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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:333
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Lo que Sebastián protegía

—¿A Lucía?

La pregunta de Victoria salió apenas como un susurro.

Sebastián no respondió.

Victoria lo miró fijamente.

—Dijiste que escondiste la memoria para protegerla.

—Sí.

—¿De quién?

Sebastián miró hacia la puerta del almacén.

—Aquí no.

—No me importa.

—A mí sí.

—¡Sebastián!

Su hermano se acercó.

—Si hablamos aquí, todos vamos a terminar muertos.

Victoria miró alrededor.

Arturo y sus hombres ya no estaban.

El almacén había quedado en silencio.

Pero ese silencio resultaba todavía más inquietante.

Daniel permanecía apartado.

Lucía lloraba.

Victoria volvió a mirar a su hermano.

—Entonces vámonos.

—No podemos ir a casa.

—Lo sé.

—Tampoco podemos ir a la clínica.

—Ya lo sé.

Sebastián sacó unas llaves.

—Conozco un lugar.

---

El automóvil avanzó por una carretera oscura.

Victoria iba en el asiento trasero junto a Lucía.

Daniel conducía.

Sebastián iba adelante.

Nadie hablaba.

Finalmente Victoria rompió el silencio.

—Quiero saberlo todo.

Sebastián miró por el espejo.

—Lo sabrás.

—No mañana.

—Victoria...

—Ahora.

Sebastián respiró profundamente.

—La noche del accidente, tú descubriste algo.

—¿Qué?

—Que Arturo estaba detrás de los negocios de papá.

Victoria frunció el ceño.

—Eso ya lo sabía.

—No todo.

Sebastián continuó:

—Descubriste que papá estaba utilizando una empresa para mover dinero.

Daniel intervino:

—Dinero de Arturo.

—Sí.

Victoria miró a Daniel.

—¿Y tú lo sabías?

—Parte de ello.

Sebastián continuó.

—Pero había algo más.

—¿Qué?

—Papá no estaba trabajando para Arturo por dinero.

Victoria quedó sorprendida.

—¿Entonces?

—Arturo tenía algo contra él.

—¿Qué?

Sebastián guardó silencio.

Victoria insistió:

—¿Qué tenía?

—Una grabación.

—¿De qué?

—De una noche que ocurrió antes de que tú nacieras.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué pasó esa noche?

Sebastián miró nuevamente por el espejo.

—Murió una persona.

Lucía cerró los ojos.

—¿Quién?

Sebastián respondió:

—La primera esposa de Arturo.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Y qué tiene que ver mi padre?

—Estaba allí.

—¿La mató?

—No.

—Entonces ¿qué hizo?

Sebastián bajó la voz.

—Vio quién lo hizo.

El automóvil quedó en silencio.

Victoria miró a Lucía.

—¿Y Arturo lo amenazaba con esa grabación?

—No.

Sebastián negó.

—Arturo amenazaba a papá con otra cosa.

—¿Qué?

—Con la vida de ustedes.

Victoria quedó inmóvil.

—¿La nuestra?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque papá intentó denunciarlo.

Victoria sintió un escalofrío.

—Entonces ¿por qué terminó trabajando para él?

—Porque Arturo secuestró a alguien.

—¿A quién?

Sebastián miró a Lucía.

Victoria siguió su mirada.

—¿A Lucía?

Lucía negó.

—No.

Sebastián respondió:

—A la hermana de Lucía.

Victoria se quedó paralizada.

—¿Lucía tenía una hermana?

Lucía comenzó a llorar.

—Sí.

Victoria la miró.

—Nunca me lo dijiste.

—Porque murió.

Victoria sintió un nudo en la garganta.

—¿Cómo?

Lucía bajó la mirada.

—Desapareció cuando tenía diecisiete años.

Sebastián añadió:

—Arturo la utilizó para obligar a Lucía a guardar silencio.

Victoria miró a Lucía.

—¿Y tú sabías todo esto?

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Lucía respondió:

—Porque quería que tuvieras una oportunidad de vivir una vida normal.

