Valentina tenía 17 años cuando conoció a Lautaro, un amor inesperado que llegó para cambiar su vida para siempre. Entre miradas, promesas y momentos inolvidables, descubrió un sentimiento que creyó que duraría toda la vida.
Pero a veces el amor no alcanza.
Los malos entendidos, las personas equivocadas y las decisiones tomadas demasiado pronto los separaron. Mientras Lautaro siguió adelante con su vida, Valentina intentó olvidarlo, aunque una parte de su corazón siempre quedó en aquel pasado.
Con los años, Valentina construyó una familia junto a Franco, un hombre que le dio amor, estabilidad y un hogar. Se convirtió en esposa y madre, aprendiendo que la vida puede regalarte una felicidad diferente a la que imaginaste.
Pero hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar.
Porque algunas personas no desaparecen de tu corazón, aunque pasen los años, aunque cambien las vidas, aunque los caminos se separen.
Y cuando el destino decide volver a cruzarlos...
NovelToon tiene autorización de Lina Jaureguy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17 – Las palabras que empezaron a hacer ruido
Después de aquella noche, algo cambió entre Valentina y Lautaro.
No porque se quisieran más.
Eso parecía imposible.
Cambió porque la confianza entre ellos era cada vez más grande.
Ahora ya no había vergüenza.
Se conocían de verdad.
Sabían cuándo el otro estaba triste aunque dijera que estaba bien.
Sabían cuándo una sonrisa escondía un problema.
Y eso hacía que el vínculo fuera mucho más fuerte.
---
El lunes por la mañana, Valentina se despertó con una notificación.
Lautaro ❤️
"Buen día, hermosa. Ya te extraño."
Ella sonrió antes de responder.
"Nos vimos hace menos de un día."
"¿Y? Igual te extraño."
"Qué pesado sos."
"Pero soy tu pesado favorito."
Valentina soltó una carcajada.
"Eso sí."
---
En el trabajo, no podía borrar la sonrisa de su cara.
Una compañera la observó desde el otro lado del mostrador.
—¿Estás enamorada?
Valentina levantó la vista, sorprendida.
—¿Se nota tanto?
—Muchísimo.
Ella se mordió el labio y asintió.
—Sí... estoy enamorada.
Decirlo en voz alta le hizo sentir una felicidad difícil de explicar.
---
Mientras tanto, Lautaro estaba con Martín y Bruno.
—¿Entonces todo sigue bien? —preguntó Martín.
—Mejor que bien.
Bruno sonrió.
—Nunca te vi tan tranquilo.
Lautaro apoyó los codos sobre la mesa.
—Con ella todo es fácil.
No tengo que fingir ser otra persona.
Martín levantó el vaso.
—Brindo por eso.
Los tres chocaron los vasos entre risas.
Sin embargo, desde otra mesa del bar, alguien observaba la escena.
Era Micaela.
No estaba sola.
Junto a ella había un muchacho llamado Axel, conocido por inventar historias para divertirse.
—¿Ese es el famoso Lautaro? —preguntó Axel.
Micaela asintió.
—Sí.
—¿Y sigue con la novia?
Ella apretó los labios.
—Sí.
Axel sonrió con malicia.
—Todas las parejas tienen un punto débil.
Solo hay que encontrarlo.
---
El viernes por la noche, el grupo volvió a reunirse en la discoteca.
Camila y Martín llegaron primero.
Después aparecieron Bruno y Sofía.
Valentina entró de la mano de Lautaro.
Parecían felices.
Demasiado felices.
Micaela los observó desde la barra.
—Mirá cómo se muestran.
Axel siguió la dirección de su mirada.
—¿Querés apostar cuánto tardan en discutir?
—No quiero que discutan.
Quiero que se separen.
Axel soltó una risa.
—Eso también se puede arreglar.
---
Horas más tarde, Lautaro fue hasta la barra a buscar algo para tomar.
Valentina se quedó bailando con Camila y Sofía.
Micaela aprovechó el momento.
Se acercó a Lautaro con una sonrisa.
—¿Todo bien?
—Sí.
—Hace mucho que no hablamos.
—La verdad... nunca hablamos demasiado.
Ella fingió reír.
—Tenés razón.
Justo en ese instante, Axel pasó por detrás de ellos y, sin que Lautaro lo notara, sacó una foto.
Desde el ángulo en que la tomó, parecía que Micaela estaba abrazándolo.
Pero la realidad era muy distinta.
Solo estaban hablando.
—Bueno, me voy —dijo Lautaro con educación.
—Nos vemos.
Él volvió junto a Valentina sin darle importancia.
Ni siquiera imaginó que acababan de tomar una fotografía que, vista fuera de contexto, podía parecer otra cosa.
---
Al terminar la noche, todos se despidieron con abrazos.
Lautaro acompañó a Valentina hasta su casa.
Antes de que ella bajara del auto, él le tomó la mano.
—¿Sabés qué?
—¿Qué?
—Cada día estoy más seguro de que quiero seguir construyendo esta historia con vos.
Valentina sonrió.
—Y yo con vos.
Se besaron.
Un beso tranquilo.
Lleno de confianza.
De esas confianzas que parecen imposibles de romper.
Pero, mientras el auto se alejaba, Axel envió la fotografía a Micaela.
Ella la miró durante varios segundos.
Después sonrió.
—Todavía no...
Pero falta muy poco.
Guardó el celular en el bolsillo.
La mentira todavía no había comenzado.
Sin embargo, la primera pieza del rompecabezas ya estaba en su lugar.
Y, sin que Valentina ni Lautaro lo supieran, alguien acababa de empezar a escribir el capítulo más doloroso de su historia.