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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10

El auto se detuvo frente al hotel.

Camila se quitó el cinturón, apartó el cabello de la frente de Nico y le dio un beso.

—Llámame mañana cuando termines de ver el departamento —le pidió Lucía—. No importa si encuentras algo extraño o si todo parece perfecto: avísame.

—Lo haré.

—Y otra cosa.

Lucía la detuvo antes de que cerrara la puerta. Su expresión se volvió seria.

—Si Gabriel hace cualquier cosa que te incomode, te vas de inmediato. Aunque tengas que renunciar a la propiedad. ¿Entendido?

Camila asintió.

Vio alejarse las luces traseras del auto y solo entonces entró al hotel.

Después de ducharse, se tendió en la cama y abrió el celular.

Releyó su conversación con Gabriel. Seguía sin entender qué pretendía aquel hombre y la inquietud no terminaba de abandonarla.

Entró a sus estados de WhatsApp. No había publicado nada. Su foto de perfil era completamente negra y no revelaba el menor dato personal.

Luego buscó su nombre en internet.

Aparecieron decenas de notas financieras y reportajes de negocios.

Gabriel Beltrán, presidente de Grupo Beltrán. Su conglomerado abarcaba desarrollos inmobiliarios, hoteles y restaurantes. Su fortuna personal se calculaba en decenas de miles de millones de pesos.

Camila contempló la cifra durante varios segundos.

De pronto entendió, con una claridad absurda, por qué Mauricio había elegido a Valeria.

Gabriel solo tenía una hija. Y aquella heredera amaba a Mauricio con tanta obsesión que había aceptado convertirse en la otra, sin importarle su apellido ni su posición.

Al final, el enamoramiento le había nublado el juicio.

—Un hombre tan brillante para los negocios y le salió una hija que pierde la cabeza por amor.

Camila suspiró frente a la pantalla.

Si alguna hija suya se comportara así, sería capaz de retorcerle el cuello sin pensarlo. El amor no era la vida entera. Cuando alguien se hundía demasiado en él, perdía su identidad y terminaba atrapado en el sufrimiento.

El celular se iluminó con un mensaje de Mauricio:

«Acepto tus condiciones. Apresúrate a tramitar el divorcio».

Camila sonrió ante aquella respuesta breve y tajante.

«Perfecto, querido futuro ex».

Añadió un emoji cargado de desprecio y Mauricio no volvió a contestar.

Camila estaba por apagar la luz cuando llegó otro mensaje, esta vez de Gabriel:

«Mañana a las diez te esperaré abajo del hotel. Te llevaré a desayunar».

Cada vez le parecía más extraño.

«Está bien», respondió.

A la mañana siguiente, la alarma del celular la despertó. Camila se frotó los ojos, se volvió y permaneció tendida con pereza.

—No quiero levantarme. Quiero morir en esta cama.

Gabriel pasaría por ella a las diez.

Contempló el techo durante otros dos minutos. Después se incorporó de golpe, arrojó la almohada a un lado, metió los pies desnudos en las pantuflas y corrió al baño.

La mujer del espejo tenía el rostro algo pálido. La noche anterior había comido con Lucía hasta la madrugada, y tanto chile le había dejado los labios hinchados.

Se salpicó agua fría, se aplicó una ligera capa de maquillaje, recogió el cabello en una cola baja y se puso un vestido camisero blanco.

El lobby olía a café y a madera de cedro.

Camila se acercó a la puerta giratoria y miró a través del cristal.

Un Maybach negro esperaba frente a la entrada. No reconoció las placas.

La puerta del conductor se abrió y Gabriel bajó.

Era alto, de postura firme, y llevaba un traje gris oscuro cortado a la medida. Su presencia imponía una distancia que pocos se atreverían a cruzar.

Gabriel abrió la puerta del copiloto para ella.

Camila se tensó. Enderezó la espalda y ocultó aquella incomodidad inexplicable bajo una cortesía perfecta.

—Señor Beltrán.

Él asintió.

Su mirada recorrió brevemente el vestido blanco que acentuaba la delgadez de Camila, el maquillaje discreto y, al final, sus labios hinchados.

—¿Ya despertaste bien? —preguntó con su voz grave—. Vi que anoche te dormiste tarde y preferí no llamarte antes para presionarte.

Camila parpadeó. No esperaba aquel comentario y no supo qué responder.

—Sube. Hay un restaurante mexicano cerca. El desayuno es muy bueno.

Vaciló apenas un instante antes de acomodarse en el asiento.

El aire acondicionado ya estaba encendido y la temperatura era perfecta.

Camila se abrochó el cinturón y volvió la cara hacia la ventana, evitando deliberadamente la mirada de Gabriel.

Seguía preguntándose qué quería de ella.

