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EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Demonios / Brujas / Hombre lobo / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rosaly es una loba Alfa de pura sangre, primogénita de la manada Tierra de Fuego. Sin embargo, para huir de las guerras y de la presión por encontrar a su pareja ideal, se exilia en la ciudad y abre el Spa Serenidad Azul junto a su mejor amiga Thais. Su pacífica vida de oficina cambia por completo cuando dos hombres imponentes vestidos de traje entran exigiendo un masaje VIP.
Al cruzar miradas, su loba ruge una palabra: «¡MATE!». El cliente de ojos carmesí es Asmodeo Vane, el mismísimo Rey del Inframundo. Él busca a unos demonios traidores compinchados con brujas oscuras y con el tío rebelde de Rosaly para destruir a su familia.
Rosaly no es una sumisa damisela en apuros y Asmodeo no acepta un «no» por respuesta. En medio de un sensual tira y afloja entre la CEO de la ciudad y el Soberano del Abismo, se sellará la alianza más peligrosa de sus vidas. ¿Podrá el fuego del infierno domar el orgullo de la manada?

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CAPITULO 2. AROMATERAPIA Y PRESAGIOS OSCUROS

Terminé de cerrar la videollamada con mis padres y me quedé mirando la pantalla en negro del ordenador durante un buen rato. Tenía un nudo en el estómago que ni el mejor de los masajes de mi Spa sería capaz de disolver. Thais estaba sentada en el borde de mi escritorio, mordiéndose las uñas, algo rarísimo en ella que siempre tiene la manicura perfecta y es la reina de la cordura. Las dos sabíamos que las cosas en la manada Tierra de Fuego se estaban poniendo color de hormiga. Mi tío Gustav no se iba a andar con chiquitas, y eso de que hubiera metido magia oscura y pactos demoníacos en la ecuación nos tenía con el corazón en un puño.

—Ros, esto no me gusta nada —dijo Thais, rompiendo el silencio con un hilo de voz—. Tu padre es el Alfa más fuerte que conozco, pero contra demonios reales… No sé. Siento una vibración rarísima en el pecho desde esta mañana. Como si el aire pesara más.

—Yo también lo siento —admití, levantándome de la silla para estirar las piernas y tratar de sacudirme la tensión. Ser una Alfa poderosa viviendo en la ciudad significaba que mis sentidos seguían estando alerta, por mucho que me camuflara entre los humanos con mis trajes de chaqueta elegantes y mis tacones de diseñador. —Pero no podemos volvernos locas. Si nos presentamos allí de repente, romperíamos el equilibrio de la manada y distraeríamos a nuestros padres en el peor momento. Mi hermano Saúl tiene que demostrar que está listo para liderar, y nosotras tenemos que mantener la cabeza fría aquí.

Thais suspiró, asintiendo a regañadientes. Ella sabía que yo tenía razón. Nuestro exilio voluntario había sido por el bien de la manada, y aunque doliera estar a cuarenta kilómetros de distancia sin poder meter las garras en la pelea, la mejor forma de ayudar era no estorbar. Al menos, por ahora.

Para despejar la mente, decidimos bajar a la recepción de nuestro "bebé": el Spa Serenidad Azul. Habíamos tardado años en levantarlo, combinando mis conocimientos de administración de empresas y el talento inigualable de Thais para la cosmética y el bienestar. El lugar era un oasis en medio del bullicio de la ciudad. Las paredes eran de tonos tierra y azul pastel, el aire olía a una mezcla relajante de lavanda, eucalipto y sándalo, y de fondo siempre sonaba una música suave de cascadas que ablandaba al humano más estresado. Habíamos creado un imperio del descanso, y la verdad es que nos iba de maravilla. Los clientes VIP se daban bofetadas por conseguir una cita con nosotras.

—Hola, chicas. ¿Cómo ha ido la llamada? —nos saludó Elena, nuestra recepcionista humana, una chica encantadora que creía que Thais y yo éramos simplemente dos adictas al gimnasio y a la vida sana.

