🔥🔞⚠️ EXCLUSIVA PARA PUBLICO ADULTO 🔥🔞⚠️
Mónica, obligada a casarse con Valentín Marín para saldar la deuda de su padre, descubre que su nuevo esposo la ve como propiedad. En su noche de bodas, conoce a Lucas, el hermano de Valentín, quien le advierte sobre el destino de la esposa anterior y le ofrece su ayuda. Atrapada entre el miedo y el deseo, ella comienza a acercarse al único hombre que podría ayudarla a escapar de aquel matrimonio, sin imaginar que Lucas también guarda secretos y que sus intenciones están lejos de ser desinteresadas.
NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
4. No llames a las criadas
Lucas estaba sentado en un banco de hierro, a tres metros. Llevaba pantalones de deporte grises y una camiseta blanca. Los pies descalzos sobre la hierba. Tenía un café en la mano.
- “No sabía que estabas aquí”, dijo Mónica.
- “Llevo aquí desde las cinco”, replicó Lucas
- “¿No has dormido?”, preguntó ella.
- “No duermo mucho”, respondió él.
Mónica no dijo nada. Se miró los pies. Las uñas pintadas de rojo del día anterior.
- “¿Qué pasó con Carmen?”, preguntó Monica.
Lucas bebió un sorbo de café. El vaso era de cerámica blanca, sin asa.
- “¿Por qué quieres saber?”, cuestionó él.
- “Porque si voy a acabar como ella, prefiero saberlo”, respondió Mónica.
- “No vas a acabar como ella”, dijo Lucas.
- “Seguro tu hermano dijo lo mismo la última vez”, replicó Mónica.
Lucas la miró. La luz de la mañana le daba en la cara. Los ojos color miel se veían más claros. Tenía ojeras. La mandíbula cubierta de barba de dos días.
- “Carmen se enamoró de Valentín. Él no la amaba. Mónica no lo soportó. Se fue. Valentín la encontró. No la trajo de vuelta”, expresó Lucas.
- “¿La mató?”, preguntó Mónica.
- “No. La dejó ir. Pero le dijo que si volvía a aparecer en Sevilla, la entregaría a la gente a la que su padre debía dinero. El padre de Carmen tenía una deuda distinta. Con gente peor que nosotros”, respondió Lucas.
- “¿Y ella qué hizo?”, preguntó Mónica.
- “Se fue a Madrid. Vive allí. Trabaja en una tienda de ropa”, dijo Lucas.
- “¿Y tú cómo lo sabes?”, consultó Mónica.
- “Porque la veo a veces. Le envío dinero. No es tu problema”, respondió Lucas.
Mónica lo miró. Lucas sostenía el vaso de café con las dos manos. Los dedos largos. Las uñas cortadas rectas. Una cicatriz fina en el dorso de la mano izquierda.
- “¿Por qué me lo cuentas?”, dijo Mónica.
- “Porque alguien tiene que decirte la verdad. Mi hermano no lo hará”, respondió Lucas.
- “¿Y tú sí?”, inquirió Mónica.
- “Yo no soy como mi hermano”, dijo Lucas.
- “Eres su hermano”, replicó Mónica.
- “Eso no me define”, aseveró Lucas.
Un silencio. El agua de la fuente caía en el estanque con un ruido constante. Un pájaro cantó en algún naranjo cercano.
-:“Tengo que entrar”, dijo Mónica. “Las criadas vendrán”.
- “Mónica”, dijo él.
Mónica se detuvo. No se había dado cuenta de que él sabía su nombre. Nadie la había llamado por su nombre desde la ceremonia. Todos le decían "la novia" o "la esposa de Valentín."
- “Si alguna vez necesitas algo”, dijo Lucas, “no llames a las criadas. Te lo dije anoche”.
- “Lo recuerdo”, respondió ella.
- “Mi número está en tu teléfono”, aseguró Lucas.
- “Lo vi”, dijo Mónica.
Lucas no dijo nada más. Bebió el último sorbo de café. Se levantó del banco. Era más alto de lo que Mónica había calculado. Le sacaba una cabeza. Pasó por su lado. Olía a café y a algo más. A algo limpio, a jabón.
- “Cuida los pies”, dijo Lucas sin girarse. “El mármol de la escalera resbala”, y se fue.
Mónica se quedó en la fuente hasta que el sol le calentó la espalda. Luego entró. Subió la escalera. El mármol resbalaba. Tuvo que agarrarse a la barandilla.
Cuando llegó a la habitación, la criada ya estaba allí. Una mujer de cincuenta años, delgada, con el pelo recogido en una coleta. Le tendió un vestido azul marino con zapatos de tacón del mismo color.
- “El señor Marín ha dejado instrucciones”, dijo la criada. “Se viste y se queda en la habitación hasta que él vuelva”.
- “¿Cuándo volverá?”, preguntó Mónica.
- “El señor no da horarios, señora”, respondió la criada.
Señora. La palabra le cayó encima como un manto.
Mónica se vistió. Se sentó en el sillón de terciopelo. Cogió el teléfono. Abrió la pantalla. El contacto "L" seguía ahí.
No escribió nada. Cerró el teléfono.
Se quedó mirando por la ventana. Los naranjos, el sendero de losas, la fuente con el león, el banco de hierro donde Lucas había estado sentado.
Mónica se llevó la mano al pecho. Debajo del vestido, debajo de la ropa interior, la piel le ardía. No era el calor de la mañana. Era otra cosa. Algo que no debería estar ahí. Algo que tenía que ver con la forma en que Lucas había dicho su nombre. Con la forma en que no la había mirado como Valentín la miraba. Con la forma en que le había dicho "no soy como mi hermano."
Cerró los ojos. Respiró.
Era el primer día de su matrimonio. Llevaba casada catorce horas. Y ya estaba pensando en el hermano de su marido.
Se levantó. Fue al baño. Se mojó la cara con agua fría. Se miró en el espejo. Los ojos se le veían más grandes de lo normal. Los labios estaban agrietados. El pelo suelto le caía sobre los hombros.
- “No”, se dijo en voz baja. “No”.
Pero la palabra no convenció a nadie. Ni siquiera a Mónica.