Alessia Castelli nació para obedecer. Hija de una de las familias mafiosas más poderosas de Italia, jamás ha podido decidir sobre su propia vida. Ni a quién amar. Ni con quién casarse. Ni siquiera qué sueños perseguir.
El día de su boda arreglada, todo cambia cuando es secuestrada por Fabiano Conti, el temido líder de la organización rival. Para él, Alessia no es más que la única pieza capaz de devolverle a la persona que más ama.
Mientras una guerra entre familias amenaza con desatarse, ambos descubren que existen prisiones mucho peores que una habitación cerrada. Ella jamás ha conocido la libertad. Él hace mucho tiempo que olvidó cómo se siente vivir sin culpa.
Entre amaneceres frente al Mediterráneo, pequeños actos de rebeldía y decisiones que nunca antes les permitieron tomar, Alessia y Fabiano comenzarán a cuestionar todo aquello para lo que fueron criados.
Porque, a veces, el enemigo no es quien te roba la libertad... Sino quien te enseña, por primera vez, cómo se siente tenerla.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La última vez
Fabiano
—¿Y?
Me lanzo al sofá que está al lado del ventanal de mi oficina y cubro mi rostro con el antebrazo.
—Así de bueno, ¿eh? —insiste Mattheo y sin mirarlo sé que está sonriendo.
—Cállate —mascullo.
—Tienes que contármelo… me lo debes. Después de todo debería haber sido yo quien le haya dado su primer beso.
—Te cortaría la polla —devuelvo.
—Las mujeres de Milán no te lo perdonarían.
—Eso dices tú.
—Eso dicen ellas. Anda, cuéntame todo.
Me siento y miro mis manos. Las mismas manos que hace unos segundos estaban sobre Alessia.
—¿Cómo puede ser posible que ese sea su primer beso? —pregunto sin esperar respuesta—. Fue el mejor beso de mi puñetera vida.
—Fabiano…
—No estoy mintiendo —digo—. Fue… no sé ni siquiera cómo explicarlo.
—Fabiano…
—¿Has tenido un beso que detenga el tiempo? ¿O al menos uno en el que hayas deseado que el tiempo se detenga? —le pregunto.
Los labios de Mattheo se elevan en una sonrisa, como si estuviera recordando algo, pero luego su rostro se endurece.
—No puedes olvidar que Alessia está de paso. El motivo por el que está aquí es para recuperar a Cloe. Nada más.
—Lo sé, pero…
—No hay peros, Fabiano. Tenemos que recuperar a Cloe. Cada segundo que pasas jugando con la chica Castelli, Cloe está sufriendo.
Todo mi cuerpo se tensa.
Mattheo tiene razón. Por supuesto que la tiene.
Mi hermana es lo más importante.
—No estoy jugando con ella.
—Precisamente por eso me preocupa.
Levanto la vista.
Mattheo ya no tiene esa sonrisa burlona de hace unos minutos. Está completamente serio.
—¿Sabes cuál es el problema de los hombres como nosotros? —Niego con la cabeza—. Creemos que tenemos tiempo. —Frunzo el ceño—. Pensamos que podremos arreglar las cosas mañana. Que habrá otra conversación. Otro beso. Otra oportunidad. Y un día descubres que la persona por la que habrías dado todo... ya no está.
Lo observo unos segundos.
—¿De qué estás hablando?
Sacude apenas la cabeza.
—De nada.
No le creo. Lo conozco demasiado bien para no notar el brillo extraño que aparece durante un segundo en sus ojos, que desaparece tan rápido como llegó.
—Solo recupera a tu hermana —dice finalmente—. Lo demás puede esperar.
Asiento despacio.
—Lo haré.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Mattheo recoge su computador y camina hacia la puerta.
Antes de salir se detiene.
—Y otra cosa.
—¿Qué?
—No vuelvas a besarla.
Suelto una risa seca.
—No lo haré.
—Fabiano —me llama, girándose para mirarme por encima del hombro—. No creo que tengas la fuerza para evitarla… pero inténtalo. Por Cloe.
Cuando me deja solo espero poder tener la fuerza para mantenerme alejado del peligro que es Alessia Castelli.
*****
La casa está completamente en silencio.
Llevo más de una hora acostado con los ojos abiertos… Mirando el techo.
Las palabras de Mattheo se repiten una y otra vez dentro de mi cabeza.
“Solo recupera a tu hermana”
Tiene razón.
Todo esto empezó por Cloe.
Alessia jamás debió convertirse en otra cosa que un medio para traerla de vuelta.
Cierro los ojos.
Intento concentrarme.
En Lucio.
En las rutas marítimas.
En las empresas.
En el plan.
Pero mi memoria es una traidora. No aparecen barcos ni contratos.
Aparecen unos ojos celestes.
Una risa imposible.
Un "wow" completamente sincero… Y unos labios que todavía puedo sentir sobre los míos.
