El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cronos
Mis pasos eran torpes.
Lo poco que había dormido no había sido suficiente para que mi cuerpo se recuperara. Cada músculo me dolía y mis heridas comenzaban nuevamente a arder, pero si lo que Juliette había dicho era cierto, tenía mucho menos tiempo del que pensaba.
Debía llegar a la Fuente de los Muertos antes de que las entradas del sur de Eden terminaran de caer.
Apreté con más fuerza a Lyra contra mi pecho.
Ella dormía.
Su pequeño cuerpo estaba cubierto con mi capa y apenas podía distinguirse su rostro entre la tela.
—¿Qué buscas?
Su voz resonó dentro de mi cabeza.
Me detuve.
Durante un instante, el camino desapareció.
Las ruinas de Eden fueron reemplazadas por una habitación que conocía demasiado bien.
Una habitación que pertenecía a una época en la que todavía éramos felices.
—¡Kael! Me asustaste.
Mi propia voz resonó en aquel recuerdo.
Kael sonrió.
—Llevo más de veinte minutos llamándote y no respondes.
Rodeó la mesa donde me encontraba sentada y me abrazó por la espalda.
Apoyó el mentón sobre mi hombro.
—¿Qué hay en ese libro que tanto te apasiona?
Bajé la mirada hacia el viejo ejemplar que tenía abierto frente a mí.
—Este libro habla de la creación de la piedra Nix.
Kael frunció el ceño.
—¿La piedra Nix?
Asentí.
—Es magia negra, lo sé.
Pasé lentamente una de las páginas.
—Pero es una piedra capaz de romper la barrera del espacio y el tiempo.
El silencio se apoderó de la habitación.
—¿Podríamos volver al pasado?
Levanté la mirada.
—¿Para detener todo esto?
Asentí lentamente.
—No.
Kael pareció confundido.
—¿Por qué?
—La piedra solo puede transportar a una persona.
Su expresión cambió.
—Avelina...
Su voz fue suave.
—No quiero este mundo para ella, Kael.
Miré hacia el sillón que se encontraba junto a la chimenea.
Nuestra pequeña estaba allí.
Lyra se había quedado dormida mientras dibujaba.
Su cabello negro cubría parte de su rostro.
—Si ellos llegan...
Las palabras no llegaron a salir.
Kael me abrazó con más fuerza.
—Moriré por ustedes.
Cerré los ojos.
—Saldremos de esto.
Besó suavemente mi cabeza.
—Lo hicimos hace años y volveremos a hacerlo, Lina.
Me giré para mirarlo.
Sus ojos reflejaban una seguridad que yo ya no tenía.
—Te amo.
—Y yo a ti.
El recuerdo se desvaneció.
Volví a estar en Eden.
Las lágrimas caían por mis mejillas.
Solo un mes después, el infierno se había desatado en el castillo.
Había tenido que escapar por los pasadizos secretos mientras Kael se quedaba atrás.
Él había luchado para que los Shadow no llegaran hasta nosotras.
Nunca volví a verlo.
Nunca pude despedirme.
Y ahora entendía que aquella promesa que me había hecho años atrás no podía cumplirse.
Pero podía cumplir la mía.
Salvaría a nuestra hija.
—¿Mami?
La voz de Lyra me devolvió completamente al presente.
Parpadeé varias veces.
—¿Por qué lloras?
Me sequé rápidamente las lágrimas.
—Por nada, mi amor.
Intenté sonreír.
—Ya casi llegamos.
Aminore el paso y señalé hacia delante.
Entre los árboles aparecieron varios rosales.
Sus flores eran de distintos colores.
Eran hermosas.
Pero ocultaban algo.
La entrada de una cueva.
Me acerqué lentamente.
Concentré mi magia en una de mis manos.
Las ramas comenzaron a moverse.
Corté las plantas con cuidado y abrimos paso.
—¿Quién osa ingresar en mi territorio?
La voz retumbó por toda la cueva.
Lyra se aferró a mi cuello.
