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ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

Status: Terminada
Genre:Mafia / Villana / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Dante Valero nunca fue un hombre bueno. Solo fue tolerante.
Durante años permitió que su familia viviera de su fortuna, soportó las manipulaciones de su primo Mateo y cedió una y otra vez para evitar que el enfermizo muchacho sufriera una crisis. Incluso aceptó que su prometida, Valeria Zorich, lo abandonara momentáneamente por él.
Pero el día de su boda, Mateo cruzó la última línea.
Dante dejó el altar, rompió el compromiso y abrió las puertas de un poder que todos creían dormido. Lo que nadie sabía era que el único heredero del imperio Valero jamás había sido débil. Simplemente se había contenido.
Ahora sus enemigos descubrirán lo que significa enfrentarse al verdadero Dante.
Mientras las familias que lo traicionaron caen en deudas, escándalos y ruinas, Elena Cruz, la única mujer que siempre conoció su verdadera naturaleza, regresa a su lado.
Él perdió una novia.
Ellos están a punto de perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL REEMPLAZO PERFECTO

La música retumbaba en Éxtasis, la discoteca más exclusiva de la ciudad. Las luces neón se reflejaban en el rostro de Dante, que permanecía inmóvil en la cabina VIP, observando la pista de baile con esa calma fría que lo caracterizaba. No buscaba diversión. No buscaba compañía. Buscaba algo preciso.

De pronto, señaló con un gesto breve y firme hacia una esquina apartada.

— ¿Ella? —preguntó Javier, inclinándose.

— La del cabello ensortijado, rubio, y ojos color esmeralda —dijo Dante sin apartar la vista—. ¿Cómo se llama? ¿Quién es? Averígualo. Tienes quince minutos.

Javier salió corriendo. Dante siguió mirándola. No bailaba de forma escandalosa. No llamaba la atención. Estaba de pie, tranquila, con una dulzura natural que se destacaba entre el ruido y el desenfreno. Parecía fuera de lugar.

Exactamente catorce minutos después, el asistente regresó con una carpeta delgada pero completa. Dante la tomó, la abrió y leyó despacio.

— Lía Reynolds —leyó en voz baja—. Veintiún años. Estudia Educación Primaria en la universidad pública. Quiere ser maestra de niños… —Esbozó una media sonrisa—. Así que por naturaleza debe ser dulce, gentil y muy paciente. Perfecto.

Siguió leyendo, y su expresión se endureció apenas, con aprobación.

— Padrastro alcohólico. Madre indiferente. Hermano que no hace nada. Y ella… ella se mantiene a duras penas, trabaja para pagar sus estudios, y encima le exigen que les dé dinero para vivir… —Cerró la carpeta de golpe, satisfecho—. Excelente.

Miró a su asistente con brillo en los ojos.

— Ella es el reemplazo perfecto de Valeria. Tráela. Quiero verla frente a mí.

Cinco minutos después, Javier regresó con Lía. Ella caminaba temblando, con la cabeza baja, las manos entrelazadas frente a su pecho. No entendía por qué el hombre más poderoso de la ciudad la había mandado llamar. Estaba segura de que era algo malo. Seguro era su hermano. Seguro que le debía dinero a alguien y habían venido a cobrarle.

— Señor… —empezó ella con voz quebrada, apenas lo vio—. Le juro que pagaré lo que mi hermano le deba. No sé cuánto es, pero trabajaré, se lo prometo. Solo deme tiempo, por favor…

Estaba a punto de llorar. Dante la observó en silencio un momento, y entonces… sonrió. No era una sonrisa cruel. Era una sonrisa de descubrimiento.

— ¿Ni siquiera sabes por qué te he llamado, muchacha? —preguntó con voz suave, baja—. ¿Por qué tiemblas tanto? ¿Y si es porque… me interesas?

Lía lo miró con los ojos muy abiertos, verdes y brillantes, incrédula.

