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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:513
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Esa mañana, tras la partida de Diego a la oficina, la casa recobró su silencio habitual. Tania terminó su trabajo de diseño en el estudio y se encaminó hacia la sala. El televisor permanecía encendido, sintonizado en un programa de chismes matutinos, pero Farah, sentada en el sofá, no le prestaba la menor atención.

Farah lucía absorta, los dedos danzando ágiles sobre la pantalla de su celular. De vez en cuando sonreía, las mejillas encendidas. Tan ensimismada estaba en aquel intercambio de mensajes que no advirtió la presencia de Tania, quien llevaba ya un buen rato a sus espaldas, observando la pantalla del celular por encima del respaldo del sofá.

En la pantalla, el nombre del contacto rezaba "mi amor". Tania leyó el contenido de los mensajes. No cabía duda: aquel interlocutor era Diego, su esposo.

Creen que son muy listos, pensó Tania. Una sonrisa fina y gélida le curvó los labios antes de que carraspeara suavemente, fingiendo sorprender a Farah.

—Dios mío, Farah, qué concentrada estás con ese celular —la provocó con un tono amigable, cuidadosamente fabricado.

Farah se sobresaltó y escondió el teléfono detrás de la espalda con un movimiento brusco. El pánico le cruzó el rostro durante un instante. Temió que Tania lo hubiera descubierto. Pero entonces recordó que el nombre de Diego figuraba como "mi amor", un apodo genérico que podía pertenecer a cualquiera. Su expresión de espanto se transformó en una sonrisa tímida, igualmente fingida.

Al contemplar la torpeza de Farah, Tania esbozó una mueca entre burlona y asqueada. Sentía repulsión por los dos.

—¿Quién es, Farah? Para que te pongas así —continuó Tania, simulando malinterpretar la situación—. Seguro es tu novio, ¿verdad? Mira nada más, resulta que ya tienes pareja. Diego y Doña Carmen se van a poner contentísimos cuando se enteren.

Farah se turbó aún más, pero ahora se sentía a salvo porque Tania creía que se trataba de un novio.

—Eh, sí, Tania. Je, je —balbuceó.

Tania soltó una risita breve, se alejó y tomó asiento en otro sofá. Sabía perfectamente quién era "mi amor", y cada falsedad de esos dos no hacía sino alimentar el fuego de sus planes. El juego se tornaba cada vez más interesante, y Tania lo disfrutaba.

Se acomodó en el sofá, cruzó las piernas con elegancia. El rostro amable, pero la mirada afilada, sin perder de vista a Farah.

—Oye, Farah —inició su maniobra con un tono despreocupado, como si fuera simple charla ociosa—. Tú eres prima de Diego por parte de... ¿quién exactamente? O sea, ¿es tu papá o tu mamá quien es pariente de Doña Carmen?

Al escuchar aquella pregunta repentina, Farah se paralizó. El rubor que le habían provocado los mensajes de Diego se esfumó, reemplazado por una palidez súbita. No sabía qué responder; la historia de la "prima" no era más que una invención de Diego. Farah empezó a tartamudear.

Tania observó la nerviosidad de Farah con una sonrisa apenas perceptible. Antes de que Farah encontrara una respuesta adecuada, ya le lanzó otra pregunta.

—¿Conoces a la tía Rima? ¿La hermana menor de Doña Carmen? —inquirió Tania con un entusiasmo teatral—. A mí me parece que la tía Rima es la más callada de todos los hermanos. Pero me enteré de un chisme —bajó la voz un poco, creando una atmósfera de conspiración—: dicen que la tía Rima tuvo un amorío con el marido de su propia prima. Increíble, ¿no?

Tania saboreó el cambio drástico en el semblante de Farah: de la confusión al pánico, y del pánico a un terror manifiesto. Los ojos de Farah se abrieron como platos, cual si aquel chisme inventado fuera un fantasma aparecido en pleno día. La mandíbula se le tensó, pero un sudor frío empezó a perlarle las sienes.

Tania quiso saber qué respondería Farah. Y Farah, con voz entrecortada, contestó:

—S-sí... yo también escuché eso de la tía Rima.

Tania sonrió con malicia al oír la respuesta. Farah no tenía idea de que la historia que acababa de relatar era pura invención, un señuelo diseñado para provocar una reacción y medir hasta dónde llegaba su conocimiento sobre la familia de Diego.