—Todo bien, Elena, lo típico de la familia —mentí con una sonrisa profesional impecable, de esas que aprendes a poner cuando eres la jefa de un negocio—. ¿Cómo viene la agenda para esta tarde?

—A tope, como siempre —respondió Elena, revisando la tablet—. Pero acaba de entrar una reserva de última hora que me ha dejado un poco descolocada. Es para la suite privada de hidroterapia y masaje doble.

Thais arqueó una ceja, cruzándose de brazos.

—¿De última hora? Sabes que no solemos aceptar eso a menos que sea un cliente muy habitual, Elena. La preparación de los aceites y las termas lleva su tiempo.

—Ya, lo sé, de verdad que lo siento —se disculpó la recepcionista, bajando un poco la voz—. El hombre que llamó tenía una voz que… bueno, os juro que me entraron escalofríos solo de escucharlo. No aceptaba un "no" por respuesta. Dijo que pagaría el triple de la tarifa estándar en efectivo y que su jefe necesitaba privacidad absoluta y de inmediato. Además, el sistema aceptó el pago con tarjeta VIP internacional al instante. Llegan en diez minutos.

Miré a Thais y ella me devolvió la mirada. Hubo algo en las palabras de Elena que encendió una pequeña chispa de alerta en mi interior. No era miedo, para nada, los Alfas no nos asustamos tan fácil, pero sí una curiosidad punzante. ¿Quién pagaba el triple por un masaje de urgencia a mitad de la tarde?

—Está bien, no te preocupes, Elena —le dije, dándole una palmadita en el hombro—. Thais y yo nos encargaremos personalmente de esa suite. Prepara el registro y avísanos en cuanto lleguen.

Nos dirigimos al pasillo VIP del Spa. El ambiente allí era aún más silencioso, iluminado solo por velas tenues y luces LED indirectas. Mientras Thais preparaba las esencias de masaje y yo regulaba la temperatura del agua de la piscina de hidromasaje, el ambiente empezó a cambiar. No fue algo que un humano pudiera notar, pero para dos cambiaformas con los sentidos agudizados al máximo, fue evidente.

El olor a lavanda del Spa fue sepultado de golpe por un aroma denso, magnético y profundamente oscuro. Olía a tormenta, a ozono, a fuego antiguo y a un perfume de diseño tan caro que resultaba intimidante. Mi loba, Kala, que llevaba años dormida y tranquila, disfrutando de la vida de oficina, de repente se puso en guardia. Arañó mi interior, erizando su pelaje gris ceniza en mi mente. Su respiración se aceleró y sentí cómo la temperatura de mi propio cuerpo subía varios grados.

—Ros… —susurró Thais desde la esquina de la habitación. Tenía las manos apoyadas en la mesa de masajes y sus ojos castaños brillaban con el destello dorado de su loba, Dione—. ¿Hueles eso? Qué demonios es…

No pudo terminar la frase. En ese preciso instante, la puerta corredera de madera de la suite se abrió de par en par.

Dos hombres entraron en la habitación, y el tiempo pareció detenerse por completo. Eran altísimos, de espaldas anchas y vestidos con trajes hechos a medida que gritaban poder y dinero por cada costura. El que iba un paso por detrás tenía el cabello oscuro cortado con precisión militar y unos ojos grises tan fríos que congelaban la sangre; se movía con la eficiencia de un depredador curtido.

Pero el que iba delante… el que iba delante me cortó la respiración.

Tenía el cabello negro como la boca del lobo, cayéndole de forma casual sobre la frente, y unas facciones tan perfectas y afiladas que parecían esculpidas en mármol. Cuando levantó la vista, encontré unos ojos de un color rojo carmesí tan intenso que brillaban en la penumbra de la sala. No era un Alfa. No era un lobo. El poder que emanaba de su cuerpo era aplastante, una fuerza oscura y primigenia que hacía que el suelo bajo mis pies pareciera temblar.