Victoria negó.

—¿Normal?

Se le quebró la voz.

—Nada de esto ha sido normal.

---

Llegaron a una casa abandonada.

Sebastián bajó del automóvil.

—Aquí nadie nos encontrará.

Victoria miró la fachada.

—¿De quién era?

—De papá.

Entraron.

Había polvo por todas partes.

Sebastián encendió una lámpara.

—Aquí guardaba documentos.

Daniel cerró la puerta.

—Tenemos que ser rápidos.

Victoria lo miró.

—¿Por qué?

Daniel respondió:

—Porque Arturo sabe que Sebastián está con nosotros.

—¿Cómo?

—Tiene gente en todas partes.

Sebastián negó.

—No.

—¿Qué?

—No sabe dónde estamos.

Daniel lo miró.

—¿Cómo puedes estar seguro?

Sebastián sonrió.

—Porque yo fui quien le dio la dirección falsa.

Victoria se quedó mirándolo.

—¿Entonces por qué nos siguió?

Sebastián dejó de sonreír.

—Porque alguien nos traicionó.

Todos quedaron en silencio.

Victoria miró a Lucía.

Lucía miró a Daniel.

Daniel miró a Sebastián.

Nadie habló.

Entonces Sebastián sacó un pequeño dispositivo.

—Tengo algo.

—¿Qué es? —preguntó Victoria.

—Una grabadora.

—¿De cuándo?

—De la noche del accidente.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿La tenías tú?

—Sí.

—¿Y qué contiene?

—La conversación completa.

—¿Entre quiénes?

—Entre papá, Daniel y Mateo.

Daniel palideció.

—No.

Sebastián lo miró.

—Sí.

—Esa grabación se perdió.

—No.

—Yo la busqué durante años.

—Porque buscabas una copia.

Daniel quedó inmóvil.

Victoria lo miró.

—¿Qué hay en esa grabación?

Sebastián colocó el dispositivo sobre la mesa.

—La razón por la que ocurrió el accidente.

Presionó reproducir.

Una voz apareció.

La de su padre.

—Daniel, tienes que hacerlo.

Daniel respondió:

—No quiero.

Mateo intervino:

—No podemos llevarla así.

Victoria sintió un escalofrío.

Era su propia voz la que se escuchaba al fondo.

—¿Qué quieren de mí?

La voz de su padre respondió:

—Que olvides.

Victoria se llevó una mano a la boca.

La grabación continuó.

—No puedes obligarla.

—Sí puedo.

—¿Y si se resiste?

—Entonces Mateo hará lo necesario.

Se escuchó un golpe.

Después la voz de Lucía.

—¡Déjenla!

Victoria cerró los ojos.

La grabación siguió.

—¡Lucía, vete!

—¡No!

—¡Vete!

Después se escuchó un automóvil arrancar.

Daniel dijo:

—Yo conduzco.

Mateo respondió:

—No.

—Yo puedo hacerlo.

—Daniel, no sabes lo que estás haciendo.

—Sé perfectamente lo que hago.

Victoria abrió los ojos.

Miró a Daniel.

—Tú estabas consciente.

Daniel bajó la mirada.

—Sí.

La grabación continuó.

Se escuchó a Victoria gritar:

—¡Déjenme salir!

Después un ruido fuerte.

Un golpe.

Y silencio.

Victoria comenzó a llorar.

—¿Eso fue el accidente?

Sebastián asintió.

—Sí.

Pero entonces se escuchó una voz que ninguno esperaba.

La voz de su madre.

—¡Daniel!

Victoria quedó paralizada.

Su madre gritaba:

—¡No la lleves a casa! ¡Llévala al hospital!

Daniel respondió:

—Está inconsciente.

—¡Entonces hazlo!

Después se escuchó otra voz.

La de Arturo.

—No.

Todos quedaron inmóviles.

Arturo dijo:

—No la lleves al hospital.

Victoria sintió un escalofrío.

