Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.
Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.
NovelToon tiene autorización de MeilymCZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap23
«No puedes acercarte a ella.»
«Ya es demasiado tarde.»
Esos fueron los pensamientos de Haniel durante toda la noche y después, el nombre que había conseguido cambiarlo todo:
Zayd.
No podía dejar de preguntarse quién era aquel hombre que había hablado con Nicolás.
¿Por qué conocía a Zayd?
Y, sobre todo...
¿Por qué le había dicho que no se acercara a ella?
A la mañana siguiente, Haniel recibió un mensaje.
Nicolás:
«¿Podemos hablar?»
Ella respondió:
«Sí.»
«Hoy. En mi casa.»
Haniel observó la pantalla.
Durante unos segundos pensó en decir que no.
Después escribió:
«Voy.»
Nicolás abrió la puerta.
—Pasa.
Haniel entró.
No llevaba el vestido elegante de las noches anteriores ni aquella sonrisa calculada que utilizaba cuando quería dominar una situación.
Esta vez iba seria.
—¿Quién era el hombre de anoche?
Nicolás no fingió sorpresa.
—Sabía que me lo preguntarías.
—Entonces ahorrémonos tiempo.
Él cerró la puerta.
—Se llama Alejandro Ferrer.
Haniel se quedó quieta.
—¿Tu padre?
Nicolás asintió.
—Sí.
—¿Y por qué estaba hablando contigo sobre Zayd?
Nicolás se pasó una mano por el cabello.
—Porque mi padre conoce a Zayd.
—¿De qué?
—Negocios.
Haniel soltó una risa seca.
—Últimamente todos conocen a Zayd por negocios.
—Haniel...
—No. Quiero saber la verdad.
Nicolás la miró.
—Mi padre hizo negocios con él hace algunos años. Después se arrepintió.
—¿Por qué?
—Porque descubrió quién era realmente.
Haniel guardó silencio.
—¿Y tú?
—Yo también lo descubrí.
—¿Cuándo?
—Hace poco.
Ella lo observó cuidadosamente.
—¿Antes de conocerme?
Nicolás tardó en responder.
Ese silencio fue suficiente.
—Nicolás.
—Sí.
Haniel sintió algo desagradable en el pecho.
—Entonces ya sabías quién era yo.
—No exactamente.
—Explícamelo.
—Sabía tu nombre. Nada más.
—¿Quién te habló de mí?
Nicolás bajó la mirada.
—Mi padre.
Haniel retrocedió un paso.
—¿Por qué?
—Porque tu familia aparece relacionada con una operación antigua.
Ella sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—¿L-17?
Nicolás la miró sorprendido.
—¿Cómo sabes ese código?
—Respóndeme.
Él respiró profundamente.
—Sí.
La habitación quedó en silencio.
Haniel sintió que algo dentro de ella se quebraba.
No porque Nicolás conociera el expediente.
Sino porque había empezado a gustarle antes de saber que estaba caminando directamente hacia otro secreto.
—¿Te acercaste a mí por eso?
—Al principio quería entender quién eras.
—¿Y después?
Nicolás dio un paso hacia ella.
—Después dejé de buscar respuestas.
Haniel lo miró.
—¿Y qué empezaste a buscar?
—A ti.
Ella apartó la mirada.
No quería creerle.
Pero una parte de ella quería hacerlo desesperadamente.
—No sé si puedo confiar en ti.
—Lo entiendo.
—Y no sé si debería seguir viéndote.
Nicolás permaneció callado.
Haniel caminó hacia la puerta.
Antes de salir, él habló:
—Hay algo más que necesitas saber.
Ella se detuvo.
—¿Qué?
—Mi padre recibió una visita hace tres días.
—¿De quién?
Nicolás la miró directamente.
—De Gabriel.
Haniel sintió que la sangre se le helaba.
—¿Gabriel está vivo?
—Sí.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—¿Qué quería?
Nicolás negó con la cabeza.
—Solo dejó un mensaje.
—¿Cuál?
—Dijo que si alguien estaba buscando el expediente L-17, debía advertirte de algo.
Haniel esperó.
—¿De qué?
Nicolás bajó la voz.
—Que el expediente no contiene solamente nombres.
—¿Entonces?
—Contiene una lista de pagos.
Haniel recordó inmediatamente la cuenta de su madre.
La transferencia.
Irina.
Gabriel.
Zayd.
Todo volvía a conectarse.
—¿Quién recibió el dinero? —preguntó.
Nicolás respondió:
—Eso es precisamente lo que Gabriel no quiso decir.
Cuando Haniel llegó a casa, encontró a Olivia esperándola.
Zamira estaba conectada por videollamada.
—Tenemos que hablar —dijo Haniel.
—¿Qué pasó? —preguntó Olivia.
Haniel dejó el bolso.
—Nicolás conoce L-17.
Zamira se incorporó frente a la cámara.
—¿Qué?
—Y dice que Gabriel visitó a su padre.
Olivia palideció.
—Entonces Gabriel realmente está vivo.
Haniel asintió.
—Y creo que está intentando llevarnos hasta él.
Zamira miró sus documentos.
—Encontré otra cosa.
—¿Qué?
—Una cuenta vinculada al expediente.
Haniel sintió un escalofrío.
—¿A nombre de quién?
Zamira levantó la mirada.
—No de Gabriel.
Hizo una pausa.
—De una empresa.
—¿Cuál?
Zamira pronunció el nombre.
Haniel reconoció inmediatamente el apellido.
Lekesis.
Aquella noche, Haniel recibió un mensaje de Zayd.
«Ya conociste la verdad sobre Nicolás.»
Ella respondió:
«¿Tú sabías quién era?»
«Sí.»
«¿Desde cuándo?»
La respuesta tardó.
«Desde antes de que él te conociera.»
Haniel sintió una mezcla de rabia y curiosidad.
Escribió:
«¿Por qué te importa tanto con quién estoy?»
Esta vez Zayd tardó mucho más.
Finalmente respondió:
«Porque cada vez que alguien se acerca a ti, tengo que preguntarme qué quiere de ti.»
Haniel miró la pantalla.
Y comprendió que aquello ya no era simplemente vigilancia.
Zayd estaba empezando a perder la distancia que siempre había mantenido.
Y eso podía ser mucho más peligroso que cualquier amenaza.