En el segundo exacto en que sus ojos rojos se clavaron en los míos, un latigazo de energía pura recorrió mi columna vertebral. Fue como si una corriente eléctrica me quemara por dentro, uniendo mi alma a la suya en un contrato invisible. Dentro de mi cabeza, Kala dio un aullido ensordecedor, tomando el control de mis ojos para que brillaran en un zafiro intenso. Una sola palabra resonó con la fuerza de un trueno:

"¡MATE!"

Casi al mismo tiempo, escuché un pequeño jadeo ahogado a mi lado. Miré de reojo y vi a Thais completamente pálida, con los ojos fijos en el hombre de ojos grises. Dione, su loba canela, estaba arañando el lazo. El hombre de ojos grises también se había quedado petrificado en la entrada, mirándola como si acabara de ver el tesoro más preciado del universo.

El hombre de ojos rojos dio un paso hacia el frente, cerrando la distancia entre nosotros. Su mirada recorrió mi cuerpo con una osadía que me encendió la sangre. Una sonrisa lenta, peligrosa y endemoniadamente atractiva se dibujó en sus labios perfectos.

—Vaya… —su voz era un ronroneo grave que vibró directamente en mi pecho—. Venía buscando un poco de paz humana para quitarme el estrés de los negocios, y resulta que me encuentro con mi reina.

¿Su reina? ¿Pero este de qué iba? El lazo de la Diosa Luna podía estar gritando que este hombre era mi otra mitad, pero mi orgullo de Alfa y mis treinta años de independencia no se iban a arrodillar ante un desconocido con aires de grandeza, por muy guapo que estuviera. Kala estaba vuelta loca en mi interior, queriendo que saltara a sus brazos, pero yo le puse un freno de mano mental.

—Mire, caballero —dije, cruzándome de brazos y plantándole cara con mi mejor postura de CEO, sosteniéndole la mirada carmesí sin pestañear—. No sé qué clase de negocios maneje ni a qué reinas esté acostumbrado a tratar, pero está en mi establecimiento. Aquí se viene con cita, con respeto y sin liberar esa energía tan pesada que me está espantando a las terapeutas. Así que baje los humos o le cancelo la reserva ahora mismo.

A mi lado, Thais pareció reaccionar ante mi tono y dio un paso al frente, interponiéndose sutilmente entre el de ojos grises y yo, con la barbilla en alto. El ayudante la miró con una mezcla de sorpresa y fascinación absoluta. Jamás una loba de rango beta le había plantado cara a un demonio de su nivel.

El líder soltó una carcajada limpia, un sonido que extrañamente me aceleró el pulso. Sus ojos rojos brillaron con una diversión peligrosa.

—Me presento, ya que la etiqueta humana parece importarte tanto. Soy Asmodeo Vane —dijo, dando un paso más, quedando a escasos centímetros de mí, tanto que podía oler el fuego y el peligro en su piel—. Y el que me acompaña es Damian Cross. Y no te equivoques, mi lobita… No te llamo reina por capricho. Lo digo porque el lazo que acabas de sentir nos une para siempre. Eres mía. Y yo no suelo dejar que lo que me pertenece me hable en ese tono.

La tensión en la habitación se volvió tan espesa que casi se podía cortar con un cuchillo. El Rey Demonio acababa de lanzar el primer ataque directo, pero no tenía ni idea de que yo no era una loba sumisa dispuesta a dejarse domar.

1
Blanca Montero Angulo
Por la confianza y arrogancia.
Blanca Montero Angulo
Desgraciados parásitos. ojalá los haga sufrir mucho. 😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Pobresitos los lobitos asesinados. 😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
Se lo toman bien al menos 😅😅😅😅😅🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Y sobre todo la tal morgana. le va a ayudar 🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Nancy Liliana Ayrala Gaeta
me encantó 😍 hermosa historia 🤩
Blanca Montero Angulo
Así es, dejen de jugar carajos 🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍guao ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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