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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11

El viernes por la tarde, Scarlett Moreno miraba su reflejo en el espejo retrovisor del viejo taxi que la llevaba al centro de la ciudad. El sol de la primavera de 2026 se ponía entre los edificios, pintando el cielo de un tono dorado y melocotón. Llevaba unos pantalones vaqueros de tiro alto de color negro que se ajustaban a sus piernas, una chaqueta vaquera desgastada y, debajo, un top de seda blanco con un escote sutil pero sugerente. Se había dejado el cabello suelto, cayendo en ondas naturales, y se había aplicado apenas un toque de brillo en sus labios carnosos.

Esta vez no había vestidos de gala de miles de dólares, ni lencería de encaje negro elegida estratégicamente para una suite de lujo. Damiano la había llamado esa misma mañana para pedirle algo que la había dejado descolocada: *«Quiero una cita contigo. Una de verdad. Tú eliges el lugar, yo pongo el coche. Olvídate de la aplicación por hoy»*.

Cuando el taxi se detuvo en la esquina de la avenida principal, Scarlett divisó el deportivo gris mate de Damiano estacionado frente a una pequeña y concurrida pizzería de barrio llamada *Luigi’s*. El lugar era rústico, con mesas de madera cubiertas por manteles a cuadros rojos y blancos, luces de verbena colgando del techo y un aroma a albahaca fresca, queso fundido y masa horneada que inundaba la calle. Un contraste abismal con los restaurantes de cinco tenedores a los que el magnate automotriz estaba acostumbrado.

Damiano estaba apoyado contra el capó de su coche. Vestía de manera inusualmente informal: unos vaqueros oscuros y una cazadora de cuero negro sobre una camiseta gris que se amoldaba a la perfección a su torso musculoso y ancho. Al ver bajar a Scarlett, sus ojos grises se encendieron con esa intensidad posesiva y juvenil que a ella siempre le robaba el aliento.

—Serrano Motors en una pizzería de barrio. Definitivamente, esto es un acontecimiento histórico —bromeó Scarlett, acercándose a él con paso coqueto y seguro.

Damiano sonrió de lado, un gesto que suavizó por completo la rigidez de sus facciones de hombre de negocios. Sin importarle que estuvieran en plena calle, la tomó de la cintura con una mano firme y caliente, atrayéndola hacia su cuerpo. El impacto de sus caderas la hizo jadear con una sonrisa. Él se inclinó y le plantó un beso corto pero profundamente sensual en los labios, saboreándola con una lentitud que le erizó la piel.

—Te dije que tú elegías el lugar, Scar —murmuró contra sus labios, con su voz ronca y grave—. Y si tengo que comer pizza de tres dólares para pasar una noche normal contigo, me comeré la pizzería entera. Estás preciosa.

—Tú tampoco estás mal para ser un titán corporativo —replicó ella, guiñándole un ojo mientras le tomaba la mano para guiarlo al interior del local.

El restaurante estaba lleno de estudiantes universitarios, parejas jóvenes y familias del barrio. Al principio, Damiano pareció un poco descolocado por el bullicio y la cercanía de las mesas, pero en cuanto se sentaron en un rincón apartado bajo una de las ventanas, su atención se centró exclusivamente en la chica de veintidós años que tenía enfrente.

Pidieron una pizza grande y dos cervezas frías. A lo largo de la cena, la sombra del contrato de *Velvet*, la riqueza de él y los dramas familiares parecieron evaporarse. Scarlett reía de manera abierta y genuina, contándole anécdotas divertidas de sus profesores de la facultad y las ocurrencias de Camila en el departamento. Damiano, por primera vez en años, se descubrió a sí mismo riendo a carcajadas, relajando los hombros y mirándola con una devoción tan transparente que resultaba casi peligrosa.

En mitad de la cena, Scarlett tomó una porción de pizza, pero el queso derretido amenazaba con caer. Con un movimiento rápido y juvenil, se inclinó hacia delante. Damiano, actuando por puro instinto, estiró la mano y, con el pulgar, atrapó una gota de salsa que se había quedado atrapada en la comisura de los labios rojos de Scarlett. No se limpió con una servilleta; lamió su propio dedo sin apartar la mirada gris de los ojos avellana de ella. La descarga de tensión sexual e intimidad cruda en ese pequeño gesto hizo que a Scarlett se le acelerara el pulso.

—Me vas a volver loco, Scarlett Moreno —susurró él, recorriendo con la mirada el escote de su top blanco.

—Ese es el plan, Serrano —respondió ella, con una sonrisa felina.

Lo que ninguno de los dos sospechaba era que, en una mesa cercana, al fondo del local, alguien los observaba con la boca abierta.