Yo sentí cómo mi magia comenzaba a apagarse dentro de mí.
—Soy Avelina Parker.
Mi voz tembló ligeramente.
—Miembro de una de las cinco casas de magia. Hija de Evans y Lirio Parker.
El silencio fue absoluto.
Entonces aquella voz volvió a escucharse.
—¿Te crees digna de ingresar en mi casa?
Tragué saliva.
—No.
La respuesta pareció sorprenderlo.
—¿Entonces con qué propósito vienes?
Apreté a Lyra contra mi pecho.
—Sé que conoces la guerra contra Ballroj.
Miré hacia las profundidades de la cueva.
—Oh, poderoso Cronos, necesito llegar a la Fuente de los Muertos.
Una risa grave recorrió las paredes.
—Si crees que puedes llegar a ella...
La voz adquirió un tono irónico.
—Te deseo suerte.
No respondí.
Ya había llegado demasiado lejos.
No podía dar marcha atrás.
Comencé a caminar.
El camino estaba empedrado.
Las paredes estaban cubiertas de calaveras.
Algunas eran tan antiguas que apenas conservaban su forma.
Pero, extrañamente, sentí algo que no había experimentado en mucho tiempo.
Paz.
Una paz profunda.
Como si aquel lugar no quisiera hacerme daño.
Lyra mantenía el rostro oculto contra mi pecho.
Cada cierto tiempo sentía cómo su pequeño cuerpo temblaba.
La cubrí todavía más con mi capa.
Estaba sucia.
Manchada de sangre.
Pero al menos la protegía del frío.
La mochila que llevaba sobre mi espalda ya no pesaba tanto.
Había perdido varias cosas durante la huida.
Mi cuerpo tampoco ayudaba.
Mis heridas comenzaron a doler nuevamente.
Había cometido el error de no curarlas.
Pero tampoco había tenido tiempo.
Después de un largo rato, el túnel comenzó a iluminarse.
Primero fue una pequeña luz.
Después aumentó.
Hasta que finalmente llegamos a una enorme cámara.
Me quedé inmóvil.
Frente a mí se alzaba la Fuente de los Muertos.
Era mucho más hermosa de lo que había imaginado.
El agua corría por sus estructuras como si naciera de un manantial infinito.
Varias piedras violetas brillaban en su interior.
Pero alrededor de la fuente había cuerpos.
Hombres.
Mujeres.
Algunos parecían llevar años allí.
Otros apenas unos días.
Todos habían intentado llegar.
Ninguno lo había conseguido.
—Tengo miedo, mami.
La pequeña voz de Lyra hizo que bajara la mirada.
Acaricié su cabello.
Había leído suficiente sobre aquel lugar para saber que nuestra despedida era inminente.
—Escucha con atención, Lyra.
Ella levantó la cabeza.
Sus hermosos ojos estaban llenos de lágrimas.
Uno era verde esmeralda.
El otro, rojo oscuro.
Los ojos que había heredado de nosotros.
—Quiero que seas muy valiente.
Acaricié sus mejillas.
—Jamás olvides que papi y mami te aman más que a su propia vida.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Y por la gran Morgana...
Intenté sonreír.
—Sé feliz, mi amor.
Lyra comenzó a llorar.
—Sonríe siempre como lo has hecho hasta ahora.
—Mami...
La abracé.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Cerré los ojos.
Aquellas palabras casi me destruyeron.
Entonces una figura apareció frente a nosotras.
Un hombre de aspecto joven.
Sus ojos parecían contener siglos enteros.
Cronos.
El dios del tiempo.
—Entiendo lo que buscas, bruja.
Su voz ya no era una simple presencia.
Ahora estaba frente a mí.
—Y voy a permitírtelo.
Lo miré.
—Gracias.
—Espero que conozcas el sacrificio de tu decisión.
Bajé la mirada hacia mi hija.
—No habría venido si no hubiese sabido que esto funcionaría.
Cronos guardó silencio.
—No puedo hacer que duela menos.