Su madre respondió:

—Está herida.

—Eso no importa.

—¡Es mi hija!

—Si recuerda, todos estamos perdidos.

La grabación terminó.

Victoria quedó en silencio.

—Entonces mi madre también estaba allí.

Sebastián asintió.

—Sí.

—¿Y Arturo?

—También.

Victoria miró a Daniel.

—¿Y tú?

Daniel bajó la mirada.

—Sí.

Victoria sintió que las lágrimas corrían por su rostro.

—Todos estuvieron allí.

Lucía se acercó.

—Yo llegué después.

Victoria la miró.

—Pero llegaste.

—Sí.

—¿Y qué viste?

Lucía comenzó a llorar.

—Te vi inconsciente.

—¿Quién estaba contigo?

—Nadie.

—Mientes.

Lucía negó.

—No.

Victoria se quedó observándola.

—Entonces ¿por qué mi hermano dijo que escondió la memoria para protegerte?

Lucía no respondió.

Sebastián intervino.

—Porque Arturo creía que Lucía tenía otra copia.

Victoria miró a Lucía.

—¿La tienes?

Lucía cerró los ojos.

—Sí.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—La escondí hace años.

—¿Dónde?

Lucía lloró.

—En un lugar que solo tú conocías.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué lugar?

Lucía la miró.

—Nuestra antigua casa.

Victoria quedó inmóvil.

La casa donde ella y Lucía habían vivido su historia a escondidas.

La casa que había creído destruida.

—¿Todavía existe?

—Sí.

—¿Y la memoria está allí?

Lucía asintió.

—Probablemente.

Daniel intervino:

—No podemos ir.

Victoria lo miró.

—¿Por qué?

—Porque Arturo sabe que existe.

Sebastián negó.

—No sabe dónde.

Daniel respondió:

—Sí sabe.

Todos se giraron hacia él.

—¿Cómo?

Daniel sacó su teléfono.

Mostró un mensaje.

“Gracias por llevarlos hasta la casa.”

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Quién te lo mandó?

Daniel no respondió.

—Daniel.

Él levantó lentamente la mirada.

—Arturo.

Victoria se quedó inmóvil.

—Entonces sabe dónde estamos.

Daniel asintió.

—Sí.

De pronto, las luces de la casa se apagaron.

Todos quedaron en silencio.

Sebastián tomó una linterna.

—No hagan ruido.

Afuera se escuchó un automóvil.

Después otro.

Y otro.

Victoria miró a Lucía.

—Nos encontraron.

Sebastián sacó un arma.

—Hay una salida detrás de la cocina.

Daniel negó.

—No.

—¿Qué?

—La bloquearon.

Todos lo miraron.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Cómo sabes eso?

Daniel no respondió.

—¿Cómo sabes que la salida está bloqueada?

Daniel cerró los ojos.

—Porque yo les dije dónde estaba.

Victoria retrocedió.

—¿Qué?

—No tuve opción.

Sebastián lo empujó.

—¡Nos traicionaste!

—¡No!

—¡Mentiroso!

Daniel lo apartó.

—¡Si no lo hacía, Arturo mataba a mi madre!

Victoria quedó inmóvil.

—¿Tu madre?

Daniel asintió.

—Arturo la tiene.

—¿Desde cuándo?

—Desde ayer.

Lucía se acercó.

—¿Por qué no nos lo dijiste?

—Porque sabía que no me creerían.

Victoria lo miró.

—Ahora tampoco sé si creerte.

Un golpe estremeció la puerta.

Todos quedaron paralizados.

Después una voz.

—¡Daniel!

Era Arturo.

—¡Sal!

Daniel cerró los ojos.

—Tengo que ir.

Victoria lo tomó del brazo.

—No.

—Si no salgo, entrarán.

—Que entren.

—Te matarán.

Victoria lo miró.

—Entonces pelearemos.

Sebastián negó.

—No podemos.

Arturo volvió a gritar:

—¡Tienen cinco minutos!

Victoria miró a su hermano.