Matías Vega había ido a *Luigi’s* con un grupo de amigos de la universidad para recordar viejos tiempos. Llevaba una porción de pizza a medio camino de la boca cuando divisó el perfil inconfundible de su mejor amigo y socio. Al principio pensó que estaba alucinando. ¿Damiano Serrano, el hombre que no pisaba un lugar que no tuviera reserva exclusiva, en una pizzería estudiantil?

Mati aguzó la vista y vio a Scarlett. Observó cómo Damiano la miraba mientras ella hablaba, cómo sus ojos grises seguían cada movimiento de sus labios, la forma en que su mano tatuada acariciaba sutilmente la rodilla de la joven por debajo de la mesa y, sobre todo, la sonrisa genuina, desarmada y brillante que Damiano lucía. No era la sonrisa de un cliente satisfecho; era la sonrisa de un hombre completamente vulnerable, expuesto y desarmado por el amor.

«Joder...», pensó Matías, dejando caer la pizza en el plato. «Está enamorado hasta las trancas».

Mati conocía a Damiano desde que eran unos críos hambrientos de futuro. Lo había visto en su peor época con las adicciones, lo había visto llorar la muerte de su madre y lo había visto convertirse en un bloque de hielo obsesionado con el trabajo y el control. Nunca, ni en sus mejores pronósticos, imaginó ver a su amigo mirando a una mujer con ese nivel de ternura y entrega absoluta. La app que le había recomendado como un escape físico se había convertido en el catalizador del fin de su soltería emocional.

Con una sonrisa divertida pero cargada de una profunda alegría por su amigo, Matías se levantó de su mesa y caminó hacia ellos con paso relajado.

—Vaya, vaya... pero si es el mismísimo fantasma del taller —dijo Mati, deteniéndose junto a la mesa y metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero.

Damiano y Scarlett se sobresaltaron ligeramente, rompiendo la burbuja de intimidad. Damiano frunció el ceño de inmediato, recuperando por un segundo su fachada hosca, aunque sus ojos delataban fastidio por la interrupción.

—Matías. ¿Qué haces aquí? —gruñó Damiano con voz ronca.

—Lo mismo que tú, supongo: disfrutar de la mejor masa de la ciudad —Mati miró a Scarlett y le dedicó una sonrisa encantadora—. Hola, Scarlett. Estás guapísima. Veo que has logrado el milagro de sacar a este cavernícola de su cueva de acero.

—Hola, Mati —respondió Scarlett, sonrojándose un poco pero sosteniendo la mirada con simpatía—. Solo le estaba enseñando cómo vive la gente normal.

—Y te lo agradezco de corazón, de verdad —Mati le dio una palmada en el hombro a Damiano, que lo miraba como si quisiera estrangularlo—. Bueno, chicos, no les robo más tiempo de su... "reunión de negocios". Solo quería saludar. Damiano, mañana tenemos que revisar los presupuestos de la nueva planta, pero viendo lo ocupado que estás... creo que puedo encargarme yo solo. Disfruten de la noche.

Mati le guiñó un ojo a Scarlett y se dio la vuelta, pero antes de alejarse del todo, miró a Damiano de reojo y le hizo un gesto con la cabeza que decía claramente: *«Hablamos luego, hermano. Estás jodido»*.

Cuando Matías se marchó, un silencio cargado de una nueva electricidad se instaló entre ellos. Scarlett miró a Damiano, notando cómo sus mejillas se habían teñido de un ligero rubor bajo la barba de un par de días.

—Tu amigo se ha dado cuenta —dijo ella en voz baja, entrelazando sus dedos con los de él sobre el mantel.

Damiano exhaló un suspiro, pero esta vez fue un suspiro de rendición. Llevó la mano de Scarlett a sus labios y le besó los nudillos con una delicadeza desgarradora.

—Me importa un demonio lo que Matías o el mundo entero piensen, Scar —confesó, fijando sus ojos grises en los avellana de la joven con una seriedad que le hizo dar un vuelco al corazón—. Esta noche no hay contratos, no hay Velvet, no hay pantallas. Solo estamos tú y yo. Y la verdad es que... hace mucho tiempo que no me sentía tan feliz.

Scarlett sintió una oleada de calor y emoción recorrerle el pecho. A pesar de las advertencias de Camila sobre el precio de sus sentimientos, estar allí con Damiano, compartiendo una cita real y viendo al hombre tierno y enamorado detrás del titán, era una recompensa por la que estaba dispuesta a arriesgarlo todo. La atracción juvenil y el amor maduro se habían fusionado en esa mesa de pizzería, listos para arrastrarlos hacia una velocidad de la que ya no querrían frenar.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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