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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El primer día de una vida nueva

El despertador de un viejo reloj marcó las seis de la mañana.

Nica abrió los ojos lentamente y, durante unos segundos, no supo dónde estaba.

El techo de madera, la pequeña ventana y el sonido de las gaviotas no tenían nada que ver con la enorme habitación de la Mansión Beaumont.

Entonces recordó.

Había escapado.

Una sonrisa apareció en su rostro.

Por primera vez en muchos años, nadie iba a entrar a despertarla. Nadie le había preparado la ropa del día. Nadie tenía organizada su agenda.

Era completamente libre.

Se incorporó despacio y observó la pequeña habitación que había alquilado la tarde anterior.

No era lujosa.

Las paredes tenían algunas marcas del paso del tiempo y el mobiliario era sencillo, pero aquel lugar tenía algo que la mansión jamás le había dado.

Paz.

Después de ducharse, se puso un jean azul, una camiseta blanca y una campera de mezclilla.

Se miró al espejo.

Aquella joven no parecía la heredera de uno de los imperios empresariales más importantes del mundo.

Parecía una chica cualquiera.

Y eso le encantaba.

Tomó su mochila y salió rumbo al Café del Puerto.

El aroma del pan recién horneado la recibió apenas abrió la puerta.

—¡Buenos días! —saludó Marta desde la cocina.

—Buenos días.

—Llegaste diez minutos antes. Eso habla bien de vos.

Nica sonrió.

—No quería llegar tarde en mi primer día.

Marta le entregó un delantal color beige.

—A partir de hoy, formás parte de este lugar.

Nica tomó el delantal con cuidado.

Jamás imaginó que un objeto tan simple pudiera emocionarla.

Se lo colocó frente al espejo.

No llevaba un vestido de diseñador.

No llevaba joyas.

Llevaba un uniforme.

Y se sentía orgullosa.

—Bueno, manos a la obra —dijo Marta—. Primero vas a aprender a preparar las mesas.

Durante las siguientes horas, Nica aprendió a acomodar cubiertos, limpiar las mesas, servir café y anotar pedidos.

No todo salió bien.

En un descuido dejó caer una bandeja llena de tazas.

—¡Ay, no!

El estruendo hizo que todos los clientes miraran hacia ella.

Nica sintió que el rostro le ardía de vergüenza.

—Lo siento muchísimo...

Esperaba un reto.

Estaba acostumbrada a que cualquier error provocara un sermón en su casa.

Pero Marta simplemente soltó una carcajada.

—Si supieras cuántas bandejas rompí yo cuando empecé...

Nica la miró sorprendida.

—¿No está enojada?

—Las tazas se compran.

Las personas no.

Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.

Nunca nadie le había enseñado algo tan simple.

El resto de la mañana transcurrió mucho mejor.

Los clientes comenzaron a saludarla con naturalidad.

Una pareja de jubilados incluso le dejó propina.

Cuando el reloj marcó la una de la tarde, Marta le sirvió un plato de pasta.

—Es parte del trato.

Nica observó el plato.

No recordaba la última vez que alguien había cocinado para ella con tanto cariño.

—Gracias.

—¿Tenés familia?

La pregunta la tomó por sorpresa.

—Sí...

—¿Y viven lejos?

Nica bajó la mirada.

—Muchísimo.

No era una mentira.

La distancia entre ellos ya no se medía en kilómetros.

Se medía en decisiones.

Marta comprendió que no quería hablar del tema y cambió de conversación.

—Acá todos tenemos un pasado. Lo importante es qué hacemos con el presente.

Nica sonrió con gratitud.

Tal vez el destino la había llevado al lugar correcto.

A cientos de kilómetros de allí...

La oficina principal del Grupo Beaumont permanecía en silencio.

Richard Beaumont observaba una fotografía de Nica.

Era una imagen tomada el día de su graduación universitaria.

Sonreía.

Hacía mucho tiempo que no la veía sonreír así.

—¿Alguna novedad? —preguntó sin apartar la vista del retrato.

Alexander negó con la cabeza.

—No dejó rastros.

Gabriel golpeó la mesa con frustración.

—Es imposible que desaparezca así.

Lucas permanecía junto a la ventana.

Él también extrañaba a su hermana.

Pero en el fondo esperaba que nadie la encontrara todavía.

Richard respiró profundamente.

—No voy a descansar hasta traerla de vuelta.

Al caer la tarde, Nica terminó su primer turno.

Estaba agotada.

Le dolían los pies.

Tenía las manos cansadas.

Pero también llevaba una enorme sonrisa.

Había ganado su primer sueldo.

Era poco dinero.

Sin embargo, para ella valía más que cualquier cheque firmado por el Grupo Beaumont.

Mientras caminaba por la costanera rumbo a la pensión, el viento movía suavemente su cabello.

Se detuvo unos segundos para observar el mar.

Sin darse cuenta, alguien la observaba desde la terraza de un edificio cercano.

No era un detective.

No era un periodista.

Y tampoco pertenecía a la familia Beaumont.

Aquel hombre bajó lentamente una taza de café sin apartar la vista de la joven.

—Interesante... —murmuró.

No sabía su nombre.

No sabía quién era.

Solo sabía que había algo en aquella chica que despertaba una curiosidad imposible de explicar.

Sin imaginarlo, ese sería el primero de los cinco destinos que cambiarían para siempre la vida de Nica Beaumont.

Continuará...

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