Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capítulo 7
La lluvia no había dejado de caer durante toda la tarde.
Desde la ventana de la cocina, Denmet observaba cómo las gotas golpeaban el cristal mientras intentaba concentrarse en cortar unas verduras. Sin embargo, su mente estaba en otro lugar.
Seguía pensando en la conversación con su madre.
No hagas preguntas sobre la familia Kivilcim.
¿Por qué había dicho aquello?
Leyla nunca había sido una mujer misteriosa. Denmet siempre había sentido que podía hablar con ella de cualquier cosa. Habían pasado años enfrentando juntas las dificultades de la vida y, aunque no tenían mucho dinero, Denmet estaba convencida de que su madre nunca le ocultaría algo importante.
Pero aquella llamada había sido diferente.
Leyla estaba asustada.
Y Denmet lo había notado.
—Vas a terminar cortándote un dedo.
Denmet levantó la mirada.
Aysun estaba de pie frente a ella.
—¿Qué?
—Te he llamado tres veces.
—Lo siento.
—Estás distraída.
Denmet dejó el cuchillo sobre la mesa.
—Tengo muchas cosas en la cabeza.
Aysun comenzó a ordenar algunos ingredientes.
—Eso no es bueno cuando se trabaja con cuchillos.
Denmet sonrió débilmente.
—Intentaré concentrarme.
—¿Ocurrió algo?
La joven dudó.
Aysun había sido amable con ella desde el primer momento, pero Denmet todavía no sabía hasta qué punto podía confiar en las personas de aquella casa.
—Hablé con mi madre.
—¿Está bien?
—Sí.
—Entonces, ¿qué sucede?
Denmet guardó silencio.
Finalmente decidió hablar.
—Me dijo que no hiciera preguntas sobre la familia Kivilcim.
Aysun dejó de moverse.
Aquella reacción fue suficiente.
—¿Por qué me mira así?
La chef volvió a sus tareas.
—Porque tu madre tiene razón.
Denmet abrió los ojos.
—¿Usted también?
—Denmet, hay cosas que es mejor no conocer.
—¿Por qué?
Aysun suspiró.
—Porque una vez que descubres la verdad, ya no puedes volver atrás.
Aquellas palabras provocaron un escalofrío en Denmet.
—¿Qué ocurrió con Fraize?
Aysun levantó la mirada inmediatamente.
—No preguntes eso.
—Pero usted sabe algo.
—Todos sabemos algo.
—Entonces, ¿por qué nadie me dice nada?
—Porque no es tu historia.
Denmet permaneció en silencio.
Aquello era cierto.
Ella apenas conocía a Güner.
Apenas llevaba unos días trabajando en la mansión.
No tenía derecho a exigir respuestas.
Sin embargo, cada vez que intentaba alejarse de aquel misterio, aparecía algo nuevo.
Una frase.
Una mirada.
Una advertencia.
—Voy a hacer café —dijo Aysun.
Denmet asintió.
Pero en cuanto se quedó sola, no pudo evitar mirar hacia el pasillo.
La mansión estaba llena de secretos.
Y, aunque intentara convencerse de lo contrario, Denmet quería descubrirlos.
En el despacho principal, Güner revisaba unos documentos.
Frente a él se encontraba Kerem.
—Has leído el mismo contrato durante diez minutos —dijo su amigo.
Güner no levantó la mirada.
—Estoy ocupado.
—No.
Kerem se acomodó en el sillón.
—Estás distraído.
—¿Ahora todos son expertos en mi vida?
—No. Solo te conozco desde hace veinte años.
Güner cerró la carpeta.
—¿Qué quieres?
—Saber qué ocurre.
—Nada.
Kerem sonrió.
—Emre dice que hay una nueva chica trabajando aquí.
Güner levantó lentamente la mirada.
—Emre habla demasiado.
—Entonces es verdad.
—Hay muchas personas trabajando en esta casa.
—Pero, por alguna razón, esta te interesa.
Güner se puso de pie.
—No me interesa.
Kerem lo observó.
—¿Cómo se llama?
El silencio fue demasiado largo.
Kerem sonrió.
—Denmet.
Güner lo miró con severidad.
—No sé de qué estás hablando.
—Claro.
Kerem comenzó a reír.
—Han pasado tres años, Güner.
La expresión de Güner cambió.
—No.
—No puedes continuar viviendo de esta manera.
—No empieces.
—¿Por qué?
—Porque no quiero hablar de Fraize.
Kerem se puso serio.
—Precisamente por eso deberías hacerlo.
Güner se dirigió hacia la ventana.
Afuera, la lluvia continuaba cayendo.
—Ya hablamos de esto.
—No. Tú hablas. Yo escucho.
—Eso es lo mismo.
—No cuando sigues evitando la única pregunta importante.
Güner cerró los ojos.
—¿Cuál?
—¿Qué ocurrió realmente aquella noche?
La habitación quedó en silencio.
Kerem sabía que había cruzado una línea.
Pero necesitaba hacerlo.
Güner llevaba demasiado tiempo encerrado en aquel dolor.
—Ella me engañó —dijo finalmente.
—Eso es lo que crees.
Güner se giró bruscamente.
—Encontré las pruebas.
—Encontraste lo que alguien quería que encontraras.
Aquellas palabras hicieron que el rostro de Güner se endureciera.
—¿Qué estás diciendo?
Kerem se levantó.
—Estoy diciendo que nunca entendí por qué cerraste la investigación tan rápidamente.