— ¿Yo… interesarle a usted, señor? —susurró—. ¿Por qué? Usted puede tener a quien quiera… yo… para qué me quiere a mí?

Dante tomó un sorbo de su copa, sin dejar de mirarla.

— ¿Tengo algún motivo para que no me gustes? Eres joven, realmente hermosa… y pareces muy dulce. ¿Tengo algún motivo más para no interesarme en ti, Lía? —Se inclinó un poco hacia adelante—. Veremos cómo avanza la noche. Quién sabe.

Ella se ruborizó hasta las orejas y bajó la mirada. Dante sintió una satisfacción fría y calculada. Era exactamente lo que buscaba. Dulce, agradecida, sin pretensiones… y tan hermosa que dolía mirarla.

 

🌙 LA NOCHE Y LA MAÑANA

A la mañana siguiente, Dante se despertó primero. Se sentó en el borde de la cama y la observó. Lía seguía durmiendo, con el cabello rubio y ensortijado esparcido sobre la almohada, su rostro tranquilo, sereno, tan inocente que parecía imposible que alguien pudiera lastimarla. Sonrió para sí mismo.

Verdaderamente… fue una gran noche.

Se levantó, se puso una bata y salió de la habitación. Cuando ya estaba vestido y arreglado en su despacho, Javier entró.

— ¿Señor… puedo preguntar? —se atrevió a decir el asistente.

Dante no dudó. Lo dijo con total naturalidad, como quien explica un plan perfecto:

— Es simple, Javier. Valeria creyó que yo era suyo. Creyó que era indispensable para mí. Pues esto es para demostrarle que puedo reemplazarla con cualquier mujer. Que no es nadie. Que no es insustituible. Y el detalle… el detalle perfecto es que Lía es más joven. Más hermosa. Y eso… eso le va a doler en el orgullo más profundo. —Sonrió con satisfacción—. Si hay algo que las mujeres detestan… es que las reemplacen por alguien más joven y más bella. Y el efecto fue el deseado, ¿verdad?

— Exactamente, señor —asintió Javier—. En cuanto se enteró, Valeria montó en cólera. Destrozó un jarrón de porcelana, gritó durante media hora, lloró, dijo que era una humillación… pero no pudo hacer nada. ¿Qué le iba a hacer a Dante Valero? Nada. Absolutamente nada.

Dante soltó una risa baja, satisfecha.

— Perfecto. Que sufra. Que entienda lo que es ser reemplazada. Que entienda que yo no soy de nadie.

 

☀️ LA DECISIÓN

Más tarde, Lía despertó. Se sentó de golpe, asustada. Miró el reloj, se tapó la boca con la mano. Se había quedado dormida. Se levantó despacio, con cuidado de no hacer ruido, se puso su ropa y caminó de puntitas hacia la puerta, intentando irse sin que nadie la viera. No quería ser una molestia. No quería que la echaran a gritos.

Pero Dante estaba en el pasillo. La vio.

— ¿Qué haces ahí? —preguntó con voz tranquila.

Ella se detuvo en seco, dio media vuelta y lo miró con ojos asustados, agachando la cabeza instintivamente.

— Disculpe… —susurró—. Me quedé dormida. Debí haberme ido más temprano. Lo siento mucho.

Dante la miró y sintió algo que no esperaba: ternura. Pobre muchacha, pensó. Está acostumbrada a pedir perdón por todo. A agachar la cabeza siempre. A sentirse menos que los demás.

— Acércate —le dijo, suave pero firme.

Ella dio un paso tímido hacia él.

— Más cerca —añadió él—. No muerdo. Excepto cuando me siento apasionado.

Lía se sonrojó de nuevo, bajó la mirada, y Dante pensó con absoluta certeza: Es tan linda. Tan dulce. Vale cien Valerias. Ella no le llegaría ni a la punta del zapato.

— Quédate —dijo él.

Ella levantó la vista, confundida.

— ¿Qué…?

— Quédate aquí —repitió Dante, claro y definitivo—. A vivir.

 

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