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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

La noche bajó rápido.

En Hollow Creek no había luces lejanas ni el resplandor sucio de una ciudad. Cuando el sol se fue del todo, la oscuridad se cerró como una tapa. Solo quedaba el círculo naranja de la fogata y las caras de los cinco iluminadas a medias.

Camila se quedó en el mismo tronco. Tenía las piernas entumecidas y el polvo pegado a la piel. Leo le había prestado una chaqueta vieja que olía a humo y a sudor seco. La usó igual. El frío de la noche se metía por la espalda.

Tomi había vuelto a sacar el celular. Filaba la fogata y a ellos como si estuviera haciendo un documental.

—Si esto se pone raro, al menos queda grabado —dijo, medio en broma.

Nadie se rió.

Sofía estaba sentada con las rodillas juntas, mirando hacia el bosque. No había dejado de hacerlo desde que Camila llegó. Mateo daba vueltas alrededor del campamento, revisando las carpas y la camioneta. Naiara se había puesto a limpiar los restos de la cena con movimientos lentos, casi mecánicos.

—¿Cuánto tiempo piensan quedarse? —preguntó Camila.

Leo se encogió de hombros.

—Hasta el domingo, en teoría. Pero si no hay señal y el camino está así… no sé.

Un crujido seco cortó la conversación.

Todos levantaron la cabeza. Vino del lado izquierdo, entre los árboles más densos. Como una rama gruesa quebrándose bajo un peso.

Mateo se detuvo.

—¿Escucharon?

—Sí —contestó Sofía en voz baja.

Se quedaron callados. El fuego crepitaba. El viento movía las hojas altas, pero el crujido había sido distinto. Más cerca. Más pesado.

Tomi levantó el celular y apuntó hacia la oscuridad. La linterna del aparato apenas iluminaba tres metros.

—No veo nada.

—Apaga eso —le dijo Naiara—. Si hay alguien, le estás diciendo exactamente dónde estamos.

Tomi bajó el celular, pero no lo apagó del todo. La pantalla seguía iluminándole la cara desde abajo.

Camila sintió el estómago apretado. Recordó el olor dulce que había notado antes. Ahora parecía más fuerte. Como si el viento lo trajera a propósito.

Pasaron varios minutos sin que nadie hablara. Leo tiró más leña al fuego. Las llamas subieron y las sombras se alargaron de golpe, bailando entre los troncos.

—Voy a revisar la camioneta —dijo Mateo—. Dejé una linterna grande en la guantera.

Se alejó unos pasos. La oscuridad se lo tragó casi de inmediato. Solo se oyeron sus zapatos sobre las hojas secas.

Camila miró a los demás. Sofía tenía los puños cerrados sobre las rodillas. Naiara había dejado de limpiar. Leo observaba el punto donde Mateo había desaparecido.

De pronto se escuchó un golpe metálico.

Después un ruido de algo arrastrándose.

Y silencio.

—¿Mateo? —llamó Leo.

Nada.

Se levantó.

—Mateo.

Volvió a llamar, más fuerte. El eco se perdió entre los árboles.

Tomi se puso de pie también, el celular temblando en la mano.

—¿Y si…?

—Quédate aquí —le ordenó Leo. Miró a Camila y a las otras dos—. Todas aquí. No se separen.

Se internó en la oscuridad con una linterna pequeña que sacó del bolsillo. El haz de luz se movía nervioso, cortando el negro en franjas finas.

Camila se quedó en el tronco. El corazón le latía tan fuerte que le dolía el pecho. Contó los segundos. Diez. Veinte. Treinta.

De repente escucharon la voz de Leo:

—¡Está bien! ¡Está aquí!

Un momento después aparecieron los dos. Mateo venía pálido, con la camisa manchada de tierra. En la mano traía la linterna grande… pero estaba abierta y sin pilas. Las pilas habían desaparecido.

—Las dejé puestas —dijo Mateo, con la voz rara—. Juraría que las dejé puestas.

Nadie respondió.

Volvieron a sentarse cerca del fuego. Esta vez más juntos. Leo puso la linterna vacía a un lado. El metal brillaba sucio a la luz de las llamas.

Pasó una hora. O dos. Nadie miraba el reloj. El sueño no venía. Cada vez que el viento cambiaba, todos levantaban la cabeza.

Entonces Sofía se puso rígida.

—La comida.

Señaló el cooler que habían dejado cerca de una de las carpas. La tapa estaba abierta. Dentro solo quedaban dos botellas de agua y un paquete de galletas aplastado. El resto —la carne, el pan, las latas— había desaparecido.

Naiara se acercó y miró alrededor.

—No hay huellas. O las borramos nosotros al caminar.

Tomi levantó el celular otra vez.

—Esto… esto ya no es gracioso.

Camila se pasó una mano por la cara. Tenía el polvo pegado a la piel y el olor a humo en el pelo. Miró hacia el bosque. La oscuridad era completa. No se veía nada. Pero sentía que alguien, o algo, estaba ahí. Esperando.

Leo habló bajo:

—Mañana nos vamos. Temprano. Todos juntos. Hasta que encontremos una carretera de verdad.

Nadie discutió.

Apagaron el fuego poco a poco. Las brasas quedaron rojas un rato y después se volvieron grises. Se metieron en las carpas. Camila compartió una con Naiara y Sofía. El espacio era estrecho. Olía a tela húmeda y a miedo.

Camila se acostó vestida. Tenía los ojos abiertos en la oscuridad. Escuchaba la respiración de las otras dos. Y más allá, muy lejos o muy cerca, un sonido suave. Como algo pesado arrastrándose sobre hojas secas.

No se movió.

Solo esperó.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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