el sonido de sus pasos indicaba que se había acercado peligrosamente al espacio personal de Matías—. Pero no olvides de quién es esa mujer. No olvides quién firmó ese registro civil hace dos días. Ella es mía.
—Si es tuya, ¿por qué estás en el pasillo y no ahí dentro cuidándola? —el contraataque de Matías fue certero—. Ah, es cierto. Porque estás demasiado ocupado asegurándote de que Lucía esté cómoda en la habitación de invitados. No puedes tenerlo todo, Julián. Si me obligaste a ser el "esposo", tendré que actuar como uno para que la mentira se sostenga.
Se hizo un silencio denso en el pasillo, uno de esos silencios que preceden a una explosión. Clara contenía el aliento, con la mano apoyada en el marco de la puerta.
—Ten mucho cuidado, Matías —la voz de Julián bajó a un registro gutural, una amenaza pura—. Conozco esa mirada tuya. Siempre has tenido esa debilidad por las causas perdidas, por las cosas rotas que quieres arreglar. Pero te lo advierto: no te atrevas a pasar los límites. No toques lo que me pertenece. Cumple tu parte, mantén la farsa frente a nuestro padre, y aléjate de ella en cuanto cierres la puerta. Si descubro que estás disfrutando demasiado de este "sacrificio", te juro que lo que uso para chantajearte será lo menor de tus problemas. Destruiré tu carrera y ese estúpido estudio de restauración antes de que puedas decir una palabra.
—Ya me has destruido de formas que ni siquiera comprendes —respondió Matías con una calma desoladora—. Ahora, si me disculpas, tengo que bajar. Hattie está preparando el desayuno y no queremos que el servicio empiece a hacer preguntas sobre por qué el "feliz esposo" está siendo interrogado por su hermano en el pasillo.
Los pasos de Matías se alejaron con paso firme hacia la escalera. Julián permaneció allí un momento más. Clara pudo escuchar su respiración agitada al otro lado de la madera. Por un segundo, temió que él entrara, que descargara su frustración sobre ella, pero finalmente el sonido de sus zapatos de cuero se alejó en dirección opuesta.
Clara regresó a la cama, hundiéndose de nuevo en las sábanas que aún conservaban un rastro del calor de Matías. Su mente trabajaba a toda marcha. Julián estaba marcado por la posesividad, no por el amor. Matías, en cambio, estaba atrapado en una red de culpa y principios éticos que lo hacían vulnerable.
Media hora después, la puerta se abrió de nuevo. Esta vez fue Matías, trayendo una bandeja con frutas, tostadas y el aroma reconfortante del café.
—Buenos días —dijo él, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Espero no haberte despertado.
Clara se estiró con fingida languidez, frotándose los ojos como si acabara de salir de un sueño profundo.
—No... solo escuché algunas voces en el pasillo. ¿Estaba Julián aquí? —preguntó, clavando su mirada en él.
Matías dejó la bandeja sobre las piernas de Clara con un cuidado excesivo. Sus dedos rozaron la sábana, y ella notó que estaban ligeramente fríos.
—Sí, solo coordinábamos algunas cosas de la empresa. Ya sabes cómo es su carácter, siempre intenso —mintió él, evitando el contacto visual mientras se dirigía a la ventana para abrir las cortinas por completo—. Hoy vendrá mi padre a almorzar. Es un hombre... particular. Obsesionado con el legado familiar. Por eso es importante que te sientas cómoda, que no te sobreesfuerces.
Clara tomó un sorbo de café, observando la espalda de Matías. Él era un arquitecto de restauración; se dedicaba a salvar lo que estaba a punto de caerse. Julián le había advertido que no pasara los límites, pero lo que Julián no entendía es que Clara ya estaba moviendo esos límites por sí misma.
—Matías —lo llamó ella suavemente. Él se giró—. Gracias por quedarte anoche. Me hiciste sentir que no estoy tan sola en esta casa.
Él asintió con una rigidez dolorosa, las palabras de Julián sobre "no tocar lo que le pertenece" resonando claramente en el aire entre ellos.
—Es mi deber, Clara —respondió él, usando la palabra "deber" como un escudo—. Solo descansa. Tenemos un largo día por delante.
Clara asintió, pero por dentro, una chispa de triunfo brillaba. Había logrado enemistar a los hermanos en menos de veinticuatro horas. Si Matías empezaba a verla como alguien a quien proteger de la tiranía de Julián, la farsa del matrimonio se convertiría en su arma más poderosa. El arquitecto creía que estaba sosteniendo una mentira para salvarse a sí mismo, pero sin darse cuenta de que Clara era la que estaba diseñando los nuevos planos de su destino.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.