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Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Embarazo no planeado / Malentendidos / Dejar escapar al amor / Enfermizo / Completas
Popularitas:366.8k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Galaxy

Durante cinco años, Valentina lo dio todo por callar: un matrimonio que la humilló, una pierna que quedó coja, una hija sorda que crió sola… y un secreto que le partía el alma. Porque la pequeña Dulce no era hija de su despreciable exmarido. Era hija de Maximiliano Argüello, el magnate que la abandonó creyendo que ella lo había traicionado.

Cuando él regresa —más rico, más frío, más cruel—, le escupe las palabras que ella jamás olvidará:

—Esos ojos, cúratelos. Y a esa niña, déjasela a tu amante. No vaya a estorbarte para casarte con otro rico.

Valentina aprieta los dientes y sonríe. Que la desprecie. Que no sepa nada. Es mejor así.

Pero el destino es cruel con los secretos. Una prueba de ADN, un rumor envenenado, una enfermedad que ella esconde de todos… y de pronto el hombre que la trató como basura está de rodillas, con su hija en brazos, suplicando:

—Perdóname, Valentina. No sabía… No sabía nada. ¡No te mueras, por favor!

¿Y la verdad sobre su madre? ¿Sobre quién destruyó de verdad a las dos familias? Esa apenas empieza a salir a la luz… y hará temblar a toda la dinastía Argüello.

Demasiado tarde, magnate. Esta vez, la que decide soy yo.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7: Le pido ayuda

Una sombra le tapó la luz antes de que terminara de levantarse.

—Quieto ahí. —La voz de Maximiliano cortó el aire. No le hablaba a ella; le hablaba al niño del balón, que ya regresaba por su pelota y se detuvo en seco—. Tú. Tiraste a una persona y seguiste corriendo. ¿Dónde está tu madre?

La madre del chamaco apareció enseguida, lista para defenderlo con el repertorio completo de "son cosas de niños", hasta que vio el traje, el coche, a Ulises de pie junto a la portezuela abierta. El repertorio se le murió en la boca.

—Una disculpa —dijo Maximiliano, sin levantar la voz, y de algún modo eso fue peor que un grito—. A la señora. Ahora.

El niño murmuró un "perdón" y la madre otro, y se fueron casi corriendo. Solo entonces Maximiliano bajó la mirada hacia Valentina, que seguía a medio levantar, con las palmas raspadas.

No le ofreció la mano. Pero no se movió hasta que ella estuvo de pie.

—¿Qué hacías saliendo de casa de los Salazar a pie y con esa cara? —preguntó.

Y Valentina, que en cinco años no le había pedido nada a nadie, que se había levantado sola de cada caída, hizo lo más difícil que había hecho en mucho tiempo. Tragó el orgullo entero, de un golpe, y lo miró a los ojos.

—Tienen a mi hija. —Le tembló la voz—. Se la llevaron del hospital. La abuela no me la quiere devolver y yo… yo no tengo cómo pelear contra esa gente. No tengo dinero, no tengo apellido, no tengo nada. —Apretó los puños—. Usted sí. Ayúdeme. Por favor. Le pido ayuda. Lo que sea que cueste, se lo pago como sea, pero ayúdeme a recuperar a Dulce.

Maximiliano la miró un largo rato. Algo le trabajaba detrás de los ojos.

—Esa niña no es más que un estorbo para ti —dijo al fin, frío—. Un pequeño estorbo que te va a arrastrar toda la vida.

—Puede ser. —Valentina no bajó la mirada—. Pero es mi estorbo. Y lo quiero de vuelta.

Él se quedó callado. Después se dio media vuelta hacia el coche.

—Sube. Te llevo a tu casa. —Y, ya con la portezuela en la mano, sin verla—: Esta noche tienes a tu hija. No me lo agradezcas todavía.

En el coche no hablaron. Valentina iba con las manos abiertas sobre las rodillas, las palmas raspadas ardiéndole. A media avenida, Maximiliano chasqueó los dedos sin voltear.

—Ulises. El botiquín.

El asistente le pasó hacia atrás una caja pequeña. Maximiliano la abrió, sacó una gasa y una botellita, y se la tendió a Valentina sin mirarla, con la vista fija en la calle.

—Límpiate eso. Pareces pordiosera. —Lo dijo con desprecio. Pero la mano que le acercó la gasa se quedó suspendida un segundo de más, esperando a que ella la tomara—. No entiendo cómo una mujer se deja tirar por un chamaco y por una vieja en bata de seda el mismo día.

—No todos podemos comprar el mundo, señor Argüello. —Valentina tomó la gasa. Le temblaban los dedos—. Algunos solo lo aguantamos.

Él no contestó. Pero por el resto del camino, cada vez que el coche frenaba de golpe, su brazo subía a media altura, del lado de ella, como por costumbre, como hace cinco años, y volvía a bajar antes de tocarla.

No le explicó cómo. Valentina supo después, por pedazos, que esa misma tarde una distribuidora le canceló de golpe tres contratos a Inmobiliaria Salazar, que un banco les congeló una línea de crédito, que en cuestión de horas el imperio de don Bruno empezó a crujir por todas partes. Y que, en medio del crujido, alguien le hizo llegar a Doña Carmen un mensaje muy simple: devuelve a la niña hoy, o mañana no tienes empresa.

A las nueve de la noche, un coche dejó a Dulce en la puerta del edificio de la colonia Obrera.

Valentina la abrazó tan fuerte que la niña protestó. La revisó entera, le tocó las mejillas, le acomodó el audífono, le besó la frente diez veces. Dulce, una vez instalada en el sillón con un vaso de leche, le contó su aventura con la importancia de quien vuelve de la guerra.