Jaque mate, pensó Tania. Farah acababa de confirmar un chisme que jamás existió.

Tania no volvió a preguntar. Se reclinó en el sofá y detuvo la charada por un momento. Farah sintió alivio al ver que el interrogatorio cesaba; el aliento que había contenido escapó al fin de sus pulmones.

Sin embargo, el alivio duró apenas un instante. Farah advirtió con extrañeza que el rostro de Tania adoptaba la expresión de alguien sumido en una reflexión intensa, el ceño profundamente fruncido. El atrevimiento le brotó, empujado por la curiosidad y las ganas de saber qué maquinaba Tania.

—Tania, ¿en qué estás pensando? —preguntó Farah, tratando de indagar, con un tono de confianza forzada—. Tienes la frente toda arrugada. Puedes contarme lo que sea; si tienes algún problema con Diego, tal vez yo como su prima pueda aconsejarle.

Antes de responder, Tania esbozó una mueca tenue, fría y cortante, que hizo a Farah estremecerse.

—Estoy pensando —respondió Tania con voz serena pero cargada de intención, los ojos clavados en Farah— si no será que tú también haces lo mismo que la tía Rima.

Al escuchar aquella pregunta demoledora, Farah se sobresaltó de golpe. El rostro se le demudó. Las palabras de Tania atravesaron la máscara de disimulo que ambos habían construido y golpearon justo en el blanco. El cuerpo de Farah se congeló, como si el tiempo dejara de correr, y sus ojos irradiaron un pavor imposible de ocultar.

Tania se puso de pie, dando por terminado su interrogatorio con una sonrisa cordial, impecable.

—Voy a mi habitación un rato, Farah —comentó con desenfado, como si la pregunta anterior hubiera sido una broma sin importancia—. No le des más vueltas a eso. Además, es imposible que tú seas como la tía Rima... a menos que fueras su hija —soltó una risa ligera, una risa que sonaba dulce pero rebosaba de doble sentido—. Tu reacción fue muy graciosa.

Sin esperar respuesta de Farah, que permanecía inmóvil, Tania se alejó y la dejó sola en la sala.

* * *

Tras la partida de Tania, el silencio invadió la habitación durante varios segundos. En cuanto Tania desapareció de su campo visual, la expresión de Farah cambió por completo. El rostro se le encendió de furia y comenzó a insultar a Tania entre dientes.

—¡Maldita desgraciada! ¡Santurrona de mierda! —siseó Farah. Arrojó un cojín del sofá contra el piso con violencia—. ¡Lo hizo a propósito! ¡Estoy segura de que lo hizo a propósito!

La rabia le desbordaba. Farah estaba convencida de que Tania había orquestado aquel interrogatorio deliberadamente, la había provocado con la historia inexistente de la tía Rima. Su mente retrocedió al incidente en que Tania le volcó el té caliente encima.

—¡Estoy segura de que también derramó el té a propósito! —masculló Farah—. Esa mujer no es tan débil como Diego cree. Tengo que andarme con cuidado.

Farah agarró el celular con furia, los dedos tecleando un mensaje acelerado para Diego, repleto de ira y de una nueva inquietud ante la astucia de Tania.

Siguió con la mirada fija en la pantalla, ansiosa, esperando una respuesta de Diego que no llegaba. Sus dedos redactaron un mensaje nuevo a toda velocidad, pero luego lo borraron, sin saber cómo articular su queja. Cada segundo que transcurría avivaba más su irritación. Diego seguramente estaría ocupado con el trabajo, pero a los ojos de Farah aquello no era más que una excusa trillada.

—¡Maldita sea! —escupió Farah. Lanzó el celular a su lado con rabia.

La exasperación terminó de consumirla y optó por subir a su habitación en la planta alta. Sus pasos resonaron pesados, cargados de furia y frustración. En su fuero interno, maldecía a Diego sin piedad por haberla metido en la casa de Tania, un lugar que le resultaba la guarida de una leona.

¡Todo esto es culpa de Diego!, pensó Farah. Deberíamos haber seguido viéndonos afuera como siempre, en vez de vivir bajo el mismo techo que su esposa legítima, esa mujer astuta.

Farah entró al cuarto de huéspedes y azotó la puerta con fuerza; el estruendo retumbó en el silencio de la casa. Se sentía atrapada, y la sagacidad de Tania que acababa de experimentar la intimidó por primera vez.

Continuará...

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