Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Festival de la cosecha 1
Dos días después comenzó el Festival de la Cosecha.
Y Caroline estaba fascinada.
Desde que llegó a la plaza principal, no había dejado de mirar a todas partes.
Había flores por las calles, guirnaldas de colores colgando entre los edificios, puestos de comida, música, juegos y familias enteras disfrutando de la celebración.
Los niños corrían de un lado a otro.
Los vendedores gritaban ofreciendo sus productos.
Los músicos tocaban canciones alegres.
Y prácticamente todo el mundo parecía estar sonriendo.
Caroline dio una pequeña vuelta sobre sí misma.
—¡Es precioso!
Una de sus doncellas sonrió.
—¿Le gusta el festival, mi lady?
—¡Muchísimo!
Caroline respiró profundamente.
[Esto es exactamente lo que necesitaba.]
Había trabajado muchísimo durante las últimas semanas con la escuela.
Había tenido reuniones, documentos, problemas con proveedores, decisiones que tomar y más de una noche en la que terminó agotada.
Pero aquel día quería simplemente disfrutar.
Y además se sentía preciosa.
Había elegido cuidadosamente su vestido.
Era elegante, femenino y favorecía su figura.
Caroline se había mirado varias veces antes de salir de la mansión.
No porque esperara encontrar a alguien.
Simplemente porque quería verse bonita.
Y para ella eso siempre había sido suficiente.
[En realidad, nunca necesité arreglarme para salir con alguien.]
Recordaba su antigua vida.
Para ella, arreglarse siempre había significado sentirse bien consigo misma.
No necesitaba una cita.
No necesitaba una fiesta.
No necesitaba que alguien le dijera que estaba hermosa.
Si ella se miraba al espejo y pensaba me veo bonita, eso bastaba.
Y ahora, en aquella nueva vida, finalmente podía disfrutarlo sin culpa.
Caroline sabía perfectamente que su cuerpo no correspondía al ideal de belleza de aquella época.
La mayoría de las mujeres nobles parecían esforzarse por conseguir una silueta extremadamente delgada.
Era la moda.
La tendencia.
El estándar de belleza.
Pero Caroline se miró discretamente.
Luego sonrió.
[Qué curioso.]
Había algo casi divertido en ello.
Porque, según ella, aquella moda parecía haber sido creada principalmente por las propias mujeres.
Los hombres, en cambio...
Caroline había notado algunas miradas.
No de manera vulgar necesariamente. O al menos no todas.
Pero sí lo suficiente para comprender que sus curvas llamaban la atención.
Ella soltó una pequeña risa.
[Definitivamente los hombres de esta época no parecen estar siguiendo exactamente la misma tendencia.]
Pero no le importaba.
No necesitaba que los hombres la encontraran hermosa.
Le gustaba que ella se encontrara hermosa.
Y eso era mucho más importante.
Caroline levantó un poco el mentón.
[Ya no voy a esconderme.]
—Lady Caroline.
Ella se giró.
Un hombre se acercaba entre la gente.
Era alto, de cabello oscuro y apariencia elegante, pero mucho menos rígida que la mayoría de los nobles que había conocido.
Tenía ojos cálidos y una sonrisa amable.
En sus manos llevaba un hermoso ramo de flores.
Caroline abrió los ojos con sorpresa.
—¿Para mí?
El hombre sonrió.
—Para usted.
Hizo una pequeña reverencia.
—Conde Kraft.
Caroline reconoció el apellido.
Era uno de los hombres que le había enviado flores anteriormente.
—Ah...
Su rostro se iluminó.
—¡Muchas gracias!
Recibió el ramo.
—Son preciosas.
—Me alegra que le gusten.
Kraft la miró con una sonrisa.
—¿Le gustaron las anteriores?
Caroline rio suavemente.
—Sí. Mucho.
—Temía que quizá fueran demasiado sencillas.
—No.
Ella miró las flores.
—Me encantaron.
Kraft pareció aliviado.
—Entonces tendré que seguir enviándolas.
Caroline soltó una pequeña carcajada.
—¿Siempre es así de directo?
—Solo cuando creo que vale la pena.
Caroline lo miró sorprendida.
[Oh.]
El conde Kraft era diferente de lo que había imaginado.
No parecía estar tratando de impresionarla constantemente.
No hablaba de sus riquezas.
No presumía de sus títulos.
En cambio, saludaba a las personas que pasaban.
Se detenía para hablar con algunos comerciantes.
Incluso saludó a un niño que lo reconoció.
—¡Conde Kraft!
—¡Pequeño Thomas!
El niño sonrió.
—¿Va a participar en el concurso de lanzamiento?
—Por supuesto.
—¡Entonces voy a ganarle!
Kraft se rio.
—Eso quiero verlo.
Caroline observó la escena.
