Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.
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Capitulo 23
SANTIAGO
La mañana comenzó con una calma que, para cualquiera, habría parecido normal, pero yo sabía que no lo era del todo, abrí los ojos y lo primero que vi fue a Valeria, ya despierta, impecable incluso en silencio, como si nunca perdiera el control ni siquiera en los momentos más simples,
—Buenos días, dijo con suavidad, girándose apenas hacia mí,
La observé unos segundos antes de responder, había algo en ella que últimamente me obligaba a mirar más de lo necesario, como si estuviera buscando algo que no lograba definir, —Buenos días, respondí, acercándome un poco más,
—¿Dormiste bien?, preguntó,
Asentí, aunque no estaba completamente seguro, —Lo suficiente,
Se incorporó con calma, acomodando cada detalle con naturalidad, —Hoy será un día largo,
Sonreí apenas, —Siempre lo es contigo,
Me sostuvo la mirada un segundo más, y en ese silencio hubo algo que no dije en voz alta, algo que no terminé de entender, —Confío en que todo estará en orden, añadió, tomando su bolso,
La observé salir, y aunque todo en ella seguía siendo perfecto, había algo que empezaba a inquietarme, algo que no encajaba del todo… o tal vez algo que yo estaba empezando a ver diferente,
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Al llegar a la oficina, todo parecía igual de controlado, pero esa sensación no duró mucho, porque en cuanto crucé la puerta, la vi, Isabela, de pie, esperándome,
—Buenos días, Santiago, dijo con una leve sonrisa,
La miré un segundo más de lo habitual, no por lo evidente, sino por lo que no lo era, había cambiado, no de forma exagerada, pero sí lo suficiente para notarlo, —Buenos días, Isabela, respondí, deteniéndome frente a ella,
—Hoy será un día ocupado, comentó,
—Siempre lo es, respondí, pero mi atención ya no estaba completamente en las palabras,
Había algo en su forma de estar, en cómo sostenía la mirada sin incomodarse, en cómo no necesitaba acercarse demasiado para hacerse notar,
Y eso… era difícil de ignorar,
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Horas después, cuando ya estaba en mi oficina, mi asistente anunció una visita, —Señor, la señorita Camila ha llegado,
Levanté la mirada, y en cuanto la vi entrar, supe que algo no era igual,
—Hola, Santiago, dijo, acercándose con calma,
La observé con atención, evaluando cada gesto, —Llegas temprano,
—No quería perderme el día, respondió, con una leve sonrisa,
No era la misma, lo entendí de inmediato, había algo más firme, más decidido, más consciente,
—Parece que hoy vienes con intención, dije,
Se acercó un poco más, —Siempre la he tenido, solo que hoy no pienso ocultarla,
Y en ese momento, lo sentí, esa tensión distinta, más directa, más clara,
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No esperaba que Isabela entrara en ese instante, pero lo hizo, sin prisa, sin pedir permiso, solo estando,
Y fue ahí cuando todo cambió,
Desde el momento en que ambas estuvieron en la misma habitación, supe que algo no estaba funcionando como siempre, no era incomodidad, no era sorpresa, era otra cosa, algo más lento, más denso,
Me recosté ligeramente en la silla, observándolas sin intervenir de inmediato, dejando que hablaran, que se midieran,
Camila fue la primera en acercarse, apoyando la mano sobre el escritorio, —Vine a verte, dijo, y no fue solo lo que dijo, fue cómo lo dijo,
—Eso puedo verlo, respondí, sin apartar la vista de ella,
Sentí la presencia de Isabela a unos pasos, —Parece que llegué en un momento interesante, dijo,
Camila giró apenas hacia ella, —Depende de cómo lo mires,
Exhalé lento, apoyándome hacia atrás, —No sabía que tenía dos visitas al mismo tiempo,
Isabela dio un paso leve, —A veces lo inesperado es lo más interesante,
Camila se acercó un poco más, —O lo más revelador,
Y ahí lo entendí, ninguna estaba ahí por coincidencia,
Pasé la mano por mi mandíbula, —Parece que hoy tengo que prestar más atención de lo habitual,
—Tal vez deberías, dijo Camila,
—O tal vez solo deberías entender lo que está pasando, añadió Isabela,
Giré la mirada hacia ella, —¿Y qué crees que está pasando?,
—Que no todo es tan simple como parece,
—Nunca lo ha sido, respondió Camila,
Las miré a ambas, en silencio, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que no tenía el control total de la situación,
Y lo peor… era que no me molestaba,
Había algo en Camila, más directo, más cercano,
Y algo en Isabela… más frío, más peligroso,
—Interesante, murmuré,
Camila dio un paso atrás, —Esto apenas comienza,
Isabela sostuvo mi mirada, —Y no todos saben cómo termina,
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Cuando finalmente me quedé solo, el silencio de la oficina no fue suficiente para ordenar lo que estaba pasando,
Tomé el teléfono, casi por inercia, revisando los mensajes,
y ahí estaban,
dos nombres,
dos formas distintas de llamar mi atención,
dos maneras de mantenerme pensando más de lo que debería,
Dejé el teléfono sobre el escritorio, exhalando lento,
porque por primera vez en mucho tiempo,
no era yo quien tenía todas las respuestas,
y eso…
no sabía si me inquietaba,
o me atraía más de lo que debería.