Lorena Sales se mata trabajando guardias de veinticuatro horas como enfermera para mantener a flote un matrimonio que se desmorona. Su marido Jorge apenas trabaja medio turno y gasta todo en apuestas. Una noche, al regresar del hospital, Lorena encuentra a Jorge acompañado de dos hombres de traje. Llora, pide perdón, y le dice que tiene que acompañarlos.
Jorge la vendió.
Para saldar una deuda de quinientos mil dólares con el dueño de un casino, eligió entregar a su propia esposa. Lo peor es que el comprador no es un desconocido: es Ravi Dumont, el mafioso herido al que Lorena salvó la vida en un camino de tierra semanas atrás. Un hombre que, desde aquella noche, se obsesionó con ella.
Ravi es el don de la mafia italiana. Frío, brutal, dueño de casinos y de la vida de quienes lo rodean. Pero con Lorena, todo cambia. No quiere una esclava ni un trofeo. Quiere que ella lo ame, y está dispuesto a esperar, a desafiarla, a mostrarle un mundo de lujo y peligro hasta que esa mujer de carácter indomable decida quedarse por voluntad propia.
Lorena no se lo va a poner fácil. Tiene temperamento, dignidad y un pasado que le enseñó a no depender de nadie. Pero Ravi sabe jugar sucio, y entre provocaciones, celos, humor crudo y una atracción que ninguno de los dos puede controlar, la línea entre cautiva y cómplice se vuelve cada vez más borrosa.
Sin embargo, el mundo de Ravi está lleno de enemigos. Traiciones desde adentro, alianzas rotas, un rival que se obsesiona con Lorena y una familia que hará lo imposible por separarlos. En esta guerra donde el amor es tan peligroso como una bala, Lorena tendrá que decidir si Ravi es el monstruo que dice ser o el hombre que merece el corazón que nunca le dio a nadie.
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Capítulo 5
Lorena,
Sus preguntas me desconciertan, porque tiene razón. Me puse el implante anticonceptivo para no embarazarme, porque no quería un hijo en la situación en que estoy. Trabajo sin parar, y si parara, pasaría hambre si dependiera de Jorge. Pero ¿cómo iba a trabajar con un bebé?
— A mi lado, no te vas a preocupar por nada. Voy a comprarte un hospital, y tú serás la dueña, vas a mandar a todos. No vas a trabajar, o sí, si quieres, pero será por tu decisión, no por obligación.
— Yo te salvé la vida, ¿por qué me hiciste esto?
— Te estoy devolviendo el favor. Estoy salvando la tuya también, de una vida miserable.
— ¿Entonces no vas a tocarme, es eso? Porque podrías ayudarme de otras formas, sin obligarme a quedarme contigo.
— ¿Todavía no lo entiendes, Lorena? Eres mía. Ese parásito solo te tomó prestada. Le pagué un millón y medio, y desapareció. Ningún dinero va a comprarte de mí. En cuanto salga el divorcio, nos vamos a casar y a tener una familia perfecta.
Se acerca otra vez para besarme, pero giro el rostro, y él deposita un beso largo en mi mejilla. Se aleja, toma mi mano y me lleva hasta el enorme vidrio, mostrándome todo el imperio allá abajo. Son varias mesas de juego, muchas máquinas y gente apostando. Jalo aire y lo suelto lentamente, porque ya me di cuenta de que no voy a tener escapatoria. Él nunca me va a dejar salir de este lugar.
— Cuando amanezca, iremos a una tienda, y vas a comprar todo lo que quieras. Hasta la tienda misma, si te gusta. Y, por la noche, te voy a llevar al hospital para tu guardia. — Lo miro sin entender.
— ¿Vas a dejarme seguir trabajando?
— Claro que sí, a menos que no te guste tu trabajo.
— Sí me gusta. — Me da una sonrisa y vuelve a mirar por el vidrio. — ¿Entonces no voy a ser tu prisionera?
