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SABOR A FUEGO Y SOMBRA

SABOR A FUEGO Y SOMBRA

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Enfermizo / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Jeremías Bustamante lo tiene todo: poder, una fortuna inmensa y un físico imponente, pero la vida lo redujo a una silla de ruedas, a la amargura perpetua y a un oscuro secreto sobre el abandono de su exesposa. Su existencia gris da un vuelco total el día en que cruza la puerta de la cafetería más alegre de la ciudad y una torpe, radiante y descarada arquitecta le baña la camisa en jugo de fresa. Ana Belén Gallego no le teme a su dinero ni a su carácter de demonio, y por primera vez en años, Jeremías encuentra a una mujer capaz de plantársele enfrente sin temblar. Entre risas, secretos del pasado y tazas de café, este magnate indomable descubrirá que la verdadera parálisis no está en sus piernas, sino en su corazón.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ACORDES DE ENTREGA BAJO LA LUZ DE LOS CIRIOS Y LA ALTA SOCIEDAD

​El jardín principal de la Mansión Bustamante se había transformado en un refugio de elegancia etérea y sofisticación. Aunque Jeremías había tenido que ceder ante el deseo de Ana Belén de evitar una boda caótica y plagada de prensa amarillista, el magnate no iba a permitir que su matrimonio pasara desapercibido para su círculo más cercano. El espacio brillaba con una belleza íntima, pero imponente, iluminado por cientos de lucenés blancas que colgaban de las ramas de los árboles centenarios y se entrelazaban con arreglos de rosas blancas y eucalipto.

​Bajo el gran cenador de flores se encontraban los rostros más entrañables de la familia: doña Anahí con una sonrisa radiante, Federico con su porte impecable, los gemelos observando con orgullo cómplice, y la pequeña María Fernanda, quien actuaba como una graciosa damita de honor repartiendo pétalos con total solemnidad. A los lados, ocupando las primeras filas de sillas revestidas en lino marfil, se acomodaban los invitados más allegados de Jeremías de toda la vida, aquellos amigos leales que habían estado junto a él en las buenas y en las malas, junto a una selecta representación de los veinte socios más importantes y poderosos de sus corporaciones, figuras clave de la alta finanza y la industria que habían viajado expresamente para rendirle pleitesía al líder indiscutible del sector empresarial.

​Jeremías esperaba al pie del altar, ataviado con un traje oscuro de sastre impecable que acentuaba la anchura de sus hombros y la madurez de su atractivo rostro. Aunque sus piernas seguían ancladas a la silla de ruedas, la dignidad, el respeto y la admiración que emanaba hacían que los poderosos directores y magnates presentes lo miraran con absoluta reverencia. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad húmeda, fijos en el extremo del sendero de piedra.

​Cuando las notas suaves de un violín comenzaron a flotar en el ambiente, Ana Belén apareció. No llevaba un vestido pomposo de cola interminable, pero su diseño minimalista de seda marfil, con una caída fluida que estilizaba su figura y el cabello recogido con finas perlitas, desprendía una clase deslumbrante que dejó sin aliento a los ilustres socios de su esposo. Al verla avanzar con paso firme y una sonrisa que le iluminaba el alma, Jeremías sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

​La ceremonia civil fue solemne, cálida y profundamente emotiva, oficiada por un juez amigo que conocía bien la historia de resistencia de ambos. Tras el intercambio de anillos y el beso sellado bajo los aplausos respetuosos y efusivos de los vehemente socios y familiares, la celebración se trasladó a la amplia terraza dispuesta para la ocasión, donde los camareros servían champaña de alta gama entre murmullos de felicitación.

​En un punto determinado de la noche, cuando el ambiente combinaba la distinción de la élite corporativa con la calidez familiar, Ana Belén se levantó de su asiento. Con una sonrisa pícara y el corazón latiéndole a mil por hora, caminó hacia un rincón donde descansaba una guitarra acústica de madera oscura. La tomó con soltura, se acercó despacio hasta situarse frente a su esposo, y ajustó el soporte antes de mirar directamente a los ojos a Jeremías con una ternura infinita, ignorando por completo a los veinte barones de la industria que la observaban fascinados.

​—Sabes que no soy de grandes discursos ni de fanfarrias ante tanta eminencia, mi amor —comenzó diciendo Ana Belén con la voz clara y melodiosa que hizo callar de inmediato a los influyentes invitados—, pero si hay algo que he aprendido a tu lado es que el amor verdadero no se esconde, se canta, se grita y se defiende con el alma. Esto es para ti mi ogro.

​Los dedos de Ana Belén comenzaron a rasgar las cuerdas con un compás suave, dulce y envolvente. Al afinar su voz, la melodía se derramó por el jardín, cargada de una emoción tan pura que hizo que los ojos de Jeremías se anegaran de lágrimas instantáneas:

​Quiero beber los besos de tu boca

Como si fueran gotas de rocío

Y ahí, en el aire, dibujar tu nombre

Junto con el mío...

​Quiero un acorde dulce de guitarra

Hacer locuras en tus sentimientos

En el sutil abrazo de la noche

Sepas lo que siento...

​Que estoy enamorada

Y tu amor me hace grande

Que estoy enamorada

Y qué bien, qué bien me hace amarte...

​La mirada de Jeremías estaba clavada en ella, atrapada en cada nota, sintiendo que la letra describía exactamente la trinchera de luz que habían construido. Los socios más importantes del país, hombres acostumbrados a los números fríos y a las negociaciones despiadadas, escuchaban embelesados, conmovidos por la fuerza de una entrega que ninguna chequera podía comprar. Al llegar al siguiente verso, la voz de Ana Belén se quebró ligeramente por la emoción:

​Dentro de ti quedarme en cautiverio

Para sumarme al aire que respiras

Y en cada espacio unir mis ilusiones

Junto con tu vida...

​Que si naufrago, me quede en tu orilla

Que de recuerdos solo me alimente

Y que despierte del sueño profundo

Solo para verte...

​Que estoy enamorada

Y tu amor me hace grande

Que estoy enamorada

Y qué bien, qué bien me hace amarte...

​El jardín entero permanecía en absoluto silencio, cautivado por la interpretación. Doña Anahí se secaba las lágrimas con un pañuelo de encaje, mientras los gemelos y María Fernanda sonreían orgullosos. Ana Belén dio un paso más hacia la silla de ruedas, elevando el tono con pasión mientras los acordes resonaban con fuerza en la noche:

​Voy a encender el fuego de tu piel callada

Mojaré tus labios de agua apasionada

Para que tejamos sueños de la nada...

​Que estoy enamorada

Y tu amor me hace grande

Que estoy enamorada

Y qué bien, qué bien me hace amarte...

​Cuando dio el último rasgueo a la guitarra, el sonido se apagó lentamente entre los aplausos unánimes, donde los veinte socios levantaron sus copas en un brindis espontáneo de respeto y admiración hacia la pareja. Jeremías no esperó un segundo más: impulsó las ruedas con fuerza, se abalanzó hacia ella y, tomándola de la cintura con una fuerza descomunal, la atrajo contra su pecho, enterrando el rostro en su vientre mientras dejaba escapar un sollozo de absoluta gratitud. Ana Belén soltó la guitarra, se arrodilló frente a él y rodeó su cuello con los brazos, fundiéndose en un beso hondo y apasionado ante la atenta y conmovida mirada de la alta sociedad.

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Nerika Moreno
Por Dios casi muero de tanto llorar, que capítulo tan fuerte me hizo recordar cuando yo pasé por lo mismo
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