Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
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Capitulo 24
Una noche tranquila, mientras miraban las luces de la calle desde la ventana, Xander tomó la mano de Laura con mucha suavidad, como si temiera romper algo recién formado.
—A veces siento ganas de decir que ya todo está bien —empezó él con voz baja—, de querer correr, de decir que empecemos una vida juntos como si nada hubiera pasado. Pero sé que no es así.
Laura apoyó la cabeza en su hombro despacio, sin apurar nada.
—Las heridas sanan, pero no desaparecen de golpe —dijo ella con calma—. Dejan huella, y esa huella nos recuerda lo que no debemos volver a hacer. No podemos pretender que el pasado no existió, porque fue precisamente lo que nos enseñó a valorar lo que tenemos ahora.
—¿Y tenemos algo? —preguntó él, buscando confirmación sin exigirla—. ¿De verdad crees que podemos construir algo que no se rompa?
—Sí —respondió ella mirándolo a los ojos—, pero solo si lo hacemos despacio. Si cada paso lo damos los dos juntos, mirando hacia adelante pero sin olvidar lo que aprendimos. No vamos a fingir que confiamos ciegamente desde el primer día: vamos a ganarnos esa confianza cada mañana, con hechos pequeños y palabras verdaderas.
—Nunca más te daré motivos para dudar —prometió él con firmeza—. Y si alguna vez sientes que algo no está bien, que me estoy alejando o que no estoy siendo claro, dímelo sin miedo. No permitiremos que las cosas se pudran en silencio otra vez.
—Y yo te prometo —dijo ella a su vez—, que no volveré a callar por miedo a perderte. Si algo me duele, te lo diré. Si algo no me parece justo, lo hablaré. Lo que empecemos ahora se construye con la verdad por delante, siempre.
Xander la abrazó con ternura, sin prisas, sin intentar apresurar momentos ni forzar sentimientos.
—Entonces iremos paso a paso —dijo él—. Sin correr, sin saltarnos etapas, sin pretender ser perfectos. Solo seremos nosotros, aprendiendo a querernos bien, tal como debimos haber hecho desde el principio.
Laura sintió que el corazón le latía tranquilo, por primera vez en mucho tiempo. No había promesas de perfección, ni juramentos grandiosos: solo la certeza de que iban a construir su futuro sobre la roca de la honestidad y el respeto, sabiendo que lo que tarda en hacerse bien, dura mucho más.
Xander la miró con una ternura que ya no intentaba ocultar, pero que siempre respetaba su espacio.
—Me da miedo equivocarme de nuevo —admitió con sinceridad—, no por mí, sino por ti y por el bebé. Me da miedo que un descuido mío vuelva a hacerte sentir insegura.
Laura apretó su mano suavemente, transmitiéndole una calma que ella misma apenas había recuperado.
—El miedo no se va del todo —le dijo con voz serena—, pero ahora sabemos qué hacer con él. Antes el miedo nos hacía callar; ahora nos hará estar más atentos el uno con el otro. No te pido que nunca te equivoques: te pido que si lo haces, tengas el valor de decírmelo antes de que la mentira crezca.
—Y tú me prometes lo mismo —pidió él con suavidad—. Que si sientes que me estoy alejando, o que algo no anda bien, no te quedes con la duda. Dímelo, hablemoslo, lo arreglamos juntos. No dejemos que el silencio se vuelva a convertir en un muro.
—Te lo prometo —respondió ella mirándolo directamente a los ojos—. Lo que nos pasó nos dolió, pero también nos enseñó que el amor no es solo decir que estás ahí: es demostrarlo cada día, aunque nadie lo vea. Es respetar los tiempos del otro, es decir la verdad aunque duela, es cuidar lo que se tiene como si fuera lo más valioso del mundo.
Xander se acercó despacio y le dio un beso suave en la frente, sin prisa, sin pedir nada más.
—Entonces empecemos —dijo él bajito—. Despacio, como tú quieras. Con la verdad por delante y sin miedo a decir lo que sentimos.
Laura asintió, sintiendo que por fin el camino se veía claro. No borraban el pasado, pero ya no pesaba como una losa: ahora era solo una lección que les servía para construir algo que, esta vez sí, sería para siempre.