—Porque no había nada más que investigar.
—¿Estás seguro?
Güner caminó hacia él.
—¿Sabes algo que yo no?
Kerem guardó silencio.
—Kerem.
—No.
Güner lo observó.
—Acabas de decir...
—Dije que siempre tuve dudas.
—¿Sobre Fraize?
—Sobre su muerte.
El corazón de Güner comenzó a latir con fuerza.
Pero antes de poder continuar la conversación, llamaron a la puerta.
—Señor Kivilcim.
Nermin apareció.
—¿Qué ocurre?
—La señorita Selin quiere verlo.
Güner cerró los ojos.
—Dile que estoy ocupado.
—Ya se lo dije.
—Entonces.
—Dice que es urgente.
Güner miró a Kerem.
—Esto no termina aquí.
Kerem asintió.
—Lo sé.
Denmet salió de la cocina para llevar unas cajas al almacén.
El lugar se encontraba en una zona apartada de la mansión y, aunque Nermin le había explicado el camino, la joven todavía no se sentía completamente segura recorriendo aquellos pasillos.
La lluvia había oscurecido el cielo y algunas zonas de la casa permanecían en penumbra.
Cuando llegó al almacén, dejó las cajas sobre una mesa.
—Por fin.
Se giró para regresar.
Pero escuchó voces.
Denmet se detuvo.
Reconoció inmediatamente una de ellas.
Selin.
—No puedes seguir ocultándolo.
La voz de Güner respondió desde algún lugar cercano.
—No sé de qué hablas.
Denmet comprendió que debía marcharse.
Pero entonces escuchó otra frase.
—¿Y qué harás cuando descubra quién es realmente Denmet?
La joven se quedó inmóvil.
Su nombre.
Habían mencionado su nombre.
—Selin, deja a Denmet fuera de esto.
La voz de Güner era firme.
—¿Por qué? ¿Te preocupa?
—No juegues conmigo.
—Yo no estoy jugando.
Denmet dio un paso involuntariamente.
El suelo de madera crujió.
Las voces se detuvieron.
—¿Quién está ahí? —preguntó Güner.
Denmet cerró los ojos.
No tenía escapatoria.
Salió lentamente al pasillo.
Güner y Selin estaban frente a ella.
La expresión de Selin cambió inmediatamente.
—Denmet.
—Yo...
Güner se acercó.
—¿Cuánto escuchaste?
Denmet miró a Selin.
Después volvió a mirar a Güner.
—Lo suficiente.
Selin sonrió.
—Eso puede significar muchas cosas.
—Escuché que hablaban de mí.
Güner lanzó una mirada fría hacia Selin.
—Te dije que no la involucraras.
—No puedes protegerla para siempre.
Denmet frunció el ceño.
—¿Protegerme de qué?
Ninguno respondió.
—¿Qué está pasando?
Selin caminó lentamente hacia ella.
—¿De verdad no sabes nada?
Güner se interpuso entre ambas.
—Basta.
Denmet abrió los ojos sorprendida.
Güner estaba defendiéndola.
Otra vez.
—Quiero saber la verdad —dijo Denmet.
Güner la miró.
Su expresión mostraba una lucha interna.
—No es el momento.
—¿Cuándo será?
—Denmet.
—Todos me dicen que no pregunte.
La joven sintió que la frustración aumentaba.
—Mi madre me dice que me aleje. Aysun me dice que no investigue. Selin me amenaza. Y ahora escucho mi nombre en una conversación secreta.
Güner permaneció en silencio.
—Tengo derecho a saber qué ocurre.
—No.
La respuesta de Güner fue contundente.
Denmet sintió que aquellas palabras la lastimaban más de lo que esperaba.
—Tiene razón.
Su voz se volvió fría.
—No tengo ningún derecho.
Tomó las cajas vacías.
—Porque solo soy una empleada.
Güner dio un paso hacia ella.
—Denmet, yo no quise decir...
—No importa.
Ella comenzó a alejarse.
Güner quiso detenerla.
Pero Selin habló.
—Algún día descubrirá la verdad.
Denmet se detuvo.
—Y cuando lo haga —continuó Selin—, comprenderá que nunca debió llegar a esta casa.
La joven se giró lentamente.
—¿Qué quiere decir?
Selin sonrió.
—Pregúntale a tu madre.
Güner apretó los puños.
—¡Selin!
Pero era demasiado tarde.
Denmet había escuchado.
Su madre.
Otra vez.
Sin responder a nadie, Denmet comenzó a caminar rápidamente por el pasillo.
Güner quiso seguirla.
Pero Kerem apareció en ese momento.
—Güner.
—¿Qué ocurre ahora?
El rostro de Kerem estaba completamente serio.
—Acaban de encontrar algo.
Güner se detuvo.
—¿Dónde?
Kerem lo miró directamente.
—En el coche de Fraize.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué encontraron?
Kerem tragó saliva.
—Una prueba que nunca debió desaparecer.
Selin perdió su sonrisa.
Güner palideció.
Y, mientras Denmet abandonaba la mansión sin saber que acababa de comenzar una tormenta mucho más peligrosa que la que caía sobre la ciudad, una pregunta comenzó a perseguir a Güner.
¿Qué secreto podía relacionar a Denmet con la muerte de Fraize?
Y, sobre todo...
¿Quién había estado ocultándolo durante todos aquellos años?
CONTINUARÁ...