Tras los frío ojos del príncipe Jack hay un fuego que intenta controlar, ¿un diario robado y el amor de una joven dama sera suficiente para derribar las murallas del príncipe?
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Noche de la Audacia
Jessica sintió que todo el aire abandonaba sus pulmones. Se puso de pie de golpe, agarrando el borde de la mesa de tocador.
—¿Jack...? ¿Qué ocurrió con el príncipe? —exigió saber con una voz que vibraba de pavor.
—Dicen que Su Alteza logró despejar el camino a espada, pero los sirvientes del patio afirman que llegó al castillo cubierto de sangre, desmontando a gran velocidad para encerrarse en sus aposentos privados sin permitir que los médicos del consejo lo examinen.
El mundo alrededor de Jessica dio un vuelco violento. El miedo brutal a perder al hombre que amaba aplastó en una fracción de segundo cualquier consideración de etiqueta, protocolo o prudencia social. Olvidó las advertencias de su padre, la presencia de los guardias ducales que custodiaban el pasillo exterior y el escándalo ruinoso que provocaría ser vista a esas horas en el ala de la realeza.
—Prepara mi capa pesada, Clara —ordenó Jessica con una determinación de acero que no admitía objeción.
—¡Mi lady, es una locura! Su padre descansa en la suite contigua y los guardias de la casa ducal patrullan el corredor. Si la descubren escapando a los aposentos del príncipe a medianoche...
—No me importa —interrumpió Jessica, abrochándose el broche de la capa con manos veloces—. Si Jack está herido, no me quedaré en este cuarto esperando informes oficiales.
Aprovechando que la guardia ducal se encontraba distraída en la torre lateral comentando las noticias de la emboscada, Jessica se deslizó con la agilidad de una sombra por la puerta posterior de los aposentos de la servidumbre. Conociendo de memoria los pasillos traseros y los corredores de servicio tras meses de observación, la joven duquesa esquivó a las patrullas nocturnas del palacio, cruzó la arcada de los espejos y se adentró en el ala oeste, reservada exclusivamente para las habitaciones del segundo príncipe.
Al llegar frente a la pesada puerta de roble tallado del estudio privado de Jack, notó que la puerta no tenía el cerrojo echado. Una luz tenue dorada filtraba por la rendija.
Sin golpear, Jessica empujó la madera y se adentró en la estancia, cerrando la puerta tras de sí con el corazón martilleándole furiosamente contra las costillas.
El aire en los aposentos del príncipe olía a cuero, nieve derretida y la sutil fragancia de aceite de pino. La gran chimenea ardía con brasas vivas, proyectando sombras cálidas sobre la alfombra.
Jack estaba de pie junto a la mesa central. Se había despojado de la capa pesada de viaje y del chaleco de armas. Su camisa de lino blanco estaba entreabierta en el pecho y las mangas arremangadas hasta los codos. En efecto, había manchas oscuras de barro y sangre seca en la tela de sus mangas y botas, pero pertenecían a los atacantes derrotados en el camino; el príncipe no tenía más que un rasguño superficial en el antebrazo izquierdo que él mismo estaba limpiando con un paño húmedo.
Al escuchar el crujido de la puerta y percibir instantáneamente el aroma a lirios que impregnó la estancia, Jack se giró bruscamente, echando mano al pomo de su daga por instinto militar.
Al ver a Jessica parada en el umbral, con la bata de terciopelo entornada sobre su cuerpo, el cabello castaño cayéndole en ondas despeinadas sobre los hombros y los ojos llenos de lágrimas contenidas, el príncipe se congeló.
—¿Jessica...? —articuló él con una voz grave y rasposa, incrédulo ante la visión—. ¿Qué demonios haces aquí? ¿Tienes idea de la locura que significa haber cruzado el palacio a esta hora?