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La Esclava Del Conquistador

La Esclava Del Conquistador

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La esclava del conquistador

Khadir, el conquistador más temido del continente, jamás ha perdido una guerra. Reyes se arrodillan ante él, imperios caen bajo su espada y todo aquello que desea termina perteneciéndole. Hasta que encuentra a Mila.

Capturada tras la caída de su reino, Mila es entregada como esclava al hombre que destruyó todo lo que amaba. Khadir espera quebrar su voluntad como ha hecho con miles de enemigos, pero descubre que ella es distinta. Ni las cadenas, ni las amenazas, ni el poder absoluto consiguen doblegarla.

Lo que comienza como una lucha entre amo y esclava se convierte en una peligrosa batalla de voluntades, donde cada victoria tiene un precio y cada derrota deja cicatrices imborrables.

En un mundo gobernado por la guerra, la conquista y la ambición, solo uno podrá imponerse... porque el mayor imperio jamás será una ciudad, sino el corazón del enemigo.

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La Fuga

El tiempo dejó de tener forma entre esas paredes de piedra. Sin ventanas, sin sol, los días se fundían en una misma penumbra fría y mohosa. El aire olía a tierra húmeda, hierro oxidado y cuerpos cansados. Los únicos marcadores eran las botas de los guardias, el choque metálico de las armas y el ritmo de una vigilancia que parecía no descansar… hasta que empezó a debilitarse.

Lo noté en sus posturas: hombros caídos, párpados pesados, atención que se desvanecía bajo el agotamiento. Y yo observaba. Me enseñé a ser silencio, a ser sombra. Me sentaba inmóvil, aprendiendo cada movimiento.

Aprendí quién cojeaba, quién entrecerraba los ojos ante la luz, quién hablaba en voz baja. Descubrí que el guardia del amanecer aceptaba pan extra; que el turno de medianoche se perdía en pensamientos de hogares lejanos. Memoricé los caminos, los rincones donde las rondas se espaciaban, los momentos en que la vigilancia fallaba lo suficiente para dejar un hueco.

Las comidas llegaban a la misma hora: gachas aguadas y pan duro. Escasa, pero predecible. Y la rutina era mi aliada. Los soldados se fatigaban, sus reacciones se volvían más lentas, y en esa fatiga aparecían las grietas. Yo las cartografiaba todas en mi mente.

No dije una palabra a las demás mujeres. No compartí planes. Mi rostro no revelaba nada. Pero cada detalle se asentaba en mi memoria, armando un rompecabezas que crecía día tras día. Esperé. Conté los días. Perfeccioné la ruta, ensayé los movimientos. Sabía que un solo error costaría todo. Así que aguardé con paciencia.

Y la noche llegó. Viento fuerte, luna oculta, oscuridad casi absoluta. El guardia de medianoche se recostó, la cabeza caída sobre el pecho, la mano aflojada sobre su espada. Dormitaba.

Me levanté despacio. Medí cada paso, pisando donde el sonido moría. Mi respiración era superficial. El corazón golpeaba fuerte, pero me obligué a calmarlo. Pasé a su lado, tan cerca que podía oler su aliento. No lo miré. Solo avancé. Y cuando las luces quedaron atrás… corrí.

El aire frío me golpeó el rostro. Corrí entre sombras, sin detenerme. Por primera vez, yo decidía mi camino. Era libre, aunque fuera solo por instantes.

Entonces lo oí: agua corriendo sobre piedras. Reduje la marcha, escaneando la orilla. Y lo vi. Una figura de pie en medio del río, de espaldas, piel mojada, cabello claro empapado. Por un instante me quedé inmóvil. Demasiado perfecta para ser real.

Di un paso atrás, giré para huir —y chocé contra él.

Caí al suelo, mis muñecas inmovilidas con facilidad aterradora. Luché, pataleé, pero fue inútil. Era luchar contra la corriente.

—¡Suéltame! —jadeé.

—Pequeña esclava… —murmuró cerca de mi oído—. Esta noche aprenderás a quién perteneces.

Mis fuerzas se agotaron. La oscuridad pareció cerrarse sobre mí. Comprendí que mi huida no había sido victoria… sino el comienzo de algo mucho más peligroso.

Cuando todo terminó, me incorporé temblando. Él estaba detrás de mí, sólido e inamovible.

—Debiste correr más lejos —dijo con voz tranquila.

Me tomó del brazo y me condujo de vuelta. El campamento reapareció entre la niebla. La libertad había sido solo un destello antes de la jaula de verdad. Me empujó hacia el carro. Caí entre las demás mujeres, que me miraron con asombro. Al levantar la vista, él estaba en la entrada. Sonrió, lento y peligroso.

—No intentes huir de nuevo, pequeña.

Se fue. El miedo regresó, más profundo y real que antes. Pero esta vez trajo claridad: ya no era la prisión lo que me aterrorizaba. Era él.

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BERNARDINA PASTELIN
desgraciado viejo😡😡😡
EspirituCreativo: Tranquila lectora... Y si es un viejo calculador
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔 menciona que viene del futuro
EspirituCreativo: Si lectora viene del futuro, vivió un tiempo como princesa del reino y se adapto pero no perdió su ímpetu
total 1 replies
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