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El CEO Y La Diseñadora

El CEO Y La Diseñadora

Status: En proceso
Genre:CEO / Malentendidos
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

Él es un magnate de acero: frío, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, hasta que ella cruza su camino. Ella es una joven diseñadora llena de talento, que solo busca una oportunidad para que sus diseños de ropa y joyas brillen. Lo que comienza como una simple entrevista se convierte en una atracción inesperada que romperá sus barreras... y despertará en él una obsesión que no sabía que podía sentir.

NovelToon tiene autorización de Itzel Velasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La prueba en el camino

El sol apenas trepaba por encima de los edificios cuando Yoselin cruzó por segunda vez las puertas de Grupo Varela. Ya no sentía el peso de la incertidumbre que la había acompañado días atrás; al recordar lo que había preparado la noche anterior, el orden de sus herramientas y la claridad con la que había decidido ser fiel a su estilo, caminó con paso firme hacia el área de diseño.

El lugar era amplio y luminoso, con mesas largas cubiertas de telas, maniquíes en distintas etapas de trabajo y estantes llenos de muestras. Una empleada le indicó su puesto: una mesa cerca del gran ventanal, con espacio suficiente para extender sus bocetos y guardar sus materiales.

—Bienvenida —le dijo con amabilidad—. Si necesitas algo más, avísame. El señor Varela quiso que te instalara aquí, con buena luz.

Yoselin asintió, sorprendida por ese pequeño detalle que no esperaba de alguien tan reservado. Empezó a sacar sus cosas con calma: primero la carpeta con los diseños que habían revisado juntos, luego sus lápices y reglas, las muestras de tela que había seleccionado y las cajitas con sus herramientas de joyería. Al colocar el brazalete de piedra azul sobre la esquina de la mesa, sonrió: era su marca, la señal de que ese espacio ahora también era suyo.

Estaba revisando una nota sobre los tonos que quería probar, cuando el movimiento en la puerta la hizo levantar la vista. Alejandro Varela estaba ahí, de pie, con su traje impecable y esa expresión seria que nunca abandonaba su rostro. No llamó antes de entrar, ni saludó primero; simplemente se quedó mirando cómo ella había acomodado todo, deteniendo la vista un instante en el brazalete sobre la mesa.

—Ya veo que te has instalado —dijo al fin, con voz neutra.

—Sí, señor Varela —respondió ella poniéndose de pie, sin perder la compostura—. Estaba revisando los bocetos para empezar a trabajar en los primeros prototipos.

Él negó con la cabeza levemente, dio un paso hacia adentro y se detuvo frente a su mesa.

—Eso tendrá que esperar —indicó, cruzando los brazos—. Hay una clienta importante que acaba de llegar. Quiere renovar toda su imagen, desde la ropa hasta las joyas que usará en su próximo evento. Camila tiene otros compromisos, así que vas a venir conmigo. Tú te encargarás de atenderla.

Yoselin parpadeó, sorprendida por la rapidez.

—¿Yo? —preguntó con sinceridad—. Pensé que empezaría con tareas más sencillas, o ayudando al equipo.

—¿Quieres demostrar de qué estás hecha o no? —replicó él, clavando en ella esa mirada intensa que la recorría entera—. No te traje aquí para que pases días dibujando en silencio. Esta es tu primera oportunidad real. Si logras entender lo que busca esa mujer y ofrecerle algo que realmente le sirva, sabré que no me equivoqué al darte este mes. Si no... no tendremos que hablar de fracasos después.

Recordó lo que le había dicho Camila: que él necesitaba ver, no solo escuchar. Y recordó también su propia promesa: no retroceder ante el reto.

—Entendido —dijo tomando su carpeta con decisión—. Voy ahora mismo.

—No necesitas nada más —la detuvo él—. Solo tu cabeza y lo que sabes hacer. Vamos, no podemos hacer esperarla.

Caminaron juntos por los pasillos, y Yoselin sentía la presencia de Alejandro a su lado, silenciosa y pesada. No le preguntó nada sobre sus ideas, ni le dio instrucciones detalladas; simplemente la llevaba directo al fuego, como si quisiera ver si se quemaba o si salía fortalecida.

—¿Qué sabe de la clienta? —preguntó ella para romper el silencio, sin dejar de avanzar.

—Es una mujer de negocios, muy exigente —respondió él brevemente—. No le gustan los clichés ni lo que todo el mundo usa. Dice que quiere sentirse ella misma, pero con la elegancia que requiere su posición. Esas son tus palabras, ¿recuerdas? Cuando dijiste que la gente busca reconocerse en lo que lleva. Pues ahora tienes que cumplirlo.

Yoselin sintió que el aire volvía a sus pulmones. Él había escuchado lo que le dijo en la reunión. No lo había pasado por alto.

—Haré lo posible —aseguró.

—No quiero lo posible —corrigió él al llegar a la puerta de la sala de juntas—. Quiero lo mejor que tienes. Entra.

Antes de empujar la puerta, Yoselin respiró hondo. Había preparado sus cosas con cuidado, había organizado su espacio con paciencia, pero ahora entendió que la verdadera preparación no eran los materiales: era el valor de mostrarse tal cual era, incluso cuando su propio jefe parecía esperar que fallara.

Alejandro abrió la puerta y le hizo una seña para que pasara primero. Al cruzar el umbral, supo que ya no había vuelta atrás: esa prueba definiría si su paso por la empresa sería solo un intento breve, o el comienzo de todo lo que soñaba. Y aunque él seguía siendo frío y desconfiado, por primera vez Yoselin sintió que, al ponerla a prueba así, le estaba dando exactamente lo que más necesitaba: una oportunidad para brillar.

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