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Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El peso de no contestar

El peso de no contestar

Me desperté antes que el sol.

Lucas seguía dormido a mi lado, con una mano debajo de la mejilla y el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sueños no pudiera descansar del todo. Lo observé un rato en silencio. En mi vida anterior nunca me había detenido a mirarlo así. Siempre estaba demasiado ocupada sobreviviendo mi propia tormenta como para darme cuenta de que la suya también estaba creciendo.

Me levanté con cuidado para no despertarlo y fui a la cocina. Puse agua a calentar y me quedé apoyada en la mesada, mirando el vapor subir. El teléfono estaba donde lo había dejado la noche anterior. La pantalla mostraba tres llamadas perdidas más de Mateo y dos mensajes de texto que no me atreví a abrir todavía.

Mi cuerpo recordaba el ritual.

Levantarme, ver sus mensajes, sentir la culpa, responder con suavidad, pedirle perdón aunque no hubiera hecho nada, y pasar el día caminando sobre cáscaras de huevo para que él no se volviera a molestar.

Esta vez dejé el teléfono boca abajo.

Me preparé un café negro y me senté en la silla que daba a la ventana. El cielo todavía estaba gris. Me pregunté cuántas mañanas como esta había desperdiciado en mi otra vida, esperando que él cambiara, que de repente decidiera elegirme de verdad.

La puerta de la habitación se abrió y Lucas apareció, todavía con los ojos hinchados de sueño.

—No dormiste —dijo más que preguntó.

—No mucho.

Se acercó, abrió la nevera y sacó el jugo. Se sirvió un vaso en silencio. Después se sentó frente a mí.

—¿Vas a hablarle hoy?

—No lo sé —admití—. Parte de mí quiere. La parte estúpida que todavía cree que si le explico bien cómo me siento, esta vez sí va a entender.

Lucas bajó la mirada al vaso.

—Esa parte es traicionera. Te convence de que el dolor es temporal. Que si aguantas un poco más, todo mejora.

Su voz sonó demasiado cansada para alguien de su edad. Me inclinó hacia adelante.

—Lucas… ¿qué te está pasando realmente con Thiago?

Él se quedó muy quieto. Los dedos alrededor del vaso se pusieron blancos.

—No es el momento —murmuró.

—Siempre dices eso.

—Porque todavía no tengo respuestas, Valeria. Solo tengo… miedo. Miedo de que si pregunto demasiado, se aleje. Miedo de que yo sea demasiado para él.

Las mismas palabras que yo me había dicho mil veces con Mateo.

El mismo veneno disfrazado de paciencia.

Me levanté, rodeé la mesa y lo abracé por detrás, apoyando la mejilla en su cabeza.

—No eres demasiado. Nunca lo fuiste. Si alguien no puede sostenerte completo, ese alguien es el que no alcanza.

Sentí que tragaba saliva con dificultad. No dijo nada, pero se dejó abrazar. Durante unos minutos solo se escuchó el tic-tac del reloj y nuestra respiración.

Después el timbre sonó.

Los dos nos separamos de golpe. Lucas me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Crees que es…?

Asentí.

Mateo tenía llave, pero a veces tocaba el timbre cuando quería hacer una entrada “romántica”.

Caminé hacia la puerta con el corazón latiéndome en la garganta. Antes de abrir, respiré hondo y me recordé la imagen de él con otra mujer. Me recordé el sonido del cristal rompiéndose. Me recordé lo que se siente morir sin haber sido elegida de verdad.

Abrí.

Mateo estaba del otro lado con un ramo de flores blancas y esa expresión de niño arrepentido que siempre me había funcionado. Vestía una camisa celeste que yo misma le había regalado. El detalle me revolvió el estómago.

—Hola —dijo suavemente—. ¿Puedo pasar?

Di un paso atrás sin abrir del todo la puerta.

—No es buen momento.

Su sonrisa vaciló.

—Valeria, por favor. No me gustó cómo terminamos ayer. Traje esto… y pan de ese que te gusta. Podemos desayunar juntos y hablar.

—No quiero hablar ahora.

Él bajó un poco el ramo. La confusión en su cara se mezcló con algo más oscuro. Impaciencia.

—Llevas casi un día sin contestarme. ¿Qué te pasa? Nunca te habías portado así.

—Exacto —respondí—. Nunca. Y mira dónde nos trajo eso.

Mateo soltó una risa corta, incrédula.

—¿Ahora todo es culpa mía? Una pelea de nada y de pronto actúas como si hubiera cometido el delito del siglo.

Quise gritarle la verdad. Quise decirle que en otra vida lo había encontrado con las manos en el cuerpo de otra. Que había muerto con su nombre atravesándome el pecho. Pero no podía. Todavía no. Si le decía algo así, pensaría que estaba loca.

