NovelToon NovelToon
Mi Exmarido Millonario Ahora Es Mi Jefe

Mi Exmarido Millonario Ahora Es Mi Jefe

Status: Terminada
Genre:CEO / Oficina / Reencuentro / Venganza por acoso / Completas
Popularitas:38.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Rafaella Sol

Heloísa aprendió a levantarse antes del amanecer, a tomar dos trenes con la vianda en el bolso y una hija dormida en la memoria, a sonreír con la dignidad de quien no le debe nada a nadie. Seis años atrás, un matrimonio se le deshizo entre las manos y una familia poderosa la borró del mapa como quien limpia una mancha. Ella sobrevivió. Se reconstruyó. Enterró aquel nombre para siempre.

Hasta la mañana en que ese nombre volvió a aparecer en la pantalla de su computadora: Vicente Vasconcelos, el nuevo presidente de la empresa. Su exmarido. Su jefe. Y a su lado, una prometida embarazada del brazo y una sonrisa afilada.

Pero hay algo que no encaja. Un osito de peluche gastado que Heloísa juraría reconocer. Una niña de ojos oscuros que la huele y susurra que "huele a mamá". Un hombre de hielo que, de repente, guarda el aroma de un jabón descontinuado y pide "por favor" por primera vez en su vida. Cuanto más intenta Heloísa mantener las distancias, más se derrumban los muros que tardó seis años en levantar… y más cerca queda de una verdad que alguien enterró junto con todo lo demás.

NovelToon tiene autorización de Rafaella Sol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

POV: Heloísa

Tomé un auto por aplicación, porque un taxi a esa hora costaba lo que yo no tenía, y aun así gasté lo que no debía. Dandá se quedó con Bel sin hacer preguntas, solo dijo "ve" y me empujó por la puerta, todavía en camisón, echándome el abrigo a las manos. En el auto fui mirando cómo subían los números del viaje en la aplicación e hice la cuenta de lo que aquello era en pan y en leche. Después dejé de hacer la cuenta. Había una niña con fiebre llamándome, y hay cosas que uno decide no calcular.

La ciudad pasaba vacía por la ventana, los semáforos parpadeando en amarillo para nadie, uno que otro camión de reparto. El chofer intentó sacar conversación sobre el partido y desistió cuando le respondí con monosílabos, los ojos en la calle, el abrigo apretado en el regazo.

Las urgencias eran las de un hospital privado caro, todo blanco y silencioso, del tipo de lugar donde yo solo entraba por trabajo o cuando no me quedaba opción. El piso brillaba, la recepcionista tenía el uniforme planchado y la voz baja, y el aire olía a ese limpio de hospital que no es olor a nada y por eso mismo aprieta el pecho. Dije el nombre de la niña en la recepción y una enfermera me llevó por un pasillo hasta un box de observación.

Oí el llanto antes de llegar. Un llanto cansado, ronco de tanto durar, de niña que ya lloró más de la cuenta y no sabe parar, ese llanto que sube y baja sin aire, que le aprieta el pecho a cualquier adulto desde lejos.

Cuando abrí la cortina, Nina estaba sentada en la camilla, la carita roja y mojada, el pelo pegado a la frente de sudor, Vicente de pie a su lado sin saber qué hacer con sus propias manos, la corbata desaparecida, la camisa arrugada, y una enfermera intentando acercarle un vasito de medicina que la niña empujaba con el dorso de la mano.

Nina me vio.

El llanto se detuvo de golpe, como quien cierra una llave. Estiró los dos bracitos en mi dirección, los dedos abriéndose y cerrándose en el aire.

—Viniste —dijo, la voz toda cortada de hipos—. Viniste.

Atravesé el box y la tomé en brazos, y ella se aferró a mí con fuerza, las piernas alrededor de mi cintura, la cara caliente hundida en mi cuello, y se fue aflojando, el cuerpecito relajándose poco a poco como quien por fin llega a casa después de un día demasiado grande. Sentí su fiebre en mi piel, el calor subiéndome por la clavícula. En menos de un minuto los hipos se volvieron respiración honda. Me olió la piel, como siempre, un olfateo largo, y suspiró.

—El olor —murmuró, casi dormida, la mano cerrada agarrando la solapa de mi abrigo—. Creí que no venías.

—Vine, mi amor. Aquí estoy. —La mecí despacio, ese vaivén que el cuerpo hace solo, de un pie al otro, y empecé a canturrear bajito, sin letra, lo mismo que le cantaba a Bel. Le pasé la mano por la espalda, subiendo y bajando despacio.

La enfermera aprovechó la calma y logró, por fin, acercarle el vasito de medicina. Me agaché un poco, acerqué la boca a la oreja de Nina.

—¿La tomas por mí? Es dulcecita. Después me quedo aquí hasta que te duermas.

Y tomó el antitérmico sin protestar, con los ojos cerrados, aferrada a mí, solo porque se lo pedí yo. La enfermera cruzó una mirada conmigo y salió con disimulo para dejar que la niña se calmara.

Levanté los ojos y Vicente me estaba mirando. Había algo en su cara que yo nunca había visto, ni en los años de casada, algo abierto y sin defensa, como quien presencia un pequeño milagro y tiene miedo de respirar para no romperlo. Sus manos, que hacía un momento no sabían qué hacer, le colgaban a los costados del cuerpo, inútiles, y los ojos iban de mi mano en la espalda de la niña a su cara encajada en mi cuello.

—No se calmaba con nadie —dijo, bajo, casi sin voz—. Ni conmigo. Intenté todo. Me empujaba.

—Los niños con fiebre se ponen así. —Quise encogerme de hombros, quise que fuera algo banal, quise desarmar el peso de aquello—. No es por mí, es el cansancio. Lloró hasta agotarse, y entonces cualquier regazo sirve.

