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Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Ascenso de clase social
Popularitas:459
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Luz Albarracín

Morgana tiene 24 años y siente que su vida se detuvo entre los campos de soja de Entre Ríos. Cansada de la monotonía, del trabajo pesado y de la presión de un futuro trazado por su familia, decide armar las valijas y mudarse a la provincia de Buenos Aires en busca de una nueva oportunidad.
​Sin embargo, el cambio de aire resulta ser más caótico de lo que esperaba. En medio del bullicio de la gran ciudad y durante una multitudinaria marcha manifestante, un choque fortuito cambia sus planes por completo: termina cara a cara con el hijo mimado de la presidenta de Argentina.
​Entre el choque de dos mundos opuestos -la vida rural y humilde contra el privilegio y la política de alto nivel-, Morgana se verá envuelta en un torbellino de secretos, flashes de prensa y una tensión inesperada de la que no podrá escapar tan fácilmente.

NovelToon tiene autorización de Ana Luz Albarracín para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6

Ya en mi pequeño pero acogedor departamento, me tumbé en el sofá cerrando los ojos y hablando sola en voz alta.

​-No creo que haya pasado nada entre nosotros.

FLASHBACK

Estaba prácticamente desparramada en el asiento mientras mi imprudente boca soltó las sílabas que ahora me arrepentía de decir:

​-Sos muy guapo para ser un idiota.

Solo se rió y apretó con fuerza el volante.

​-Y vos sos muy hermosa para ser un desastre andante y querer imponer tus ideales a otros.

ACTUALIDAD

Pegué un grito mientras rodaba por el suelo y me empezaba a tirar del pelo.

​-Tonta Morgana, ¿por qué le dijiste eso al engreído cheto de Caín?

Habrá pasado media hora mientras yo seguía autocastiagándome, hasta que sonó mi celular y vi que era Elian, lo que hizo latir más fuerte mi corazón.

Me arreglé el cabello como si me pudiera ver​.

-hola, Elian​-mi voz salió algo temblorosa.

​-Hola, borracha​-se rió mientras mis cachetes se calentaban​-. ¿Cómo estás de la cruda?

​-Estoy perfecta​-no lo dejé terminar.

​-Quería saber cuando vendrías a mi casa a hablar conmigo. Me debes una charla.

​-No se dónde vivís y te digo la verdad: no creo que vos y yo encajemos​-tráte de sonar fria, cosa que no se me dio​-. Yo vine a Buenos Aires a entrar la universidad, y como no lo logré, creo que me quedan semanas para volverme al pueblo.

​-Ey, ahora mando el auto con mi chófer y hablamos tranquilos de ese tema​.

No logré responder nada, ya que me había colgado. No sé por qué, pero esa sensación de dolor de estómago que me generó su llamada no se iba, y ese cosquilleo en el pecho por nuestro encuentro persistia. Qué cosa más rara me estaba pasando.

En un cerrar y abrir de ojos, un auto negro ya estaba afuera de mi departamento.

​«¿Cómo sabe mi dirección?», pensé mientras me colgaba el bolso en el brazo.

​Salí hacia la calle, donde un señor de unos cuarenta años me sonreía.

​-Señorita Sinclair.

​-Eh... sí, soy yo.

​El señor me sonrió y me abrió la puerta del auto.

​-Soy Alberto, el chofer de la familia Capell, y el señorito Elian me ha dicho que la tenía que llevar.

​Sin dar más vueltas, me subí, pero rechacé el asiento de atrás y me senté a su lado. Rompí el silencio:

​-¿Hace mucho trabajás para los Capell?

​-Hace veintiocho años, señorita.

​-No me digas señorita, soy Morgana. ¿Lo viste crecer a Elian o me equivoco?

​Pasaron unos minutos antes de que contestara.

​-El señorito Elian creció con poco amor. Su padre murió el día de su nacimiento; por eso su madre lo ve como a un monstruo.

​-Entonces por eso él es distinto a Caín.

​-El señorito Caín también sufrió mucho y eso forjó una armadura llena de lujos para que no lo volvieran a lastimar, pero yo le aseguro que es un niño muy dulce y con un corazón de oro.

Me mordí la lengua por comentar todo lo que pensaba de Caín, ya que era un pedante que creía que por tener dinero podía tratar a todos mal. En cambio, Elian es tierno y dulce; no sabía cómo eran hermanos.

El auto frenó en una mansión.

​-Hemos llegado, señorita​-dijo al detenerse, y luego sonrió​-: Morgana.

El chofer me abrió la puerta y bajé del auto, quedando deslumbrada por la imponencia de la mansión Capell. Las columnas de mármol y los ventanales gigantescos transmitían una elegancia fría, casi intimidante.

Alberto me guio hasta la entrada principal, donde las enormes puertas de madera se abrieron de par en par. Apenas puse un pie en el vestíbulo, los pasos apresurados de Elian resonaron contra el suelo brillante. Venía luciendo un chaleco de lana claro y una sonrisa llena de alivio.

-Llegaste -dijo, acortando la distancia entre los dos con rapidez.

Antes de que pudiera responder, me envolvió en un abrazo cálido que olía a café y perfume suave. Me quedé inmóvil un segundo por el impacto, pero el contraste entre su calidez y la frialdad de la casa me hizo corresponderle el gesto despacio.

-Gracias por venir, Morgana -murmuró al separarse, mirándome a los ojos sin perder la sonrisa-. Sé que lo de anoche fue... caótico, pero de verdad necesitaba hablar con vos a solas.

-Tu chofer me dijo que no me ibas a dejar en paz si no venía -comenté, tratando de bromear para ocultar los nervios que me provocaba tenerlo tan cerca.

Él soltó una risita suave y me tomó de la mano para guiarme hacia un amplio salón lleno de estanterías de libros.

-Alberto me conoce bien -admitió, señalando un sillón cómodo donde nos sentamos-. Ponete cómoda. Prometo que acá nadie nos va a molestar.

Sentándome cerca de él, pasamos horas charlando hasta que sacó el tema por el que había venido:

​-¿Por qué no entraste a la universidad? Por lo que hemos charlado, sos una chica muy capaz.

​Suspiré y lo miré a esos hermosos ojos, que cada vez que los veía provocaban que mi corazón latiere como si se quisiera salir de mi pecho.

​-Había pocas vacantes y llegué tarde.

​Él sonrió mientras tomaba mis manos.

​-Yo puedo hacer que entres, así vamos juntos.

​-No quiero, pero gracias.

​Me miró con el entrecejo fruncido.

​-¿Por qué no aceptás mi ayuda?

​-No me gusta llevarme las cosas de arriba, sino ganármelas con mi esfuerzo. Sé que para la próxima podré.

​-Morgana, aunque nos conozcamos hace poco y haya sido en circunstancias graciosas para mí, vos me caíste bien y por vos haría cualquier cosa.

​Tomó mis manos y sonrió, cosa que me dejó sin aliento. No sé por qué siempre cerca de él me pasan estas cosas.

​-Está bien, muchas gracias, pero es la primera y última ayuda que acepto.

​Se rió y me besó la mejilla; siguió hablando, pero yo estaba perdida y confundida porque su acercamiento me producía esto.

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Maria M. Rosario
Creo q la familia lo savo del.medio. y no es cierto q va tras Alexandra o quizas ellos se lo hiceron creer.
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