Gruño y me giro sobre la cama.
Maldita sea.
Necesito dejar de pensar en ella.
Necesito recordar quién soy, qué está en juego, qué le prometí a Mattheo… Pero sobre todo, necesito recuperar a Cloe.
Mi hermana.
Mi familia.
La Corona.
Eso es lo único que importa.
Entonces... ¿Por qué se siente como una mentira?
Aprieto la mandíbula.
Nunca he necesitado a nadie.
Ni para dormir. Ni para respirar. Ni para seguir adelante. Y, sin embargo... Hay un vacío extraño en la cama.
Uno que solo apareció después de besar a Alessia.
No es deseo. Eso sería demasiado sencillo. Es... Necesidad.
Necesito escuchar esa respiración tranquila.
Necesito saber que está bien.
Necesito verla dormir con el ceño fruncido abrazando una almohada como si fuera un oso de peluche.
Necesito...
Un golpe suave en la puerta interrumpe mis pensamientos.
Mi corazón da un vuelco absurdo. Ya sé quién es antes de preguntar.
—Pasa.
La puerta se abre apenas unos centímetros y se asoma una cabellera rubia completamente despeinada.
—¿Fabiano?
Su voz apenas es un susurro.
—¿Sí, pequeña Castelli?
Baja la mirada hacia sus propios pies.
—No puedo dormir.
Sé que debería decirle que se vaya, pero no lo hago. Permanezco inmóvil.
Ella también.
Con esa tentadora bata de seda y ese cabello rubio completamente despeinado.
Parece una niña que acaba de despertarse de una pesadilla.
Y, al mismo tiempo... La mujer que lleva todo el día desordenando mi mundo.
—No puedo dormir —repite en un hilo de voz.
Cierro los ojos un instante.
Mattheo va a matarme.
—Ven.
Sus labios se curvan en una sonrisa tan pequeña que casi pasa desapercibida.
Entra despacio y cierra la puerta tras de sí.
—Solo esta noche —digo mientras levanto la sábana para que pueda acostarse—. Es la última vez.
Ella asiente con mucha solemnidad.
—La última.
Los dos sabemos que estoy mintiendo. Y, peor aún... Los dos sabemos que ella también.
Se acomoda junto a mí y durante unos segundos permanece completamente quieta. Demasiado quieta… Hasta que, muy despacio, se acerca unos centímetros.
—Less...
—¿Sí?
—No creo que sea buena idea.
Levanta la cabeza para mirarme. Sus ojos celestes brillan curiosos y anhelantes.
—He estado pensando.
Trago saliva.
Siempre que Alessia piensa, mi vida se complica.
—¿Sobre qué?
Una sonrisa traviesa aparece en su boca.
—Qué clase de profesor serías si solo me dieras una clase.
No puedo evitarlo.
Me río.
Una risa baja, cansada y real.
—¿Ah, sí?
Asiente muy convencida.
—Los buenos profesores hacen seguimiento.
Niego con la cabeza.
—¿Seguimiento?
—Claro.
Levanta un dedo, como si estuviera explicando la teoría más importante del mundo.
—¿Y si olvidé la materia?
—Han pasado... ¿cuánto?... ¿Cinco horas?
—Tengo muy mala memoria.
Su expresión es tan seria que resulta imposible no seguirle el juego.
—Eso es preocupante.
—Muchísimo.
—Quizá deberías buscar otro profesor.
Arruga la nariz.
—No.
—¿No?
—Ya encontré al mejor.
Mi sonrisa desaparece.
No porque sus palabras sean atrevidas sino porque las dice con una sinceridad que me deja sin defensas.
Ahí está otra vez.
Ese silencio.
Ese instante en que todo lo demás deja de importar.
La guerra.
Lucio.
La promesa que le hice a Mattheo.
Incluso Cloe.
Todo se difumina.
Solo existe ella.
Solo esa mirada limpia que confía en mí de una forma que no merezco.
—Fabiano...
Susurra mi nombre como si fuera una pregunta. Como si todavía me estuviera dando la oportunidad de detenerme.
Debería hacerlo.
Debería apagar la luz y desearle buenas noches.
Debería alejarme. En lugar de eso... Levanto una mano y aparto con cuidado un mechón rubio de su mejilla.
Ella no se mueve ni un centímetro.
Solo sigue mirándome. Esperando. Y eso me hace entender que no la beso porque perdí el control. La beso porque la necesito. Porque, desde que salió de la habitación esta mañana, una parte de mí ha sentido que faltaba algo.
Me inclino despacio.
Nuestros labios vuelven a encontrarse.
Esta vez no hay prisa.
No hay miedo.
Solo un silencio inmenso que parece envolvernos a los dos.
Y, por un instante demasiado breve... El resto del mundo deja de existir.
los niños iguales a Fabiano 🥰
construyeron una familia antes de casarse
Yesenia te felicito por otra historia excelente
Gracias 🌷