Quince minutos después, se detuvieron frente a un elegante restaurante de cocina mexicana contemporánea. La decoración evocaba una casona antigua y el lugar estaba casi vacío a esa hora.

Gabriel la condujo a un reservado. Sin mirar el menú, pidió varios platillos de la casa: tamales de elote, enfrijoladas, quesadillas de flor de calabaza, fruta fresca y pan dulce recién horneado.

—No conozco bien tus gustos. ¿Quieres algo más? —preguntó al sentarse.

—No, con eso basta.

Por casualidad, había elegido casi todos sus favoritos.

—Tienes los labios hinchados. Será mejor que comas algo suave. También pediré avena con canela.

Hizo la orden antes de que Camila pudiera responder.

Camila se preguntó si había reparado en sus labios, reprimió la duda y asintió.

—Gracias, señor Beltrán.

Cuando sirvieron el café de olla, Camila bebió un sorbo y dio varias vueltas a lo que quería decir.

Quizá era preferible aceptar dinero.

La propiedad en Los Encinos valía decenas de millones. Ella tenía derecho a una compensación, pero aquello era excesivo. Además, aceptar la casa podía mantenerla ligada a la familia Beltrán. El efectivo sería más seguro.

Carraspeó un poco.

—Señor Beltrán, anoche investigué sobre usted. Es el presidente de Grupo Beltrán. Preferiría que la compensación fuera en efectivo.

Gabriel se recargó contra el respaldo. Golpeó suavemente la mesa con las yemas de los dedos sin apartar los ojos de ella.

Pasó un momento antes de que respondiera:

—Ahora mismo no puedo entregarte toda esa cantidad en efectivo. Mi capital está comprometido en varios proyectos y manejo con mucho rigor el flujo de mis cuentas personales. Si quieres dinero, tendrá que ser en parcialidades. Si quieres recibir toda la compensación de una vez, acepta la propiedad.

Camila casi soltó una risa.

Un hombre con una fortuna de decenas de miles de millones afirmaba que no podía disponer de poco más de un millón. Evidentemente estaba jugando con ella.

—¿Pretende decirme que un multimillonario no tiene efectivo? ¿De verdad cree que voy a aceptar esa broma?

Le lanzó una mirada irritada.

La voz de Gabriel se volvió todavía más baja.

—¿Y si te dijera que es verdad?

El enojo de Camila se encendió. Estuvo a punto de golpear la mesa, pero entonces sus ojos se encontraron con los de él.

No había burla en aquella mirada.

Solo una ternura tan evidente que las palabras duras se quedaron atascadas en su garganta.

Camila sintió que todo en su interior se desordenaba.

Gabriel movió la silla un poco hacia ella. La distancia entre ambos se redujo y Camila contuvo el aliento.

—Quiero darte esa casa —dijo él en voz baja.

Camila no se movió.

—Después del divorcio, Mauricio se quedará con la vivienda. Tú no tendrás adónde volver. Yo quiero darte…

El rostro de Camila ardió.

En sus ojos se reflejó con absoluta claridad el semblante firme de Gabriel.

Cada una de sus palabras golpeó su corazón y siguió resonando en su mente.

—Un hogar —terminó él, con una dulzura que Camila nunca le había escuchado.

Ella quedó rígida en la silla. Hasta las orejas le ardían.

Respiró hondo y obligó a su voz a mantenerse serena.

—Señor Beltrán, apenas nos hemos visto unas cuantas veces. ¿No cree que decir algo así es demasiado?

Gabriel no se apartó. Continuó mirándola.

—Me entendiste mal. Mi hija te quitó al esposo y después ocupó tu casa.

Entonces volvió a apoyarse en el respaldo.

—Por eso te compensaré con otra propiedad. Además, el departamento de Los Encinos era para Valeria. Todavía no lo había puesto a su nombre cuando decidió desobedecerme. Prefiero dártelo a ti.

Camila parpadeó varias veces.

Era la casa destinada a la amante, así que aceptarla no le pareció excesivo.

Ella se divorciaría y Valeria ocuparía la vivienda conyugal. Antes, incluso se había acostado con Mauricio en la cama de Camila.

Recibir a cambio otra propiedad parecía justo.

De hecho, salía ganando.

—Señor Beltrán, ¿está castigando a su propia hija por hacer lo incorrecto?

La pregunta de Camila sonó casi inocente.

—Podría decirse que sí. —Gabriel asintió con toda seriedad—. Mi hija desobedeció y lastimó deliberadamente a otra persona. Como padre, me corresponde reparar el daño.

Camila comprendió por qué aquel hombre había construido una fortuna tan enorme.

Sabía distinguir entre el bien y el mal.

No defendía ciegamente a Valeria por ser su hija. Si ella se había metido conscientemente en un matrimonio, él compensaría a la esposa por todas sus pérdidas.