Sonrió.
[Es agradable.]
Era un hombre sencillo.
Amable.
Se reía con facilidad.
Y parecía tratar a las personas de cualquier posición con respeto.
Kraft volvió junto a ella.
—¿Le gustaría caminar un poco?
Caroline miró a sus doncellas.
Ellas intercambiaron una mirada y sonrieron discretamente.
—Claro.
Comenzaron a caminar entre los puestos.
Kraft le mostró algunos de los juegos tradicionales del festival y le explicó las costumbres de la celebración.
Caroline se reía constantemente.
—¡Eso es imposible!
—Le aseguro que es verdad.
—¿Y realmente los hombres tienen que intentar atrapar el fruto con los ojos vendados?
—Sí.
—Eso suena peligrosísimo.
—Por eso es divertido.
Caroline volvió a reír.
Y por primera vez desde que había llegado al festival, dejó de pensar en la escuela.
Simplemente disfrutó.
No sabía si Kraft podría llegar a gustarle.
Todavía era demasiado pronto para eso.
Pero ciertamente estaba pasando un buen momento.
A cierta distancia, un hombre de cabello blanco observaba la escena.
Fitzroy.
Había llegado al festival hacía poco.
Su presencia había causado bastante sorpresa entre sus hombres.
El duque de hielo, que normalmente evitaba las celebraciones multitudinarias, estaba allí.
Y ahora permanecía completamente quieto.
Mirando.
Primero había visto a Caroline.
Había pensado que se veía hermosa.
Después había visto las flores.
Luego al hombre que las entregaba.
Y finalmente escuchó su nombre.
—Conde Kraft.
Fitzroy entrecerró los ojos.
[Así que este es el conde.]
Uno de sus oficiales, parado detrás de él, miró en la misma dirección.
—¿Mi lord?
—Nada.
Fitzroy siguió observando.
Kraft hizo reír a Caroline.
Ella sonrió.
Después el conde se inclinó ligeramente hacia ella para decirle algo.
Caroline volvió a reír.
Una pequeña capa de hielo apareció sobre la copa que Fitzroy sostenía.
El oficial la miró.
—Mi lord...
Fitzroy observó la copa.
—¿Qué?
—Su bebida.
Miró el vaso.
Estaba completamente congelado.
—Ah.
Lo dejó a un lado.
—Debe ser el clima.
El oficial miró el cielo despejado.
—Claro.
Fitzroy volvió a mirar a Caroline.
El conde Kraft le estaba mostrando algo en uno de los puestos.
Ella parecía estar disfrutando muchísimo.
[Es un hombre amable.]
Eso era lo peor.
Si Kraft hubiera sido arrogante, presumido o desagradable, Fitzroy habría tenido mil razones para considerarlo indigno.
Pero no.
El hombre parecía genuinamente agradable.
[Qué conveniente.]
Fitzroy apretó ligeramente la mandíbula.
Kraft volvió a mirar a Caroline.
Esta vez sus ojos se detuvieron durante un instante más de lo necesario.
Fitzroy lo notó.
Inmediatamente.
Su expresión cambió.
[¿Y esa mirada?]
El duque cruzó los brazos.
[Está interesado en ella.]
No era una deducción complicada.
Las flores.
El paseo.
La sonrisa.
Todo estaba bastante claro.
Fitzroy sintió cómo la temperatura a su alrededor volvía a descender.
Uno de los soldados dio un pequeño paso hacia atrás.
—Mi lord...
—Estoy perfectamente bien.
—No dije nada.
—Pero lo estabas pensando.
El soldado guardó silencio.
Fitzroy volvió a observarlos.
Caroline estaba sonriendo.
Se veía feliz.
Y él intentó recordar por qué había ido al festival.
Había ido para conocer la celebración.
Eso era todo.
También necesitaba asegurarse de que Caroline no fuera una amenaza.
Y quería conversar con ella sobre las escuelas.
Y...
[Está bien.]
Suspiró.
[Y también quiero saber qué pretende ese hombre.]
Se quedó observando al conde Kraft.
[Es solo una investigación.]
Después miró nuevamente a Caroline.
[Una investigación muy importante.]
Y cuando Kraft volvió a hacerla reír, Fitzroy sintió unas ganas enormes de congelar absolutamente todo el festival.
Los puestos.
Las flores.
La música.
Los juegos.
Al conde.
Especialmente al conde.
Pero se contuvo.
Porque, por ahora, todavía tenía que fingir que no estaba celoso.
Aunque cada vez le resultaba más difícil convencer incluso a sí mismo.
🥲
Eso le pasa a Bruno por no actuar rápido😅
Y Caroline está jugando con hielo, en usar al pobre Conde como pieza sacrificable para disfrutar de los celos y posesividad de Bruno
😅