NovelToon NovelToon
Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:483
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Biblioteca hasta que echen

La biblioteca del colegio huele a libro viejo y a cera de piso. No es un olor rico, pero me gusta porque no cambia. Siempre huele igual, haga frío o calor, esté triste o no. Tiene las mesas grandes de madera rayada con iniciales de gente que ya se fue del colegio y un ventanal que da al patio donde nadie se sienta en invierno porque se cuela el viento.

Yo me quedo ahí todos los días después de clases. No porque sea matea. De hecho, soy bastante promedio. Me quedo porque si me voy a las cuatro a mi casa, voy a estar sola hasta las diez. Y sola en mi casa pienso demasiado. En cambio, aquí hay ruido bajito. El teclado de la señora Marta, el ventilador del computador viejo, las páginas pasando.

La señora Marta me conoce desde séptimo. Es chiquitita, con el pelo corto teñido colorado y lentes que se le caen a cada rato. Me dice Abril, tú de nuevo, ¿no tienes casa? Y lo dice riéndose, no pesada. Yo le digo que sí tengo, pero que aquí hay mejor internet, aunque es mentira, el internet de aquí es malísimo. Ella me deja quedarme hasta tarde. Me guarda el enchufe del rincón, el que está al lado del diccionario gigante que nadie usa. Me dice siéntate ahí que ahí no te llega el frío.

Don Luis también me cacha. Es el conserje, tiene como sesenta años y una radio chica que lleva para todos lados. A las seis empieza a pasar con las llaves haciendo ruido a propósito para que nos vayamos. Pasa por la biblioteca y me dice ya, señorita Abril, a cerrar. Yo le digo cinco minutitos más, don Luis. Siempre le digo lo mismo. Y él me dice ya, cinco no más, que tengo que cerrar la azotea también. Y ahí me acuerdo de ayer, del cabro de la azotea.

No le conté a nadie lo de la azotea. No porque sea secreto, sino porque si lo cuento deja de ser mío. Además, si le digo a la señora Marta que subo a la azotea, me va a retar y va a llamar a mi mamá y mi mamá se va a asustar y va a pensar que me quiero tirar o algo así. No es eso. Solo me gusta estar arriba. Se ve todo Conce, se ve el cerro, se ven las luces cuando se empieza a oscurecer.

En la biblioteca hago la tarea a medias. Abro el cuaderno de matemáticas y miro la fórmula un rato largo. Después la cierro y abro el cuaderno de cálculo, pero no en la parte de cálculo, en la última hoja, donde tengo mi lista. Días Prestados. La miro y le agrego cositas chicas al lado, con letra chica. Al lado de ver el amanecer pongo llevar termo. Al lado de que alguien me espere pongo que sea de verdad. Al lado de aprender a pegar un jab pongo no caerme.

Hoy agregué una más, sin querer. Le puse número cinco, pero después lo borré. Había escrito preguntarle su nombre. Porque ayer no supe cómo se llamaba el cabro de la azotea hasta que don Luis lo gritó. Kael. Tiene nombre de protagonista de libro, no de cabro de tercero medio que falta a clases.

A las cinco y media llega el grupo de segundo que viene a hacer un trabajo. Hablan fuerte, se ríen, se sacan fotos. Los miro y me dan un poco de envidia. No por el trabajo, por lo fácil que se ven. Como si nadie en su casa estuviera enfermo, como si nadie tuviera una lista escondida. Después me da culpa sentir envidia y me concentro de nuevo en mi cuaderno.

La señora Marta se me acerca con una taza. Me trae té, aunque está prohibido tomar té en la biblioteca. Me dice toma, mija, que estás muy pálida. Y me mira con esa cara que me carga, la de pobrecita. Le digo gracias y me tomo el té aunque esté tibio y sin azúcar. No le digo que estoy pálida por la quimio de la semana pasada, le digo que es porque no dormí. Es mentira a medias. No dormí porque me dolía la espalda.

A las seis menos diez don Luis pasa de nuevo. Esta vez no dice nada, solo hace sonar las llaves más fuerte. La señora Marta me hace un gesto con la cabeza como diciendo ya, ándate. Guardo todo. Guardo el cuaderno de cálculo con la lista adentro, lo cierro con cuidado como si alguien fuera a encontrarla.

Salgo al pasillo y está frío. El colegio a esa hora está vacío y se escucha todo. Mis zapatillas suenan mucho. Miro hacia la escalera que sube a la azotea. La puerta está entreabierta. Siempre está cerrada con llave, pero hoy está entreabierta, un poco.

Dudo. Si subo, don Luis me va a retar mañana. Si no subo, me voy a quedar con las ganas. Y últimamente me cansé de quedarme con las ganas de todo por miedo.

Subo. La puerta pesa y rechina. Arriba hace más frío que ayer y el viento pega fuerte. El cielo está gris, no naranjo como ayer, pero igual se ve bonito. Y está.

Está sentado en el mismo lugar, con el mismo buzo negro, con las manos vendadas. No está pegándole al aire hoy, está sentado mirando hacia el frente, con las rodillas abrazadas. Me ve y no se sorprende.

Me dice llegaste tarde. Como si me hubiera estado esperando.

Yo le digo pensé que no ibas a estar. Y me siento, no tan cerca, dejando espacio.

Nos quedamos callados un rato. No es un silencio incómodo como el de mi casa. Es un silencio que se puede estar. Después de un rato me pregunta si hice la tarea. Le digo que no, que no entiendo nada. Él se ríe, por primera vez lo escucho reírse, y me dice yo tampoco. Y me muestra su cuaderno, todo rayado con guantes de boxeo dibujados.

Le pregunto si va a entrenar hoy. Me dice no, hoy no. Hoy solo quería estar aquí arriba. Y entiendo. Yo también solo quería estar aquí arriba.

Nos quedamos hasta que don Luis grita desde abajo Kael, Abril, bajen que voy a cerrar con candado. Nos miramos y nos reímos. No sabía que sabía mi nombre.

Bajamos juntos la escalera. Él se va por un pasillo y yo por otro. Antes de irse me dice mañana a la misma hora. No es pregunta.

Le digo ya. Y por primera vez en el día, no quiero que mi casa tenga ruido de tele. Quiero que sea mañana.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play