Camila sintió todavía más respeto por Gabriel.

Ahora que la explicación estaba clara, sus dudas desaparecieron.

Si el departamento era de Valeria, lo aceptaría aunque valiera decenas de millones. Sería su indemnización por el daño emocional.

De pronto el divorcio ya no parecía tan terrible.

La casa, sumada a la compensación de Mauricio, la convertiría de un día para otro en una mujer con una fortuna propia.

Valeria resultaba ser una bendición para las exesposas.

Camila alzó la taza para brindar.

—Las deudas de los hijos las pagan los padres. Señor Beltrán, se ha ganado mi respeto.

Gabriel levantó la suya y la tocó suavemente. Una sonrisa apareció en sus labios.

—Así es. Las deudas de mi hija las pago yo. Por eso puedes pedirme que las pague como tú quieras.

Camila rio y negó con la cabeza.

—Es suficiente. Yo sé cuándo detenerme. ¿O acaso tendría que exigirle que también me compense con otro hombre? No soy tan ambiciosa.

Era una broma.

Sin embargo, los dedos de Gabriel se detuvieron.

—Si eso quisieras, podríamos hablarlo.

Su voz permaneció serena.

Camila se sobresaltó.

—No, no. Era una broma. Solo una broma.

Gabriel guardó silencio.

Levantó la taza y bebió lentamente. El aroma del café de olla se extendió entre ambos mientras su mirada permanecía sobre Camila.

Una emoción contenida cruzó la mirada de Gabriel.

Cuando ella miró hacia otro lado, una sonrisa indescifrable curvó apenas los labios de Gabriel.

Después del desayuno, él la llevó a conocer la propiedad.

Veinte minutos más tarde entraron a un exclusivo desarrollo residencial.

Camila contempló el lugar a través de la ventanilla y quedó sorprendida.

Residencial Los Encinos era mucho más grande y hermoso de lo que había imaginado.

Una fuente de estilo europeo dominaba la entrada. A ambos lados había árboles perfectamente podados. Las fachadas combinaban piedra clara con enormes paneles de cristal.

Los edificios de baja densidad se distribuían a diferentes alturas, con mármol gris y líneas de metal oscuro. El diseño era discreto, pero cada detalle revelaba su costo.

El guardia reconoció las placas de Gabriel, lo saludó de inmediato y levantó la barrera.

Camila apretó la correa de su bolso.

Había vivido siete años en la supuesta familia adinerada de Mauricio. Su maravilloso esposo le recordaba todos los días que debía agradecerle porque, gracias a él, tenía una casa grande.

Ahora solo podía reírse.

Quizá sí debía darle las gracias a su futuro ex.

Los Encinos estaba a años luz de la casa de Mauricio.

—Este lugar… —murmuró.

—Lo entenderás cuando entremos —respondió Gabriel.

Estacionó en el sótano. Al bajar, Camila notó otros dos vehículos en los lugares asignados: un Maybach negro y una Porsche Cayenne blanca.

Se detuvo un instante, pero no preguntó.

Siguió a Gabriel hasta el departamento. Apenas cruzó la puerta, abrió los ojos de par en par.

La sala se extendía a lo ancho de la propiedad. Los ventanales del piso al techo ofrecían una vista completa del horizonte de la ciudad. La decoración era sobria, pero evidentemente costosa, y toda la vivienda contaba con un sistema inteligente.

Camila calculó que solo los acabados y el mobiliario debían de costar cuatro o cinco millones de pesos.

—Son doscientos dieciséis metros cuadrados —explicó Gabriel a su espalda—. Cuatro recámaras, sala, comedor y tres baños. La propiedad está libre de gravámenes y puede escriturarse de inmediato.

Camila respiró hondo y se volvió hacia él.

—Señor Beltrán, ¿cuál es su valor actual?

—Poco más de treinta millones de pesos.

Treinta millones.

Las pupilas de Camila se dilataron.

La casa que compartía con Mauricio apenas valía tres millones. Ella se la dejaría a él y recibiría unos tres millones y medio por las cuentas, fondos e inversiones del matrimonio.

El hombre que tenía frente a ella ofrecía diez veces esa cantidad sin pestañear.

—¿Está seguro de que quiere dármela? —Camila se humedeció los labios—. Hice cuentas. Mauricio gastó alrededor de cinco millones en Valeria. Esta compensación…

—No tienes por qué sentirte culpable. —La voz de Gabriel fue grave y firme—. Valeria ocupó una vivienda que era tuya; yo te devuelvo otra. El precio y el valor comercial no importan. Es lo que ella debe reparar.

—¿Valeria sabe que piensa hacer esto?