—No dije que fuera el delito del siglo —hablé con calma forzada—. Dije que necesito espacio. Y el espacio significa que no voy a abrir la puerta cada vez que aparezcas con flores.

Sus ojos se endurecieron.

—Estás exagerando otra vez. Siempre haces esto. Tomas algo pequeño y lo conviertes en un drama.

Ahí estaba.

El gaslighting perfecto.

La frase que mil veces me había hecho dudar de mi propia percepción.

Esta vez no bajé la mirada.

—Si para ti pedir respeto es drama, entonces sí… estoy haciendo drama.

Mateo se quedó callado varios segundos. Después dejó las flores en el piso, junto a la puerta, como si fueran una ofrenda que yo no merecía rechazar.

—Está bien. Haz lo que quieras. Cuando se te pase esta fase, sabes dónde encontrarme.

Se dio media vuelta y bajó las escaleras sin mirar atrás. El sonido de sus pasos fue desapareciendo hasta que solo quedó el silencio del pasillo.

Cerré la puerta y me apoyé contra ella. Las piernas me temblaban. Las flores blancas seguían ahí, mirándome como una acusación.

Lucas apareció detrás de mí.

—Lo mandaste lejos —dijo en voz baja, casi con respeto.

—Sí.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubiera arrancado un pedazo de la costumbre. Duele. Pero… también puedo respirar.

Él se agachó, recogió el ramo y lo dejó sobre la mesa sin decir nada más. Después me miró con una mezcla de orgullo y miedo.

—Valeria… si de verdad vas a hacer esto, tienes que estar preparada. Mateo no está acostumbrado a que le cierren la puerta.

—Lo sé.

—Y yo tampoco estoy acostumbrado a verte así de fuerte. Me asusta un poco. Porque si tú puedes soltar… tal vez yo también debería intentarlo.

Sus palabras me golpearon el pecho. Me acerqué y le tomé la cara con las dos manos.

—Cuando estés listo, yo voy a estar aquí. No tienes que hacerlo solo. Nunca más.

Lucas cerró los ojos y asintió. Una lágrima solitaria se le escapó y yo la limpié con el pulgar.

Esa tarde no salí de casa.

Apagué el teléfono.

Me senté en el piso de mi habitación con una libreta y empecé a escribir todas las fechas importantes que recordaba de mi vida anterior. Las traiciones. Las mentiras. Los momentos en que había perdonado lo imperdonable. También anoté las veces que Lucas había llegado con los ojos rojos después de ver a Thiago.

Necesitaba un mapa.

Porque esta vez no iba a caminar a ciegas.

Cuando terminé, miré la lista y sentí una rabia limpia subir por mi garganta. Tantos años. Tanta vida entregada a alguien que nunca me había mirado de verdad.

Me levanté, abrí el armario y saqué la caja donde guardaba las cosas de Mateo: fotos, cartas, el peluche que me había regalado en nuestro primer mes. La dejé en el medio de la habitación.

No la tiré.

Todavía no.

Pero por primera vez, pude mirarla sin sentir que me ahogaba.

A las once de la noche, el teléfono volvió a vibrar. Había olvidado encenderlo después de la siesta. La pantalla mostraba el nombre de Mateo y un mensaje de texto largo.

No lo abrí.

En cambio, escribí una nota en mi libreta, justo debajo de la lista de traiciones:

“Hoy no contesté.

Hoy no pedí perdón.

Hoy elegí quedarme conmigo.”

Cerré la libreta y apagué la luz.

En la oscuridad, el silencio se sintió diferente.

Más pesado.

Más mío.

Y por primera vez desde que había despertado en esta nueva vida…

sonreí.

Aunque me doliera.

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BL Autor 🌈
Me tocó analizar de nuevo y empezar a reescribir la historia, desde el episodio 18, les prometo que subiré lo más rápido posible cuando tengas las correcciones, quiero hasta llorar de la vergüenza, pero soy humano y me equivoco, para alguien como yo que le puso esmeró a la historia y no la analizó bien, me tocó leerla nuevamente y empezar a corregir, nuevamente me disculpo, espero que lo disfruten, tome en tiempo de leerla
BL Autor 🌈
¡ANUNCIO IMPORTANTE!, algunos pudieron notar que ya iba por el episodio 40, dado el caso sufrí un pequeño regaño de parte de mi editora jajaj, el borrador que usé lo subí con tanta emoción que no me di de cuenta que desde el episodio 18 en adelante la historia perdía su ritmo, se perfectamente que personas ya iban adelantadas y las que no, ofrezco una disculpa, pido una oportunidad, ya que soy un nuevo autor y me cuesta hacer las cosas bien por más que lo intento
Victor Cueto
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