No discutió. Pero sus ojos decían que ninguno de los dos creía en eso. Cualquier regazo no servía. Solo había servido el mío.

La cortina se abrió de nuevo, las argollas rechinando en el riel.

Letícia entró apresurada, un abrigo encima del vestido de dormir, la barriga por delante, la cara rehecha a las prisas, el pelo recogido de cualquier manera. Dio dos pasos dentro del box y la escena entera la frenó en seco. Nina en mis brazos. Vicente mirándome. Ella.

—¿Qué —la voz le subió medio tono antes de que la controlara— hace esta mujer aquí, Vicente? ¿En plena madrugada? ¿Cargando a Nina?

—Nina la pidió —respondió él, seco, sin quitar los ojos de mí y de la niña.

—Nina es una niña de seis años. —Letícia forzó una risa, pero los ojos estaban duros, yendo de mí a él y de vuelta—. Un niño pide la luna también. Uno no sale a buscar la luna en plena madrugada. —Se volvió hacia mí, y el veneno vino envuelto en el papel más dulce—. Querida, no sé qué juego estás haciendo. Apareces de la nada en una fiesta, le das un regalo a la niña, te metes en la casa ajena en plena madrugada. La gente va a empezar a hablar. La mujer que se mete en una familia que ya tiene dueña tiene un nombre, ¿sabías?

El box quedó en silencio. La enfermera, que había vuelto con una tablilla, fingió revolver los papeles, los ojos bajos.

Seis años atrás yo habría bajado la cabeza. Habría pedido perdón por existir, habría devuelto a la niña y desaparecido por la puerta de servicio de la vida ajena. Hoy acomodé a Nina en mis brazos, con cuidado de no despertarla, le apoyé mejor la cabecita en mi hombro y miré a Letícia directo a los ojos.

—Vine porque una niña con fiebre me llamó y su padre me lo pidió. Nada más. —La voz me salió baja y firme, sin temblar, medida para no despertar a la niña—. Ahora, sobre nombres, cuidado con lo que tiras al aire, porque cae en la cabeza de quien lo tiró. Yo no me estoy metiendo en ninguna familia. Soy la última persona de este hospital que querría entrar de nuevo en la suya.

Letícia abrió la boca. Fue Vicente quien habló primero, y su voz cortó el aire como una hoja.

—Basta, Letícia. —Dio un paso, poniéndose apenas entre nosotras, el cuerpo vuelto hacia ella, los hombros anchos tapándole la vista de la niña—. Ella vino a ayudar. Tú viniste a pelear. Si no viniste por Nina, puedes irte igual que como llegaste.

La cara de Letícia perdió el color. Vi cuánto le dolió aquello, cuánto no esperaba que él la cortara delante de mí, delante de la enfermera, por mí. La mano le apretó la correa del bolso hasta que los nudillos se pusieron blancos. Fue la primera vez, en toda la historia de los dos con ella y conmigo, que él se puso de un lado y no fue el de ella.

Ni yo lo esperaba. El pecho me hizo una cosa rara, un tumbo, algo que no dejé que se convirtiera en nada.

Letícia retrocedió un paso. Pero antes de salir, se pasó la mano despacio por la barriga, un gesto calculado, actuado para un público de tres, y me lanzó una sonrisa que congeló el box entero.

—Qué conmovedor —dijo, mansa, la voz otra vez dulce como si nada—. La chica del olor a mamá. —Ladeó la cabeza, los ojos clavados en los míos, y bajó la voz para el golpe—. Dime una cosa, querida. Ya que ahora eres tan buena madre de los hijos ajenos. ¿Toda esta gente sabe lo que le hiciste a tu propia hija?

1
OA Queen
.
sonya martz
una excelente historia, con una narrativa muy bella, simplemente me encantó!!!!
sonya martz
gracias a Dios, que llegó Vicente 🙏🏻
sonya martz
lo sabía!! maldita Solange, pero no sabes la que te espera
sonya martz
maldita Solange 😠😠😠😠😠
Sonia Muñoa
esa desgraciada va a secuestrar a la niña 😡
Sonia Muñoa
quiere el corazón de la pequeña????? 💔
Sonia Muñoa
y ahora que está tramando la maldita de Solange
Sonia Muñoa
se aman 💖
sonya martz
lo sabía! Solange es una maldita, no quiero a la niña, sólo quiere sacar provecho de ella 😡😡😡😡😡😡
Sonia Muñoa
lloré /Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Sonia Muñoa
Solange va a terminar muy mal, eso ya es obsesión, Bel ama a su mamá que ha estado con ella todo el tiempo, no a una extraña que se aparece de buenas a primeras, queriendo tenerla a cualquier precio 😡
Sonia Muñoa
Solange va a terminar muy mal, eso ya es obsesión, Bela ama a su mamá que ha estado con ella todo el tiempo, no a una extraña que se aparece de buenas a primeras, queriendo tenerla a cualquier precio 😡
Sonia Muñoa
esa Solange es una maldita, desgraciada, no merece ser llamada "madre" 😡😡😡😡😡😡😡
Sonia Muñoa
que necesidad, por un hombre hecho y derecho 😡
Sonia Muñoa
excelente por éste hombre, sabe que Solange no es buena
Sonia Muñoa
está malparida Solange que???
Sonia Muñoa
en qué momento Vicente le va a decir que la niña vive!!¡!!!!!!!!!! 🤨😡
Sonia Muñoa
y ahora entiendo que los dos fallaron, nadie intentó más, nadie pidió explicaciones, cada uno creyó lo que quiso, claro que pueden volver a empezar
Sonia Muñoa
entonces Vicente debe aclarar que tú hija está viva!!!
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play