Clara Estrella enviada a un internado por sus padres que solo favorecen a su gemela, Clarisa. Es traida nuevamente solo para ocupar el lugar de Clarisa en un matrimonio arreglado. Lo que todos ignoran que Clara fue tomada por una organización secreta y entrenada como asesina. Por lo que ya no es esa chica retraida y complaciente, que a pesar de no querer casarse acepta al considerar a su nuevo esposo la mejor pantalla para cumplir con sus misiones. Solo debe fingir ser una esposa complaciente. ¿Podrá Clara soportar fingir? ¿Lograra cambiar la actitud libertina de su esposo? ¿Qué pasara cuando sepan lo que ella es en verdad?
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3- Ya no me consideras tu hija
El chofer se veia pálido, sudoroso y se aproxima, invadiendo mi espacio. Al no escuchar una respuesta de mi parte.
-Señorita. Venga.
Me señala la oficina.
—Suerte con su boda. Le dije al hombre que me miraba como si me estudiara.
Seguí a paso firme al chofer. Ingresé a ese espacio que olía a muebles de algarrobo y cigarro de mi padre. Estaba de espaldas mirando por la ventana.
Contraje mi diafragma al verlo despues de tantos años. Los cuales no fueron piadoso con él. Se veia mas desgastado.
Por lo visto mi padre está muy molesto por el temblor de su puño al fumar.
-Señor. Aquí está. Dijo con la voz temblorosa el chofer.
—¿A quién confundiste con mi hija? Indagó girando y al verme se le cayó el cigarrillo de las manos.
—Ya no me consideras tu hija.
—CLARA... NO... ¿CÓMO?
—Terminé mis estudios.
—No. No...
Siguió diciendo.
Ningún hola, te extrañé, cómo estás, o alguna explicación si supo del intercambio de internado. Se dirigió a su escritorio, revisó los papeles de un cajón nervioso y sacó un sobre marrón cerrado. Lo rompió con descuido y leyó el contenido. Se puso pálido, sudoroso y bajó la hoja con su mano temblando.
-Se me pasó... CLARA.
Se pasó la mano por el pelo y se tocó la nuca.
Se veia nervioso y suspiró pesado.
—Por el momento irás a un hotel... En lo que cuando terminan las reparaciones te llevo.
Me oculta, seguro que no quiere que me vea CLARISA.
—¿La casa en reparación? Como no.
Lo miré fijo, noté su incomodidad.
—Antonio, lleva a CLARA al hotel... Marcos se ocupa de CLARISA. Dijo con la voz rota.
Nervioso por si pregunto algo o reclamo algo. No dije nada. Seguí a Antonio.
Mientras camino detrás de él, veo mi reflejo en el vidrio del pasillo. No soy la niña que se fue. Mi piel es más blanca, casi luminosa por el suero. Mis ojos claros ahora ven en la oscuridad. Mi cuerpo es un arma. Mi padre quiere esconderme en un hotel como si fuera una vergüenza.
Subí al vehículo, notaba a Antonio nervioso, su celular sonó y casi lo tiro al suelo. Se alejó para hablar, pero tengo una audición sensible, como los linces.
"Clarisa quiere brillar en su fiesta"
Era la voz de mi padre.
"No debe saber de la llegada de Clara"
"Señor, al fin y al cabo es su hija. No podra ocultarla para siempre"
Respondio Antonio von la voz temblorosa.
"Debo buscar un prometido para Clarisa, ella no quiere casarse con el hijo mayor de los Montoya"
"Pero ya estaba prometida al señorito, ya existe un contrato, con esa familia no puede jugar"
"Ya pense en ello. Solo dice que se casa con la hija de los Estrellas"
El idiota del lobby, el soltero más codiciado, resulta ser el prometido que mi padre ya eligió para mí.
Lo entendi todo. Por eso la urgencia que regrese. Me traen a que recoja la basura que no quiere Clarisa.
Antonio hablaba por teléfono con el alta voz, aunque este a cinco pasos pude oirlo:
"Sí, entonces, señor Estrella quiere casar a su hija mayor con el nieto de los Montoya, el de la revista, antes de que arruine lo de la menor".