Camila tenía que preguntarlo. La joven estaba embarazada. Si se alteraba y aparecía para armar un escándalo, cualquier accidente podía terminar convertido en responsabilidad de Camila.

—La consentí demasiado desde niña —contestó Gabriel—. Su madre murió muy pronto y siempre creí que le debía algo. Le concedí cada capricho. Pero esta vez es diferente.

Hizo una pausa.

—Destruyó el hogar de otra mujer y se apropió de su espacio. Yo no supe educarla. También es mi responsabilidad.

Camila pensó en Teresa.

Cuando supo que su hijo era infiel, lo primero que hizo fue culpar a Camila por no saber retenerlo ni atenderlo.

La diferencia entre aquellos dos padres era abismal.

—¿Hay algo que no te guste? —preguntó Gabriel.

—No. Todo me encanta.

Camila negó enseguida, temerosa de que el padre de Valeria decidiera añadir algún otro regalo.

—Acepto el departamento.

Gabriel sacó un documento del bolsillo interior del saco y se lo entregó.

—Preparé los documentos para la transmisión. Solo necesitas firmar. Mi equipo se ocupará de lo demás. La escritura quedará a tu nombre después de que se dicte el divorcio, así no formará parte del patrimonio matrimonial y Mauricio no podrá reclamarla. Mientras tanto, puedes instalarte aquí.

Camila revisó cada página.

Las cláusulas eran claras y no había condiciones ocultas.

—Lo preparó todo con mucho cuidado. Cada disposición me favorece.

Una sonrisa tenue curvó la boca de Gabriel.

—Precisamente porque eres tú quise hacerlo con cuidado.

Camila vaciló.

No respondió. Supuso que Gabriel se mostraba considerado porque ella era la víctima.

Firmó en la última página.

Él observó durante un momento el trazo de su nombre.

—A partir de ahora, esta casa será tuya. Puedes mudarte cuando quieras.

Camila pensó en ello.

El viernes concluiría el divorcio. Había considerado instalarse al día siguiente, pero la escritura aún no estaba a su nombre. Si Gabriel cambiaba de opinión y la acusaba de ocupar una propiedad ajena, se metería en un problema.

Era mejor ser prudente.

—Vendré la próxima semana, cuando el trámite esté encaminado. Puedo pagar unos días más de hotel.

No levantó la mirada del contrato.

—Avísame cuándo te mudes. Te ayudaré.

Los dedos de Camila se detuvieron. Alzó los ojos.

—No es necesario. Solo tengo una maleta.

Gabriel sonrió.

—No tienes que ser tan formal conmigo. ¿Y tus cosas de la casa de Mauricio?

Camila mostró los dientes en una sonrisa amplia.

—Las tiré. Algunas las quemé. Solo saqué lo indispensable. Una casa nueva merece cosas nuevas. Hay que dejar ir lo viejo para que llegue algo mejor.

Los dedos de Gabriel se tensaron. Su mirada se volvió más oscura.

—Así es. Hay que dejar ir lo viejo.

Camila le devolvió los documentos.

—Cuando termine de instalarme tendré que regresar al trabajo. Mi empresa no me dará muchos días libres.

—¿Has pensado en trabajar para mí? —preguntó Gabriel de inmediato—. Podrías incorporarte el próximo mes. Eso te daría más tiempo para resolver todo.

Faltaban dos semanas para el mes siguiente.

La oferta le permitiría ocuparse con calma del divorcio y abandonar un ambiente donde sus compañeros acabarían enterándose y hablando de su vida.

Pero Gabriel era el padre de Valeria.

Mauricio y ella quizá terminarían trabajando en Grupo Beltrán. Verlos todos los días sería insoportable.

Camila estudió a Gabriel durante unos segundos.

—Gracias, pero puedo arreglármelas.

Él pareció adivinar su preocupación.

—Valeria y Mauricio trabajan en una filial. Yo te ofrezco un puesto en las oficinas corporativas, en el mismo edificio que yo. No tendrías que convivir con ellos.

—Lo pensaré.

Camila retiró la mirada y añadió por educación:

—Gracias, señor Beltrán.

—Llámame Gabriel —dijo él. Su voz descendió un poco—. O Gabi.

Las orejas de Camila volvieron a arder.

—No sé si sea apropiado. Usted me lleva más de diez años.

Gabriel dio un paso hacia ella.

La distancia se volvió tan corta que Camila percibió su aroma amaderado y cálido.

La voz de él se convirtió en una caricia:

—Entonces llámame… Gabi.

Camila quedó inmóvil.

El calor le subió hasta las mejillas y el corazón perdió el ritmo. Incluso su respiración se volvió cautelosa.

Alzó el rostro y cayó en la profundidad serena de los ojos de Gabriel.

Por un instante, olvidó cómo hablar.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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