Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
NovelToon tiene autorización de Arhuchim para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22 El Descenso en la Selva Negra
El viento helado de los picos del norte aullaba como una jauría hambrienta alrededor del transporte aéreo. A cuatro mil metros de altura, la puerta lateral de la aeronave se abrió de golpe, dejando entrar un vendaval de nieve y agujas de hielo que congelaba el vaho de los combatientes de manera instantánea. Abajo, entre las crestas oscuras de la cordillera, la Selva Negra se extendía como un mar espeso de abetos cubiertos de escarcha, ocultando el búnker subterráneo del "General" Petrov.
Victoria permanecía al borde de la escotilla. Vestía un traje térmico de combate ceñido en tono gris ceniza, con capas de aleación ligera sobre el pecho y las cadera que no restaban un solo ápice de agilidad a sus movimientos. El viento gélido despeinaba su cabello oscuro, pero sus ojos, brillando con un resplandor dorado intenso que desafiaba a la penumbra de la noche, permanecían fijos en las luces lejanas de las torres de vigilancia enemigas.
Alexey se colocó justo detrás de ella, su mole de dos metros cubierta por un abrigo táctico pesado de camuflaje invernal. Su aliento cálido le rozó la nuca a la joven mientras comprobaba el ajuste del paracaídas de apertura baja de ambos.
—Las térmicas muestran una tormenta de nieve entrando por el desfiladero —dijo Alexey, su voz siendo un murmullo grave que apenas competía con el rugido de los motores—. El salto será ciego. Si nos desviamos trescientos metros del punto de caída, terminaremos congelados en el fondo de una grieta o acribillados por los radares de la meseta.
Victoria se giró despacio dentro de su agarre. Rodeó el cuello del capo con sus brazos enguantados, inclinándose para mirarlo a escasos centímetros. A pesar del frío extremo que congelaba la estructura del avión, la piel de la Reina emanaba un calor sobrenatural impulsado por la magia de sangre que fluía furiosa por sus venas.
—Entonces no te desvíes, bárbaro —respondió ella con una sonrisa lenta, afilada y cargada de una seducción que le encendió el pulso al magnate—. Si caemos en una grieta, me encargaré de que sufras la agonía de congelarte a mi lado. Pero si tocamos tierra en el perímetro... te prometo la cabeza de Petrov antes de que amanezca.
Alexey soltó una risa oscura, le sujetó el mentón con fuerza y le clavó un beso violento y abrasador en los labios. No fue un toque de despedida, sino una inyección de adrenalina pura, un reclamo salvaje que combinaba el sabor del peligro con la posesión pasional de quienes están a punto de lanzarse a la muerte por pura diversión. Victoria le devolvió el beso mordiéndole el labio con ferocidad hasta sentir el sabor a hierro en la boca.
—Nos vemos en la nieve, mi Reina —gruñó Alexey, soltándola y saltando al vacío de la noche.
Victoria no lo hizo esperar. Se arrojó inmediatamente detrás de él, cortando la niebla helada como un proyectil de luz dorada. La cacería en el extremo norte había comenzado.
.........
El aterrizaje en el sotobosque congelado de la Selva Negra fue una exhibición de precisión táctica y violencia contenida. Las copas densas de los abetos amortiguaron el descenso, pero el impacto contra la nieve acumulada despertó a las patrullas perimetrales del Cartel del Norte.
Cuatro mercenarios vestidos con trajes térmicos blancos e instalados sobre motos de nieve armadas con ametralladoras ligeras convergieron hacia el punto de caída. Las linternas de alta intensidad cortaban la bruma helada, buscando los restos de los paracaídas.
Antes de que el primer explorador pudiera dar la alarma por radio, una sombra surgió desde la copa de un pino.
Victoria cayó sobre el vehículo del líder de la patrulla con la gracia de un depredador nocturno. Sin hacer un solo ruido, clavó una de sus dagas de aleación pesada directamente en la base del cráneo del piloto. Usando el cuerpo del muerto como escudo, maniobró la moto de nieve para embestir al segundo explorador, haciéndolo salir despedido contra un bloque de roca congelada.
Al mismo tiempo, la figura gigantesca de Alexey emergió de la espesura de la nieve como un demonio de la montaña. Agarró al tercer mercenario por el chaleco, levantándolo del suelo a mano desnuda y estrellándolo contra el tronco de un abeto con un impacto brutal que le partió la columna. Sin detenerse, desenfundó su pistola pesada con silenciador y le voló los sesos al cuarto hombre antes de que pudiera apretar el gatillo de su subfusil.
El silencio volvió a dominar el bosque en cuestión de veinte segundos. El suelo de nieve pura había quedado teñido con círculos de sangre caliente que humeaban bajo la temperatura de diez grados bajo cero.
Alexey caminó hacia el cuerpo del líder de la patrulla, registrando sus bolsillos tácticos para extraer las tarjetas de acceso magnéticas y las claves de encriptación del perímetro.
—Un trabajo limpio —comentó Alexey, escupiendo una mancha de sangre que le había salpicado en la mejilla—. La entrada secundaria de la mina abandonada está a doscientos metros hacia el norte.
Victoria se acercó a él, respirando con suavidad a pesar del esfuerzo físico. El resplandor dorado de sus ojos destacaba en medio de la penumbra blanca del bosque. Se detuvo a un paso de Alexey, acomodándole el cuello del abrigo térmico con un gesto de una coquetería provocativa.
—Tu técnica de combate en la nieve sigue siendo un poco tosca, Jefe —comentó ella, dejando que sus dedos rozaran la mandíbula firme del magnate—. Romperles la columna contra los árboles es demasiado escandaloso.
Alexey la tomó de la cintura con una mano de hierro, pegándola bruscamente contra el pecho de su abrigo y sintiendo el calor intenso que su cuerpo emanaba en medio del frío mortal.
—Funciona, Victoria. —susurró él en su oído, mientras su otra mano se deslizaba por su espalda hasta sujetarla con posesión—. Y mientras funcione para mantenerte a salvo, romperé tantos cuellos como sea necesario.
Victoria sonrió, levantó el rostro y le dio un beso suave pero profundo en la comisura de los labios, disfrutando del contraste entre el aire helado de la montaña y la pasión abrasadora que los consumía cada vez que estaban al borde de la carnicería.
—Avancemos, bárbaro —dijo ella—. Tu trono de nieve nos espera abajo