—La casa de la abuela tiene escaleras y escaleras. Y una fuente con pescaditos. Pero no me gustó. —Arrugó la nariz—. Una señora me quería peinar y yo no quería. Y no me comí la sopa porque tú no estabas, y cuando tú no estás la comida sabe rara. —Bajó la voz, como confesando un secreto grave—. Le dije al señor Bruno que quería ir contigo y me dijo que me callara. No es bueno, mami. No me cae bien.

—Ya pasó, mi amor. Ya estás en casa. —Valentina le apartó el fleco de la frente—. Aquí la comida sabe bien, ¿verdad?

Dulce asintió con toda la cabeza. Luego dio otro trago de leche y se acordó de lo importante.

—Y oí algo, mami.

—¿Qué oíste, mi amor?

—La abuela y el señor Bruno hablaban en la noche. Creían que estaba dormida. —Dulce frunció el ceño, concentrada en repetir bien—. La abuela dijo que el señor Bruno no puede hacer bebés. Que el doctor dijo que nunca va a poder. Y que por eso yo soy lo más importante, porque soy lo único de la familia. —Levantó los ojos, sin entender por qué su madre se había quedado tan quieta—. ¿Qué quiere decir que no puede hacer bebés, mami?

Valentina no contestó enseguida. El vaso de leche, el sillón, la lámpara, todo el cuarto pareció alejarse un paso.

Bruno no podía tener hijos. Nunca había podido. Y aun así había aceptado a Dulce, la había bautizado, la había presentado como suya ante el mundo entero. No por amor. Por necesidad. Porque era lo único que iba a llevar su apellido. Lo único que le va a quedar a mi hijo. La frase de Doña Carmen encajó por fin en su doble fondo, y Valentina sintió un frío que le bajó por la espalda. Si Bruno sabía que no podía ser el padre, entonces siempre había sabido que el padre era otro. Siempre lo había sabido. Y se había callado, sonriendo para las fotos, por pura conveniencia.

—Quiere decir que eres un milagro —le dijo a Dulce al fin, con la voz rota, abrazándola otra vez—. Eso quiere decir.

Acostó a la niña, se quedó un rato mirándola dormir, y cuando por fin salió a la sala a respirar y a pensar en todo lo que ese día le había puesto encima, tocaron a la puerta.

Eran casi las once. Nadie tocaba a esa hora.

Por un segundo pensó que era Bruno, que venía a quitarle otra vez a la niña, y el corazón se le subió a la garganta. Se asomó por la rendija con el cuerpo entero en guardia.

Abrió del todo. Y ahí estaba Maximiliano, recargado en el marco, con el saco al hombro y los ojos clavados en ella, de vuelta cuando ya creía que no volvería. Olía a noche y a ese cigarro de siempre. Detrás de él, la calle estaba oscura y vacía.

—Bien —dijo él, despacio—. Ya tienes a tu hija. —Inclinó apenas la cabeza, y la voz le bajó un grado—. ¿Y cómo piensas agradecérmelo?

1
Bea Tastro
Valentina creo que le quito el tetero al niño Jesús.
Silvina Claudia Rodrigo
Max cobarde mil veces cobarde ,te mereces todo lo q te pasa
Silvina Claudia Rodrigo
Es buen hombre Maxi ,la ama de verdad y la espera hace 5 años , Valentina también lo ama ,nunca dejó de quererlo ,que baje la guardia un poquito y se de la oportunidad de ser feliz junto a Max y la nena
Mártá Orti Bia
realmente parece una novela para niños o para retrasados mentales no tiene personalidad los protagonistas horribles a Dios
Edith Zenteno
el hizo un ADN ho no? cuando cogio un pelo de dulce en el auto ?
Edith Zenteno
no tengo claro el padre de Dulce es Max? pero se caso con Bruno?
Haydee Neyra
gracias hermosa historia
Cliente anónimo
La propia novela, me gustó
Mari Marisbah
las cuentas no cuadran el anillo de lo dió a los 17 años y después de 18 años se lo vuelve a dar y la niña tiene 6 años no cuadra
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias
Mary Salazar
fascinante 👏👏👏👏👏👏
Mary Salazar
por qué tiene que ser así es injusto nunca por más que lucha todo llega a su fin y la felicidad de ella su dolor su orgullo /Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Graciela Calcaterra
Yo no entiendo autora están en un país y en el otro capítulo están en otro,no hay coherencia.Estas alargando la novela con tonterías, en este tiempo ya no hay gente que se dejé humillar y manipular de esta manera.No leo más,te falta
mucho para atrapar a los lectores, coherencia por favor
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tan triste saber que de todo este montaje diabólico, las únicas que sufrieron y pagaron deudas ajenas, fueron Renata y Valentina, porque Néstor, por muy agraviado que se sintiera, rehizo su vida al lado de quién destruyó la de la esposa, si analizamos bien , fue cómplice sumiso, juzgó y condenó, Maximiliano siempre ha sido aguevardo, le tocó casi ver morir a Valentina, para reaccionar, aunque a mí manera de pensar, hay heridas que aunque sanen, dejan cicatrices imborrables, recordatorios constantes, difícil vivir con eso. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Parece la historia de dos niños inmaduros y caprichosos. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Maximiliano es una peste, solo falta que con la suerte y la falta de carácter de Valentina, queden juntos. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Hombre estúpido, con una mamá podrida, hasta mejor que Valentina no le dijo lo de Dulce, porque la habría echado sola, quitándole a la niña. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Valentina, como que mató un perrito en otra vida, le pasa de todo lo malo. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Alma Zarate
muy hermosa novela 😍
Denny Lopez
empezando
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