— De ninguna manera. Serás mi esposa. Pero hay una cosa, si intentas escaparte de mí en el hospital, las cosas van a cambiar de rumbo. Vas a dejar de hacer todo sola para hacerlo acompañada por mis hombres. Creo que no te va a gustar eso, porque tengo ojos en todos lados. Adonde vayas, te voy a encontrar y traer de vuelta, cuantas veces sea necesario, hasta que entiendas que ahora tu lugar es a mi lado.
O sea, me está dando una falsa libertad, porque estoy segura de que, incluso de lejos, seré vigilada en el hospital. Ravi me toma la mano otra vez y me lleva al salón. Empieza a presentarme a las personas como su novia. Todos me saludan. Personas que nunca vi en mi vida.
Algunas mujeres parecen no estar muy contentas con la idea y se ponen a cuchichear entre ellas. Pero el respeto que él tiene entre todos ahí es admirable. Ravi habla suave, respetuoso y educado, pero con un entusiasmo evidente por estar presentándome a la gente.
Todo lo que yo quería ahora era mi camita calientita para dormir, y no estar en medio de tanta gente. Él nota mi cansancio y me lleva de vuelta a su oficina. Entonces abre una puerta lateral y me invita a entrar. Cuando entro, me encuentro con una habitación en tonos de blanco y negro, muy estilosa y con un aroma agradable.
— Duerme el tiempo que necesites, mi novia. Cuando despiertes, desayunaremos e vamos a hacer tus compras, porque no vas a traer nada de tu antigua casa. Todo lo que tengas será nuevo, igual que tu nueva vida.
— Necesito ir a recoger mis documentos y mis apuntes. Tengo cosas personales que buscar.
— Iré contigo, si es necesario, pero no vas a traer nada más que los documentos, ¿entendido?
Asiento con la cabeza, sin cuestionarlo. Ya me di cuenta de que le gustan las cosas a su manera. De lo contrario, ni sé cómo se comportaría al ser contrariado. Me lleva hasta la cama y, en cuanto me siento, se arrodilla para quitarme los zapatos. Me da pena, pero él lo hace todo con una sonrisa en el rostro. Después, toma mis pies y los coloca sobre la cama, tapándome enseguida. Nunca tuve ese tipo de cuidado de parte de alguien. Siempre tuve que arreglármelas sola para todo, y esto me está dejando un poco incómoda.
Sin que lo espere, se acerca y me da un besito en los labios, deseándome buenos sueños. Después, sale de la habitación y cierra la puerta. Me giro de lado, tratando de entender qué está pasando. ¿Cómo cambió mi vida así, de la nada? ¿Cómo una simple enfermera se convirtió en la obsesión de un tipo que solo me vio una vez en la vida?
¿Será que él es realmente como se muestra? ¿Tan tranquilo y educado? ¿O eso es solo una máscara para esconder quién realmente es? En el ala psiquiátrica del hospital, hay muchos pacientes así. Parecen tranquilos y, de repente, estallan. Sobre todo los más peligrosos, los que están en el ala de criminales. Y sus amenazas fueron firmes. Sobre traerme de vuelta en caso de que intente escapar.
Dios mío, ¿en qué lugar me metí?
Con tantas preguntas rondándome la cabeza, empieza a dolerme. Por el cansancio, termino durmiéndome. Y, por primera vez, no sé por qué, duermo tranquilamente. Sin preocuparme por dónde está Jorge o cómo voy a pagar las cuentas del mes siguiente. Solo duermo con una certeza silenciosa de que todo va a salir bien.
Cuando me muevo en la cama para despertar, siento a alguien apretándome, jalándome contra su cuerpo. Me volteo rápido para ver quién es, y ahí está él, Ravi, sin camisa, con la mano apoyada sobre mi cintura. Abre los ojos, y me pierdo en la intensidad de su mirada. Es como si estuviera mirando el océano.
— ¡Buenos días, mi novia! — Una vez más, esboza una sonrisa para mí. Su calma es algo admirable.
— ¡Buenos días, Ravi! — digo, intentando levantarme, pero él me sujeta aún más, jalando mi cuerpo cerca del suyo.
— Sin prisas, Lorena. Vamos a disfrutar este momento nuestro, el primero de muchos. Pero, todas las veces que despiertes, quiero un beso de buenos días, ¿puede ser?