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Desarmando Al Príncipe De Ojos Frios

Desarmando Al Príncipe De Ojos Frios

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Amor eterno / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Tras los frío ojos del príncipe Jack hay un fuego que intenta controlar, ¿un diario robado y el amor de una joven dama sera suficiente para derribar las murallas del príncipe?

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Tácticas de Seducción y Recuerdos Escritos

La luz de la medianoche comenzaba a extinguirse en los aposentos de Jessica. Sobre las sábanas de seda, el cuaderno de cuero negro permanecía abierto. Jessica sabía muy bien que el diario solo contenía reflexiones escritas hasta el preciso día en que la Princesa Julieta lo tomó a escondidas del estudio privado de Jack. No habría más entradas futuras que revelaran sus pensamientos presentes, pero lo que ya estaba grabado en aquellas páginas era una mina de oro inapreciable.

Con una paciencia casi quirúrgica, la joven duquesa recorrió nuevamente las entradas más antiguas del diario, buscando pasajes clave donde el príncipe hubiera registrado, sin saberlo, sus mayores puntos de vulnerabilidad hacia ella.

"12 de Agosto.

Hoy coincidimos en el pasillo de la biblioteca imperial. Llevaba un vestido de muselina clara que se ajustaba con delicadeza a su cintura. Mientras sostenía un tomo de historia, el sol entraba por el ventanal e iluminaba la línea suave de sus hombros. Cuando se pasó los dedos por el cuello para apartarse un mechón de cabello, sentí que la garganta se me cerraba. Es intolerable la facilidad con la que un simple gesto de sus manos hace que olvide cualquier estipulación de la corte. Su perfume a lirios y nieve me persiguió durante todo el consejo de ministros."

"28 de Septiembre.

En la cena oficial con los embajadores, se inclinó ligeramente sobre la mesa para hablarme al oído. La cercanía de su aliento cálido contra mi piel provocó un escalofrío que me obligó a tensar cada músculo del cuerpo. Si se hubiera acercado un centímetro más, habría perdido el juicio. Tuve que responderle de la forma más tajante y seca posible para obligarla a retroceder. Necesito que guarde la distancia; su aliento cerca de mí es un veneno dulce al que jamás debo ceder."

Jessica rozó la superficie del papel con la punta de las uñas. Una sonrisa astuta y llena de determinación iluminó su rostro en la penumbra de la habitación.

Jack había pasado meses construyendo una fortaleza impenetrable a su alrededor, usando palabras hirientes y miradas de hielo para mantenerla alejada. Pero ahora, Jessica conocía cada fisura de ese muro. Sabía qué miradas lo desarmaban, qué aromas capturaban su atención, qué tono de voz aceleraba sus latidos y qué gestos físicos amenazaban con derribar su disciplina militar.

—Así que mi aliento es tu veneno dulce, ¿eh, mi Príncipe? —susurró Jessica para sí misma, con los ojos brillando de picardía—. Veamos cuánto tiempo puedes resistirte cuando decida usarlo en tu contra.

Jessica cerró el diario y lo guardó cuidadosamente en su compartimento secreto. Ya no se limitaría a sonreír con timidez o a ofrecerle tazas de té en los jardines. Iba a emplear cada uno de los secretos revelados en el cuaderno para tentar el autocontrol del hombre que amaba, obligándolo a romper la fría máscara con la que se ocultaba del mundo.

La tarde siguiente, el ambiente en el palacio era tranquilo. Las lluvias invernales habían dado paso a una brisa helada que invitaba a refugiarse en los salones interiores. Jessica calculó minuciosamente su movimiento. Sabiendo que Jack solía revisar los informes de patrulla en la Gran Biblioteca Imperial durante las horas previas al anochecer, se preparó con especial esmero.

Eligió un vestido de terciopelo borgoña con un escote de corte cuadrado que acentuaba la blancura de su cuello y la línea de sus clavículas. No llevaba joyas ostentosas, solo un pequeño broche de plata y un toque del extracto de lirios frescos y esencia de nieve en sus muñecas y tras las orejas.

