La historia sigue a Anna, una joven cuya vida ha sido planificada como una transacción comercial por su madre, una mujer ambiciosa que ve en el matrimonio de su hija la salvación de su estatus. Anna, buscando un último respiro de rebeldía, se entrega a una noche de pasión con Sebastián, un extraño de mirada peligrosa y reputación cuestionable.
El conflicto estalla cuando Anna descubre que el "desconocido" de esa noche no solo es el hermano de su futuro marido, sino el hombre que habitará bajo su mismo techo.
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Fiesta de compromiso
Al llegar a su casa, Anna solo tomo un oso de peluche que le había regalado su padre cuando era niña y simplemente no recordaba nada más de su casa, su madre se había encargado de cambiar todo en su habitación.
Anna, Se había quitado el vestido de la cena y llevaba puesto un camisón de seda blanca, sentada al borde de la cama, tratando de asimilar que su vida ya no le pertenecía.
De pronto, la puerta se abrió sin previo aviso. Lucrecia entró con el rostro rígido, cerrando el cerrojo tras de sí.
—Madre, ¿qué haces aquí? Es tarde —dijo Anna, poniéndose de pie instintivamente.
Lucrecia no respondió de inmediato.
Caminó hacia ella con paso lento, evaluándola de arriba abajo como si fuera una estatua en una subasta.
—Mañana es el compromiso oficial, Anna. He empeñado mi palabra y el apellido de tu padre ante Máximo Sáenz . Les aseguré que regresabas del internado con la virtud intacta, tal como se espera de una mujer de tu clase.
Anna sintió que el aire se espesaba. Un sudor frío recorrió su espalda al recordar el callejón, la música del club y las manos de Sebastián quemándole la cintura.
—No entiendo a qué viene esto ahora... —susurró Anna, retrocediendo un paso.
—Viene a que no puedo permitirme errores —sentenció Lucrecia, acercándose y tomándola con fuerza del brazo—. He visto cómo Sebastián te miraba en la cena. Ese chico es un animal, un depredador que huele la debilidad. Si él ha notado algo en ti, si has permitido que alguien te tocara en ese colegio o en el viaje de regreso... dímelo ahora.
—¡Nadie me tocó! —mintió Anna, con la voz temblorosa por la indignación y el miedo.
—Eso espero, por tu bien. Porque si Lorenzo descubre en la noche de bodas que lo que compró ya ha sido usado, nos destruirá a ambas.
Lucrecia la obligó a sentarse y, en un acto de control absoluto y despojado de toda maternidad, comenzó a interrogarla sobre cada detalle de su estancia en el internado, revisando incluso las marcas en sus brazos y cuello, buscando cualquier rastro de rebeldía física.
—Recuerda bien, Anna —dijo Lucrecia mientras se dirigía a la puerta después de haberla humillado con su desconfianza—. Mañana, cuando Lorenzo te ponga ese anillo, le perteneces. Si hay algún secreto oculto en tu pasado, más vale que lo entierres tan profundo que ni tú misma lo recuerdes. O el abuelo y el pretendiente que el tiene para ti que es todo un anciano, será el menor de tus problemas.
La puerta se cerró y Anna se desplomó en el suelo, sollozando en silencio.
...A la mañana siguiente: El día del compromiso....
El sol de la mañana entró por los ventanales con una alegría que resultaba insultante para el estado de ánimo de Anna. Lucrecia entró temprano con un equipo de estilistas. No hubo "buenos días", solo órdenes.
—Maquíllenla bien, que no se noten esas ojeras. Y busquen un vestido que cubra sus brazos, está muy pálida —ordenó Lucrecia, revisando su reloj de oro.
Anna, se limpio las lágrimas, ya había pensado en escapar esa misma noche y olvidarse de su matrimonio o de irse con su abuelo a casarse con un viejo amigo de él.
Al llegar a la mansión Sáenz, ella suspiró, ni siquiera estaba poniendo atención a su madre en todas las indicaciones que le estaba dando.
La fiesta de compromiso en la mansión de los Sáenz era el evento del año. Lucrecia caminaba con la cabeza en alto, saboreando el triunfo de haber vendido a su hija al heredero de la fortuna Sáenz. Anna, vestida con un diseño de seda que la hacía parecer una aparición, se sentía como un fantasma entre la multitud.
Sebastián no le podía quitar la mirada de encima y lucrecia ya lo había notado.
Lorenzo estaba en el centro del salón, sosteniendo una copa de cristal, listo para anunciar el compromiso oficial.
—Amigos, familia... —comenzó Lorenzo con arrogancia, mientras Sebastián miraba a lo lejos a Anna—. Hoy no solo celebramos una unión de negocios, sino la llegada de Anna a mi vida.
Pero antes de que pudiera sacar el anillo, las puertas del salón se abrieron de par en par. Una mujer joven, con el rostro desencajado y un vientre de al menos seis meses de embarazo claramente visible bajo su abrigo, entró tropezando.
—¡Lorenzo! —gritó ella, silenciando la música—. ¡No vas a hacerme esto! Dijiste que te encargarías de nosotros. ¡Llevo a tu hijo, maldita sea!
El silencio fue sepulcral. Máximo Sáenz se puso lívido, mientras los invitados murmuraban con horror. Lorenzo palideció, dejando caer su copa, que estalló en mil pedazos contra el suelo.
—¡Sáquenla de aquí! Idiotas..—rugió Lorenzo a los de seguridad, pero su padre, Máximo, lo detuvo con una mano de hierro en el hombro.
—Ni un paso, Lorenzo —sentenció Máximo con voz de trueno—. Si esa mujer lleva tu sangre, cumplirás como un hombre de esta familia. No permitiré que un Sáenz nazca como un bastardo mientras tú juegas a los prometidos. El compromiso con Anna queda cancelado...
ojalá Sebastián sea más listo que la bruja de su suegra y el desgraciado de su hermano...... y no se salgan con la suya.... por qué Sebastián y Ana son más tercos que una mula 🫏 y no dan su brazo a torcer muy fácil 😝🤔. Pero se aman 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Cuando se de cuenta del daño que esta causando ya va a ser muy tarde
Y Sebastián es un bruto barbajal.. un energúmeno a tope y la va a lastimar.
Y miren nomás a Lorenzo.. que joyita resultó.
Al menos de momento se suspendió el compromiso.. Sebastián es ahora o nunca!