—¿Qué hacemos?

Sebastián respondió:

—Hay un sótano.

—¿Dónde?

—Debajo de la cocina.

—¿Y la salida?

—Hay un túnel.

Daniel lo miró.

—Ese túnel fue sellado.

Sebastián sonrió.

—No completamente.

---

Bajaron al sótano.

La puerta de arriba comenzó a romperse.

Golpes.

Uno tras otro.

Victoria tomó la mano de Lucía.

—No me sueltes.

—Nunca.

Sebastián movió unas cajas.

Apareció una puerta de metal.

—Aquí.

La abrió.

Un túnel oscuro apareció frente a ellos.

—Vamos.

Entraron.

Caminaron rápidamente.

Detrás de ellos se escuchó un estruendo.

La puerta del sótano había sido derribada.

Arturo gritó:

—¡Encuéntrenlos!

Los cuatro avanzaron por el túnel.

Victoria iba última.

De repente escuchó pasos detrás.

Se giró.

No vio a nadie.

—¿Victoria? —gritó Lucía.

—¡Voy!

Continuó.

Pero al llegar a una bifurcación, encontró algo en el suelo.

Una fotografía.

La levantó.

Era ella.

Lucía.

Y una tercera persona.

Una mujer joven.

Victoria miró a Lucía.

—¿Quién es ella?

Lucía se quedó inmóvil.

—Mi hermana.

Victoria miró la fotografía.

En la parte posterior había una fecha.

Tres días después del supuesto fallecimiento.

Victoria sintió un escalofrío.

—Lucía...

—¿Qué?

—Tu hermana estaba viva después de desaparecer.

Lucía comenzó a temblar.

—No.

Victoria le mostró la fotografía.

—Mira.

Lucía la tomó.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Dónde encontraste esto?

—Aquí.

Sebastián se acercó.

—Eso significa que...

Una voz surgió desde la oscuridad.

—Sí.

Todos se giraron.

Una mujer apareció al fondo del túnel.

Lucía dejó caer la fotografía.

—No...

La mujer dio un paso adelante.

—Hola, hermana.

Lucía quedó completamente paralizada.

Victoria miró a la desconocida.

—¿Quién eres?

La mujer sonrió.

—Soy la persona por la que Lucía hizo aquel trato con Arturo.

Lucía comenzó a llorar.

—Pensé que estabas muerta.

La mujer respondió:

—Eso era lo que querían que creyeras.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Quiénes?

La mujer miró hacia Sebastián.

Después a Daniel.

Finalmente a Victoria.

—Todos los que llevan diez años mintiéndote.

Y entonces levantó una pequeña memoria USB.

—Porque yo tengo la copia que ustedes están buscando.

Victoria dio un paso adelante.

—¿Qué contiene?

La mujer respondió:

—La verdad completa sobre aquella noche.

Desde el otro extremo del túnel comenzaron a escucharse pasos.

Arturo los había encontrado.

La mujer guardó la memoria.

—Si quieren vivir, tendrán que confiar en mí.

Lucía miró a su hermana.

—No.

La mujer sonrió.

—¿Por qué?

Lucía respondió con lágrimas:

—Porque tú también desapareciste para proteger a alguien.

La sonrisa de la mujer desapareció.

Victoria miró a Lucía.

—¿A quién protegió?

Lucía no respondió.

Y en ese momento, la mujer pronunció un nombre.

—A tu madre.

Victoria sintió que el corazón le daba un vuelco.

Su madre.

La mujer que había jurado no saber nada.

La mujer que había vivido diez años ocultando secretos.

Y ahora parecía estar en el centro de todo.

Los pasos se acercaban.

Arturo gritó desde la oscuridad:

—¡No la escuchen!

La mujer sonrió.

—Demasiado tarde.

Sacó la memoria USB.

—Porque aquí está la grabación que demuestra quién ordenó realmente el accidente.

Victoria contuvo la respiración.

—¿Quién?

La mujer miró directamente a sus ojos.

—Tu madre.

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