¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LA PIEZA No.3
Héctor encontró el sobre negro cuando salió de la casa antes de que amaneciera.
Había pasado otra noche sin dormir. Ya tenía la barba crecida y unas ojeras que le marcaban el cansancio de una investigación que parecía no tener fin.
Se agachó despacio.
No tenía sellos, no tenía huellas a simple vista, solo un sobre negro de papel grueso.
Lo abrió ahí mismo.
Adentro había una hoja blanca con una sola frase:
"Detective Héctor Rivas: deje de buscar a Némesis."
Abajo había un símbolo raro, un círculo atravesado por una línea horizontal y una sola palabra: ZERO.
Se quedó quieto unos segundos. No conocía ese nombre, pero sí sabía algo más importante: alguien había llegado hasta la puerta de su casa sin que ninguna cámara del edificio se activara.
Eso solo podía significar dos cosas: o se estaba enfrentando al mejor infiltrado del país, o al tipo más inteligente que había conocido.
Media hora después el sobre ya lo estaban analizando en el laboratorio.
Nada. Ni ADN, ni huellas, ni fibras, ni químicos. Como si lo hubieran hecho para no dejar rastro.
Valeria dejó el informe en la mesa.
—Está completamente limpio.
Héctor volvió a leer la nota.
—No amenaza, no pide nada, solo me dice que deje el caso.
—¿Quién es Zero?
—No tengo idea... pero sabe demasiado de nosotros.
Un agente entró corriendo.
—Detective, hay una llamada cifrada para usted.
—¿De dónde viene?
—Imposible rastrearla.
Héctor contestó. Al principio solo se escuchaba estática y después una combinacion de mil voces imposibles de identificar y excasamente se entendia claro lo que decia.
—Buenos días, detective.
—¿Quién habla?
—Puede decirme Zero.
Héctor le hizo señas a los técnicos para que empezaran a rastrear. Todos se pusieron a trabajar.
La voz siguió.
—No pierda el tiempo tratando de ubicarme, no va a encontrar nada.
—¿Por qué me mandó esa carta?
—Porque está mirando hacia el lado equivocado.
—Explíquese.
Hubo un silencio corto.
—Usted busca un asesino. Yo busco entender un fenómeno. No es lo mismo.
Héctor puso una mano sobre el escritorio.
—Némesis mata gente. Eso lo hace un asesino.
—¿Está seguro?
La pregunta lo dejó pensativo.
—Respóndame algo, detective. ¿Cuántos inocentes ha matado?
Héctor se quedó callado.
—Ninguno.
—Exacto. ¿Y cuántos culpables ya condenados por la justicia?
—Ninguno.
—Interesante. Entonces... ¿quién decide mejor? ¿El sistema o Némesis?
Y colgó.
Los técnicos levantaron la mirada.
—Perdimos la señal, no dejó nada.
Héctor respiró hondo. No le había gustado esa conversación, porque aunque seguía convencido de que tenía que detener al asesino, las preguntas de Zero eran difíciles de responder.
*Mientras tanto, Mateo*
Iba caminando por los pasillos de la universidad y todo el mundo hablaba de lo mismo.
—¿Viste que Némesis no mató al tipo de la tele?
—Entonces no es invencible.
—O capaz quería mandar un mensaje.
Mateo siguió derecho. Por primera vez desde que encontró la consola sintió algo parecido a tranquilidad. Había demostrado que podía decidir, que no era un esclavo del juego.
Pero en cuanto llegó a la casa se dio cuenta de que estaba equivocado.
La consola ya estaba prendida. No había menú, no había expedientes, solo una habitación enorme con paredes de piedra negra y en el centro una mesa circular con tres piezas de ajedrez: un rey, un caballo y un alfil.
La voz del Primer Guardián sonó.
—La partida cambió.
Las piezas se iluminaron. El rey tenía la cara de Mateo, el caballo la de Héctor y el alfil... una cara cubierta de sombras.
—¿Quién es? —preguntó Mateo.
—La tercera pieza.
—¿cual es su nombre y porque la pieza dice Zero?
El Guardián no respondió, solo se quedó mirando el tablero.
—Hay hombres que destruyen un reino con una espada. Otros lo hacen con una idea.
*Esa misma noche*
Zero estaba en su refugio mirando un montón de pantallas y una mujer se le acercó.
—El detective Rivas no quiso dejar el caso.
