Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 23: En las Entrañas de la Montaña
El búnker subterráneo de la Selva Negra era un vestigio de la Guerra Fría, una red de túneles excavados en la piedra granítica de la montaña, reforzada con muros de hormigón de dos metros de grosor. Las luces de emergencia de tono anaranjado iluminaban los pasillos infestados de tuberías de vapor y cables de alta tensión.
Victoria y Alexey, seguidos por los diez sicarios de elite de la metrópoli que habían logrado reagruparse en la entrada de la mina, se adentraban por el sector de suministros. La temperatura en el interior era sofocante, contrastando con el frío helado del exterior por culpa de los generadores diésel que funcionaban al máximo de su capacidad.
A medida que avanzaban hacia el nivel del centro de mando, las patrullas enemigas se volvieron más densas. La alarma de brecha no había sonado, pero la paranoia del General Petrov mantenía a sus quinientos mercenarios en alerta constante.
En una intersección de tres túneles, un contingente de doce guardias pesados armados con escopetas automáticas se tropezó de frente con la vanguardia de la infiltración.
—¡Intrusos en el sector cuatro! —gritó el oficial al mando.
No tuvo tiempo de decir más. Victoria se proyectó hacia adelante con una velocidad que desafiaba la percepción humana. Invocó una ráfaga de su magia de sangre, haciendo que las gotas de sudor y la humedad del propio vapor de la sala se condensaran en finas hojas de hielo escarlata. Con un movimiento circular de sus brazos, las hojas de sangre salieron disparadas en abanico, decapitando a los tres primeros guardias e incrustándose en las traqueas de los siguientes.
Alexey irrumpió justo detrás de ella como un ariete de carne y hierro. Barrió el túnel con su fusil de asalto en ráfagas cortas y devastadoras, destrozando la posición defensiva enemiga mientras avanzaba codo a codo con su Reina.
La carnicería en el túnel duró menos de un minuto. Los cuerpos de los mercenarios del norte yacían amontonados contra las tuberías de vapor, convirtiendo el suelo de cemento en un río de sangre hirviente.
Victoria se apoyó contra la pared de granito, respirando con cierta dificultad. Canalizar la magia de sangre en un ambiente tan cerrado y con el contraste térmico tan violento estaba sobrecargando su cuerpo reencarnado. Una línea de sangre oscura comenzó a escurrir de su fosa nasal izquierda.
Alexey lo notó de inmediato. Dejó caer el fusil al suelo, caminó hacia ella y le limpió el rostro con el dorso de la mano con una delicadeza que chocaba de forma brutal con la carnicería que acababa de perpetrar.
—Estás forzando la máquina. —dijo Alexey, su voz cargada de una preocupación furiosa—. Dijiste que podías manejar el poder, pero tu cuerpo está sufriendo el impacto.
Victoria levantó la mirada, fija y desafiante, y sujetó a Alexey por las solapas del chaleco, atrayéndolo hacia ella con la fuerza que aún le quedaba.
—No me digas lo que mi cuerpo puede o no soportar, Alexey Volkov —desafió ella entre dientes, acercando sus labios a los de él hasta que sus alientos se mezclaron—. Esta carne es mía y mi voluntad es la que manda. Si me desplomo, me levantas; si me muero, me resucitas a besos. Pero no me pidas que me detenga cuando tengo la victoria al alcance de la mano.
Alexey la miró con los ojos de acero ardiendo de una admiración desenfrenada. La tomó por la nuca y le dio un beso feroz, desesperado, mordiéndole la boca hasta que el sabor de su propia sangre se mezcló con el de ella, infundiéndole una energía salvaje que hizo que la Reina recuperara el color en las mejillas.
—Trato hecho, demonio insoportable —gruñó el capo contra sus labios—. Si te mueres, te persigo hasta el mismísimo infierno para traerte de vuelta a mi cama. Ahora vamos a terminar con Petrov.