Sonreí débilmente.
—Lo sé.
Me arrodillé frente a Lyra.
Necesitaba que recordara.
Necesitaba que, algún día, supiera quién era.
—¿Recuerdas qué es esto?
Me quité el dije que llevaba alrededor del cuello.
Lyra lo miró.
—Es el emblema de la casa de mami.
—Muy bien.
Sonreí.
Señalé su pulsera.
—¿Y esto?
—El regalo de mi abuelito.
Sentí un nudo en la garganta.
—Exactamente.
Después me quité el anillo de casada.
Lyra lo reconoció inmediatamente.
—Es lo que papi te dio cuando yo iba a nacer.
Una lágrima cayó sobre mi mano.
—Sí, mi amor.
La abracé.
—Estas cosas demuestran quién eres.
Abrí la mochila.
—Y dentro de esta mochila está todo lo que necesitas saber.
Lyra me miró confundida.
—¿Para qué?
—Para que nadie vuelva a irse.
Besé su frente.
—Quiero que seas feliz, mi dulce princesa.
La magia negra del lugar comenzó a reaccionar.
Sentí un dolor terrible en el costado.
La herida volvió a abrirse.
La sangre comenzó a empapar mi ropa.
—¡Mami!
Lyra tocó mi abdomen.
—Los hombres malos te lastimaron.
Sus ojos se llenaron de preocupación.
—Tenemos que hacer cremas para curarte.
Una sonrisa triste apareció en mis labios.
Tomé su pequeña mano.
La apoyé sobre mi mejilla.
—Mami estará bien, mi pequeño pájaro del cielo.
La miré fijamente.
—Recuerda siempre algo.
—¿Qué?
—Te amo más que a mi propia vida.
Concentré mi magia.
Un pequeño conjuro hizo que sus párpados comenzaran a pesar.
—Mami...
—Duerme, mi amor.
—No quiero dormir.
—Solo un poquito.
Lyra cayó lentamente dormida entre mis brazos.
La sostuve contra mi pecho.
Después comencé a recitar en latín las palabras necesarias para activar la piedra.
El agua de la fuente comenzó a agitarse.
Las piedras violetas brillaron.
Una luz apareció alrededor de mi hija.
Después otra.
Y otra.
Lyra comenzó a desaparecer entre ellas.
Las lágrimas brotaron de mis ojos.
Sabía que estaría bien.
Sabía que tendría una oportunidad.
Pero yo jamás volvería a verla.
No la vería correr.
No la vería crecer.
No la vería enamorarse.
No estaría allí cuando pronunciara sus primeras palabras de adulta.
No conocería a sus hijos.
No sabría qué clase de mujer se convertiría.
Y eso dolía más que cualquier herida.
Miré a Cronos.
Él permanecía implacable.
Observándome.
Esperando.
Sonreí.
—Dios del tiempo...
Mi voz apenas fue un susurro.
—Guía a mi pequeña hacia mis brazos.
Tomé una de las piedras violetas de la fuente.
Cronos asintió.
La coloqué en las pequeñas manos de Lyra.
—Te amo.
La dejé ir.
La luz explotó alrededor de ella.
Por un instante pude verla.
Después desapareció.
Se había ido.
Mi hija había abandonado este tiempo.
Había enviado todo mi pasado hacia ella.
Todo lo que sabía.
Todo lo que tenía.
Todo mi amor.
Mis piernas dejaron de responder.
Caí de rodillas.
La sangre continuaba escapando de mi cuerpo.
Miré una última vez el lugar donde había estado mi hija.
Sonreí.
Había cumplido mi promesa.
Le había dado una oportunidad.
Ahora podía marcharme en paz.
Mis ojos comenzaron a cerrarse.
Y mientras la oscuridad se apoderaba de mí, una última certeza apareció en mi mente.
Quizás yo no volvería a verla.
Pero algún día...
ella encontraría el camino de regreso.
Porque el tiempo podía separar a una madre de su hija.
Pero jamás podría destruir el vínculo que las unía.