Valentina tenía 17 años cuando conoció a Lautaro, un amor inesperado que llegó para cambiar su vida para siempre. Entre miradas, promesas y momentos inolvidables, descubrió un sentimiento que creyó que duraría toda la vida.
Pero a veces el amor no alcanza.
Los malos entendidos, las personas equivocadas y las decisiones tomadas demasiado pronto los separaron. Mientras Lautaro siguió adelante con su vida, Valentina intentó olvidarlo, aunque una parte de su corazón siempre quedó en aquel pasado.
Con los años, Valentina construyó una familia junto a Franco, un hombre que le dio amor, estabilidad y un hogar. Se convirtió en esposa y madre, aprendiendo que la vida puede regalarte una felicidad diferente a la que imaginaste.
Pero hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar.
Porque algunas personas no desaparecen de tu corazón, aunque pasen los años, aunque cambien las vidas, aunque los caminos se separen.
Y cuando el destino decide volver a cruzarlos...
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Capítulo 6 – El beso que ninguno esperaba
Toda la semana había pasado más rápido de lo normal.
Valentina y Lautaro hablaban desde que abrían los ojos hasta que alguno de los dos se quedaba dormido con el celular en la mano.
Ya no eran solo mensajes.
Se mandaban audios.
Fotos de lo que estaban haciendo.
Memes.
Canciones.
Incluso empezaron a llamarse por las noches.
—¿Todavía no te aburriste de hablar conmigo? —preguntó Valentina una madrugada.
Lautaro sonrió del otro lado del teléfono.
—La verdad... no.
—¿Y si un día te aburrís?
—Te aviso.
—Qué malo.
—Mentira.
Hubo un pequeño silencio.
—Creo que me acostumbré a hablar con vos.
Valentina sintió un calor recorrerle el pecho.
Ella también se había acostumbrado.
Sin darse cuenta, esperaba sus mensajes apenas despertaba.
Y cuando el celular tardaba en sonar, sentía que le faltaba algo.
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El sábado llegó.
Desde temprano, Camila ya estaba en su casa.
—Hoy te quiero ver feliz.
—Estoy feliz.
—No... hoy quiero verte muy feliz.
Valentina sonrió mientras terminaba de maquillarse.
—¿Vos sabés algo que yo no?
Camila se hizo la distraída.
—Puede ser.
—Cami...
—No preguntes.
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Del otro lado de la ciudad, Martín manejaba rumbo a la discoteca.
Bruno iba en el asiento del acompañante y Lautaro atrás, mirando por la ventana.
—¿Estás nervioso? —preguntó Martín.
—No.
—Mentiroso.
—¿Por qué estaría nervioso?
Bruno se dio vuelta.
—Porque vas a volver a ver a Valentina.
Lautaro sonrió sin querer.
—Tengo ganas de verla.
Martín soltó una risa.
—Eso quería escuchar.
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La discoteca estaba más llena que el fin de semana anterior.
La música retumbaba en todo el lugar.
Apenas entraron, Camila encontró a Martín.
Se abrazaron.
Sofía besó a Bruno.
Y Valentina buscó con la mirada a Lautaro.
No hizo falta mucho.
Él ya la estaba mirando.
Vestía una camisa blanca con las mangas dobladas y un jean oscuro.
Cuando sus ojos se encontraron, los dos sonrieron al mismo tiempo.
Lautaro caminó hacia ella.
—Hola.
—Hola.
—Estás...
Se quedó callado unos segundos.
—¿Qué?
—Más linda que la semana pasada.
Valentina sintió que las mejillas se le ponían rojas.
—Gracias.
—No me des las gracias.
—¿Por?
—Porque solo dije la verdad.
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El grupo pasó un buen rato conversando.
Entre risas y bromas, parecía que todos se conocían desde hacía años.
En un momento, Martín propuso ir a bailar.
Todos aceptaron.
La pista estaba llena.
Camila bailaba con Martín.
Sofía y Bruno no dejaban de reír.
Y Valentina terminó otra vez frente a Lautaro.
Él se acercó despacio.
—¿Seguís pensando que bailo mal?
Ella rió.
—Un poquito.
—Entonces enseñame.
—No soy profesora.
—Pero sos la única que puede salvarme.
Volvieron a bailar.
Cada vez estaban más cerca.
Él apoyó una mano con cuidado sobre su cintura.
Ella no se alejó.
Sentía el perfume de Lautaro.
Podía escuchar su respiración a pesar de la música.
Por un instante, el resto del mundo desapareció.
Solo existían ellos dos.
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Más tarde salieron otra vez al patio.
La noche estaba fresca.
Lautaro le ofreció su campera.
—No hace falta.
—Ponétela igual.
—¿Y vos?
—Yo no tengo frío.
Ella sabía que estaba mintiendo.
Pero aceptó.
—Gracias.
Caminaron unos metros en silencio.
Hasta que Lautaro habló.
—¿Sabés qué pensé toda la semana?
—¿Qué?
—Que tenía ganas de volver a verte.
Valentina sonrió.
—Yo también.
Él la miró sorprendido.
—¿En serio?
—¿Te mentiría?
—No.
—Entonces sí... tenía ganas de verte.
Los dos se quedaron mirándose.
Sin hablar.
Sin apuro.
Como si el tiempo hubiera decidido detenerse.
Lautaro levantó lentamente una mano y acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja de Valentina.
Ella sintió un escalofrío.
No por el frío.
Por los nervios.
Él dio un paso más.
—Si hago algo que no te gusta... decime.
Valentina apenas negó con la cabeza.
Lautaro acercó su rostro lentamente.
Le dio tiempo para alejarse.
Pero ella no lo hizo.
Al contrario.
También dio un pequeño paso hacia él.
Y entonces ocurrió.
Sus labios se encontraron por primera vez.
Fue un beso lento.
Tímido.
Sin apuro.
Como si los dos quisieran recordar ese instante para siempre.
Cuando se separaron, ninguno dijo una palabra.
Solo sonrieron.
Valentina bajó la mirada.
—Creo que ya no bailás tan mal.
Lautaro soltó una carcajada.
—Menos mal.
Ella también rió.
Y por primera vez en muchísimo tiempo sintió que el pasado empezaba a perder fuerza.
Pensó en Thiago...
Pero el recuerdo duró apenas un segundo.
Porque el presente estaba justo frente a ella.
Y llevaba por nombre Lautaro Montenegro.
Ninguno de los dos imaginaba que ese beso sería el comienzo de la historia más intensa de sus vidas... pero también de la que más cicatrices les dejaría.