Al entrar a la biblioteca, los pasos de Jessica sobre las alfombras persas fueron prácticamente inaudibles. Al fondo de la sala, iluminado por la luz tenue de una gran chimenea de piedra, Jack estaba sentado frente a una enorme mesa de caoba cubierta de mapas y documentos. Llevaba la camisa de lino blanco ligeramente abierta en el cuello y la chaqueta militar doblada sobre la silla adyacente.

Jessica caminó hacia las estanterías laterales, asegurándose de que el crujido de la seda de su falda revelara su presencia.

Jack no levantó la vista de sus papeles de inmediato, pero la rigidez instantánea en sus hombros delató que sabía exactamente quién acababa de entrar.

—La biblioteca requiere silencio, Lady Jessica —dijo el príncipe sin mirarla, con la voz grave y autoritaria—. Si busca libros de poética o novelas de salón, se encuentran en el ala este.

—No busco poesía, Alteza —respondió Jessica con una voz suave y profunda, acercándose lentamente a la mesa de caoba—. Busco un tratado sobre las campañas militares del norte. Tengo entendido que es su especialidad.

Jack levantó la mirada, encontrándose con la figura de Jessica iluminada por la luz dorada del fuego. Por un segundo imperceptible, sus ojos grises se dilataron al recorrer el vestido borgoña y detenerse en la curva descubierta de su cuello. Apretó la pluma de ganso que sostenía con tal fuerza que la madera crujió.

—Los tratados militares no son lectura apropiada para una dama de su alcurnia —sentenció él, tratando de infundir a su voz la habitual indiferencia helada—. Le sugiero que no pierda el tiempo.

En lugar de retroceder como solía hacer semanas atrás, Jessica rodeó la mesa y se colocó justo al lado de la silla del príncipe. Se inclinó sobre la superficie de madera para alcanzar un tomo grueso que reposaba a pocos centímetros de la mano de Jack. Al hacerlo, el aroma denso de los lirios envolvió el espacio entre ellos, y la tela de su falda rozó ligeramente la pierna del príncipe.

Jack se quedó completamente inmóvil. Su respiración se volvió pesada y cortada.

—¿Este es el volumen que mencionaba? —preguntó Jessica en un susurro, aproximando su rostro al de él.

Se aseguró de inclinarse lo suficiente para que la calidez de su aliento rozara la mandíbula y el cuello de Jack, recreando exactamente la situación que él había descrito con angustia en su diario.

El príncipe cerró los ojos por un instante, apretando los dientes con una ferocidad contenida. El calor que emanaba del cuerpo de Jessica era una tentación abrasadora. Podía ver las pequeñas pecas en su piel, el brillo de sus labios carnosos a escasos centímetros de los suyos y la chispa provocativa y sensual que bailaba en las pupilas de la joven.

—Está demasiado cerca, Lady Jessica —murmuró Jack con una voz rasposa y oscura, sin apartar la mirada de sus labios.

—¿Le molesta, Alteza? —provocó ella, pasándose lentamente los dedos por la clavícula en un gesto estudiado, sosteniéndole la mirada sin un solo pestañeo—. Pensé que un aguerrido comandante del norte no se dejaría perturbar por la simple proximidad de una dama.

El rostro de Jack se ensombreció. Había una batalla encarnizada librándose tras sus ojos grises. Sus puños sobre la mesa estaban apretados y las venas de sus brazos se marcaban bajo la camisa de lino. El instinto salvaje que había confesado en su diario luchaba desbocado por tomar el control.

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Sam Garcia Rodriguez
....
Klaris DQ
la historia esta hermosa de principio a fin, felicito a la autora por su talento y voy a leer tus otras historias porque me encanto
Lelixi: muchas gracias!!!!/Heart/
total 2 replies
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