"Clarisa lo dijo textual que no se casa con un viejo decrépito"
Clarisa cree que me casarán con un viejo decrépito. Sonrío por primera vez. Es una sonrisa fría que no llega a mis ojos. Perfecto. Que lo crea. Un matrimonio es una excelente pantalla. Nadie sospecha de una esposa millonaria y aburrida. Nadie revisa sus viajes, sus horarios, sus manos manchadas que lava con tanto cuidado. Cuando deba hacer mis trabajos, dirán: es la mujer del millonario, está de compras.
Lo que no saben es que esta vez, la que regresó no va a pedir permiso para quedarse.
Y lo que mi futuro marido no sabe, el que hoy me despreció en el lobby por no conocerlo, es que la mujer que odia por fría es la misma que el gobierno llama Ángel de la Muerte.
En eso mi celular negro vibra en mi bolsillo, me llega una notificación, un archivo, con un tiempo limite de duración.
Lo miro sin emoción, fria. Es mi trabajo. Tiene una buena paga. Si gano mi propio dinero, nadie podra juzgarme, ni decirme nada.
Al rato veo que el chofer corta la llamada y regresa al auto. Se sienta ante el volante, suspira y se pone en marcha, al mismo tiempo me dirige unas palabras como si recordara que estoy en el mismo auto.
—Compraremos algo de paso para que comas...
—De acuerdo.
—¿Qué te gustaría comer?... Pide sin pena, el precio no es problema.
—No tengo preferencias.
—Pide lo que sea... Tu padre me encargo que te atienda bien.
—Siempre haces lo que te pide.
—Es mi jefe.
—Crei que solo eras chofer temporal.
—Soy su asistente, cumplo las funciones que me asigne... No se porque te lo digo.
—No pregunte.
—Y... ¿Ya decidiste?
—Cuando vea lo que ofrezcan decido.
—Bien.
Respondió con un jadeo molestó.
Me llevo a un restaurante, nos guiaron a una mesa.
Antonio tomo la carta
—Deja que te lea... Tal vez...
—Se leer.
Le respondí.
Al mozo le señale varios platos, con postre incluido.
—Yo no voy a comer.
Escuche que me dijo Antonio.
—Pedi todo para mi... Pide aparte.
—¿Comeras todo eso?... Te vez muy delgada... No pareces.
—No debes juzgar por las apariencias.
Él sonrio nervioso.
—Voy a lavarme las manos.
Le dije. En realidad queria hablar con mi superior para que me mande las nuevas directivas.
Cuando me encaminaba al tocador senti que me jalaron del brazo.
—Me estas siguiendo.
El insufrible del lobby ñestaba en el mismo restaurante.
—No te creas importante. Vine a comer.
—Nadie te cree eso.
—Sino es a comer para que vienes a un lugar asi.
—Eres rapida al hablar... Admite que me sigues.
—Yo podria decir lo mismo.
—Quien se fijaria en ti... Eres muy flaca y...
Me inco el abdomen y sintio duro. Tenia el fisico trabajado y firme. Sus ojos se abrieron lijeramente. De manera descarada apoyo su palma entera. Le tome la muñeca firme y lo aleje de mi.
—No soy una fruta que debes tantear para comprar. Le dije seria dejandolo ahi parado.
Fui al baño. Me labe las manos. Marque el número de mi superior y recibi un texto en clave. Lo descifrare luego. Ahora solo quiero comer.
Al salir el hijo mayor de los Montoya me esperaba afuera.
—Eres peor que la peste.
—¿Qué dijiste?
—Ya no molestes si quieres seguir viviendo.
Lo aparte de mi camino.
Tenia una cara de incredulidad. Senti que me siguio. Pero al llegar a la mesa Antonio tenia los paquetes de comida en bolsas.
—Pedi para llevar... Tu padre me llama para que regrese.
—De acuerdo.
—Como no pediste ninguna bebida... Te solicite una gaseosa.
—Solo tomo agua... Quedatela tú.
—Bien... Vamos.
Suspiro nervioso.
Vi de reojo como el insufrible Montoya se quedo atras mirando molesto que me iba. No se que bicho le pico que me persiguio hasta el baño.