—Me lo esperaba.
—¿Y ahora qué hacemos?
Zero amplió una foto. Era la cara de Mateo Rivas.
La mujer frunció el ceño.
—¿Quién es?
Zero se quedó mirando la imagen un buen rato.
—Todavía no lo sé, pero aparece demasiado cerca de varias coincidencias.
La mujer revisó los datos.
—Sin antecedentes, estudiante universitario, sin historial violento, sin conexiones criminales.
Zero sonrió.
—Por eso mismo me interesa. Los monstruos que se notan rara vez son peligrosos. Los que de verdad son peligrosos parecen completamente normales.
*En el Otro Lado*
El Primer Guardián caminaba al lado del lago negro, miles de criaturas arrodilladas en silencio. La entidad gigante de ojos dorados apareció detrás.
—El humano llamado Zero ya está mirando hacia el Heredero.
—Sí.
—¿Lo detenemos?
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque el Heredero necesita un enemigo digno.
—¿Y si Zero gana?
El Guardián no quitó la vista del lago.
—Entonces nunca mereció el Trono.
*Al día siguiente*
Pasó algo que paralizó al país. Un video apareció al mismo tiempo en todas las plataformas, nadie sabía quién lo había subido. Solo una pantalla negra y una voz distorsionada:
—Mi nombre es Zero.
En minutos el video tenía millones de vistas.
—No trabajo para el gobierno, no trabajo contra el gobierno, trabajo para la verdad y la justicia... Deben saber que nadie se antepone a ella.
Las redes explotaron. ¿Quién era Zero? ¿Cómo había hackeado todas las plataformas a la vez?
El video siguió.
—Némesis, sé que me puedes escuchar. No voy a retarte, no voy a insultarte, voy a ofrecerte algo. Quiero entenderte.
Mateo sintió un escalofrío.
—Si de verdad crees que estás construyendo un mundo mejor, demuéstramelo. No te escondas detrás del miedo, muéstrame que hay un Dios, muéstrame que no eres simplemente otro asesino.
Y se acabó, sin amenazas, sin pistas, solo preguntas.
Horas después la Fuerza Némesis trataba de descubrir quién era Zero y fue inútil. Ninguna cámara, ningún servidor, ninguna IP, todo desaparecía en cuanto lo encontraban.
Héctor volvió a ver el video y notó algo raro. Zero nunca dijo que quería capturar a Némesis, solo entenderlo. Eso era peligroso, porque no actuaba como policía, actuaba como investigador, y los investigadores pueden llegar demasiado lejos.
*Esa noche, Mateo*
Prendió la consola por voluntad propia. No había sentencias, solo una puerta blanca, no negra ni roja, blanca.
El Primer Guardián apareció detrás.
—Ya es hora de mostrarte algo.
La puerta se abrió despacio y al otro lado no había monstruos, ni bosques, ni castillos, había una ciudad igualita a la suya, las mismas calles, los mismos edificios, pero completamente vacía. No había una sola persona, no había cuerpos, no había destrucción, solo silencio.
—¿Qué pasó aquí?
—Este mundo alcanzó la perfección.
Mateo sintió un nudo en el estómago.
—¿Y dónde está la gente?
El Guardián se quedó quieto.
—Ya no había maldad.
—Eso no responde mi pregunta.
El Guardián por fin volteó a verlo y le dijo algo que le erizó todo el cuerpo.
—Porque ya no había humanidad.
Mateo dio un paso atrás. Por primera vez desde que empezó el juego sintió miedo de verdad. ¿Ese era el precio de un mundo perfecto?
Antes de que pudiera preguntar otra cosa el paisaje desapareció, la consola hizo un sonido grave y mostró un nuevo porcentaje: COMPATIBILIDAD CON EL TRONO: 15%.
Y después un mensaje que nunca había visto:
"Advertencia. Todo juez termina pareciéndose a aquello que intenta destruir."
La pantalla se apagó, el cuarto quedó totalmente oscuro y en el reflejo del televisor apagado Mateo alcanzó a ver por un segundo una figura parada detrás de él, con un abrigo negro y la cara cubierta de sombras. No era el Guardián, no era una criatura del Otro Lado, era un humano.
Cuando volteó no había nadie, pero sobre el escritorio había una pieza de ajedrez que no estaba ahí hace un segundo: un alfil negro y en la base una sola palabra grabada: ZERO.
CONTINUARA...