Géneros:
Romance
Drama
Misterio
Comedia
Alta socie.dad
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Capítulo: 3
SORPRESA, DULCE SORPRESA
Beatriz se dirigía hacia la habitación de Isabella.
Mientras caminaba por los largos pasillos de la mansión Valmont, pensaba cuidadosamente en cada palabra que debía decirle.
No era una conversación sobre negocios.
No era una decisión entre familias poderosas.
Era una conversación entre una madre y su hija.
Sabía que Isabella no reaccionaría fácilmente. Conocía perfectamente su personalidad: su orgullo, su forma de responder con sarcasmo y su costumbre de tomar todo con una sonrisa, incluso cuando algo la incomodaba.
Beatriz llegó frente a la puerta de la suite de su hija y tocó suavemente.
—Adelante —respondió Isabella desde el interior.
Beatriz abrió la puerta.
La habitación de Isabella era el reflejo perfecto de la vida de una heredera de la alta sociedad.
La enorme suite estaba decorada en tonos pastel, con una elegante cama, un amplio tocador lleno de perfumes y accesorios de lujo, joyas cuidadosamente organizadas, un vestidor con vestidos de última temporada, zapatos, zapatillas y todo tipo de detalles exclusivos.
Su baño privado era igualmente impresionante, con acabados elegantes y un espacio digno de una princesa moderna.
En ese momento, Isabella disfrutaba tranquilamente de su mundo.
Llevaba un delicado pijama de seda. Su cabello estaba recogido con una mariposa elegante y un antifaz descansaba sobre su cabeza.
Estaba sentada cómodamente viendo una película mientras disfrutaba una copa de champán y algunos bombones de chocolate artesanales.
A su alrededor había varias revistas de sociedad, muchas de ellas con fotografías y noticias sobre ella.
Algunas hablaban de sus apariciones públicas y otras de los escándalos que había protagonizado.
Al ver entrar a su madre, Isabella sonrió.
—Madre, llegas justo a tiempo.
Tomó una de las revistas y se la mostró.
—Mira esta fotografía. Creo que me veo mejor aquí.
Sonrió divertida.
—Después de todo lo que dijeron, al menos eligieron mi mejor ángulo.
Señaló la imagen con orgullo.
—Esta ropa me queda perfecta, ¿no crees?
Beatriz observó a su hija en silencio.
Amaba su seguridad, pero también estaba cansada de que Isabella utilizara el sarcasmo para enfrentar cualquier situación.
Sabía que detrás de esa actitud había una joven brillante, pero también sabía que había llegado el momento de hablar con ella.
—Isabella...
El tono serio de su madre hizo que la joven levantara la mirada.
—¿Qué sucede?
Beatriz tomó asiento frente a ella.
—Tenemos que hablar de tu futuro.
Isabella sonrió con tranquilidad.
—No te preocupes, madre. Mi futuro ya está planeado.
Tomó su copa de champán.
—Seguir gastando dinero, ser la heredera del imperio Valmont y vivir la vida como siempre la he vivido.
Hizo una pequeña pausa y sonrió.
—Sin preocupaciones.
Pero al ver la expresión seria de su madre, Isabella comenzó a notar que aquella conversación era diferente.
Entonces Beatriz pronunció las palabras que cambiarían su vida.
—Isabella, tendrás que casarte con Alexander Beaumont.
Durante unos segundos, Isabella se quedó en silencio.
Luego soltó una carcajada.
—¿Casarme con Alexander Beaumont?
Volvió a reír, pensando que su madre estaba bromeando.
—Madre, eso ha sido muy bueno.
Creyó que era una forma de regañarla por sus escándalos pasados y por todas las noticias que habían aparecido sobre ella.
—Pensé que ibas a hablarme de alguna de mis últimas apariciones en las revistas, pero esto sí es inesperado.
Isabella continuó riendo, segura de que era una broma.
Pero poco a poco su sonrisa desapareció.
Beatriz no se reía.
Su rostro permanecía serio.
No era una amenaza.
No era una lección.
Era la verdad.
Isabella la miró fijamente y comprendió que su madre hablaba completamente en serio.
—Espera...
Beatriz sostuvo su mirada.
—No estoy bromeando, Isabella.
El silencio llenó la habitación.
Por primera vez, Isabella Valmont no encontró una respuesta sarcástica.
Porque acababa de entender que tendría que casarse con Alexander Beaumont.