Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Magia 1
Cuando Elia regresó a la mansión Russ aquella tarde, encontró a sus padres esperándola en el salón principal.
Algo que ya comenzaba a ser habitual.
Y algo que todavía le enternecía.
Porque los condes parecían genuinamente interesados en escuchar cualquier cosa que ella quisiera contar.
Incluso si se trataba de negocios.
Especialmente si se trataba de negocios.
—¿Cómo te fue?
Preguntó la condesa apenas la vio entrar.
Elia se quitó los guantes.
Pensó unos segundos.
Y respondió honestamente.
—Creo que bien.
—¿Crees?
Preguntó el conde.
—Bueno... el duque parece interesado.
—Eso es excelente.
—Pero aún tiene dudas.
Los condes intercambiaron una mirada.
—Es normal.
Dijo el conde.
—Es una inversión importante.
—Lo sé.
—¿Y habrá otra reunión?
—Sí.
Dentro de dos días.
La condesa sonrió.
—Entonces claramente no fue un fracaso.
Elia asintió.
Aunque una pequeña parte de ella seguía preocupada.
Porque aquella pequeña parte siempre estaba preocupada.
Era su estado natural.
Mientras tanto... en la mansión O'Neill... un hombre estaba siendo regañado.
Bueno.
Más exactamente.
Un mago estaba siendo regañado.
Y lo merecía.
—No puedo creer que hayas hecho eso.
Dijo Albert.
Jack estaba cómodamente sentado sobre una mesa.
Como si nada hubiera ocurrido.
—Fue un corte diminuto.
—La heriste.
—La curé.
—La heriste.
—La curé.
—Jack.
—Albert.
—Jack.
—Albert.
El secretario decidió abandonar discretamente la habitación.
Porque aquella discusión podía durar horas.
Albert cruzó los brazos.
—Si vuelves a dañar a Lady Russ...
La sonrisa de Jack desapareció un poco.
Porque aunque Albert rara vez levantaba la voz... cuando hablaba así era mejor escucharlo.
—No volverá a pasar.
Dijo finalmente.
—Más te vale.
El silencio duró unos segundos.
Y luego Jack cometió un error.
—Aunque admito que fue divertido cuando pensó que éramos pareja.. es que lo leí en los apuntes..
Albert cerró los ojos.
Otra vez.
—Jack.
—¿Qué?
—No empieces.
—Su cara fue increíble.
—Jack.
—Y luego pensó que yo estaba celoso.
—Jack.
—Y después creyó que estaba defendiendo mi relación.
—Jack.
El mago comenzó a reír.
Abiertamente.
Sin vergüenza alguna.
Albert estaba considerando seriamente la posibilidad de lanzarlo por una ventana.
—No te enojes.
Dijo Jack.
Todavía sonriendo.
—Después de todo no me gusta tu novia.
El silencio fue inmediato.
Albert lo observó.
—Ella no es mi novia.
—Claro.
—No lo es.
—Por supuesto.
—Jack.
—Está bien.
Pero la sonrisa burlona seguía allí.
Y ambos lo sabían.
Finalmente decidieron concentrarse en algo más importante.
La sangre.
Jack colocó cuidadosamente la taza rota sobre una mesa de trabajo.
Luego extrajo las pequeñas muestras que había conseguido.
Y por primera vez en toda la tarde... se volvió completamente serio.
Aquello llamó la atención de Albert.
Porque cuando Jack dejaba de bromear... normalmente era porque había encontrado algo interesante.
Muy interesante.
Los círculos mágicos comenzaron a iluminarse.
Lentamente.
Runas antiguas aparecieron sobre la superficie de cristal.
La sangre de Elia reaccionó de inmediato.
Una tenue energía oscura comenzó a extenderse por el círculo.
Albert frunció el ceño.
—Oscuridad.
—Sí.
Murmuró Jack.
Más intrigado que preocupado.
—Curioso.
—¿Qué significa?
—Todavía no lo sé.
Continuó trabajando.
Probando fórmulas.
Activando artefactos.
Comparando reacciones.
Hasta que finalmente se detuvo.
—Necesito una muestra tuya.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Cinco minutos después...
Jack clavó una pequeña aguja en el dedo del duque.
—¡Au!
—No seas dramático.
Albert respondió dándole un golpe en la cabeza.
No demasiado fuerte.
Pero sí lo suficiente.
—¡Eso dolió!
—Bien.
—Violencia contra investigadores.
—Te lo advertí.
Jack siguió quejándose mientras mezclaba ambas muestras.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Las dos sangres reaccionaron.
No violentamente.
No de forma peligrosa.
Pero sí claramente.
Pequeños filamentos de energía aparecieron entre ambas.
Como si existiera una resonancia.
Una conexión.
Un eco antiguo.
El mago se quedó inmóvil.
Albert también.
—Eso...
Murmuró Jack.
—No debería ocurrir.
—¿Qué significa?
Jack revisó varios libros.
Después otro.
Y luego otro más.
Porque esa era la respuesta universal de los magos cuando algo salía mal.
Leer más.
Finalmente levantó la vista.
—Creo que tengo una teoría.
—Escucho.
—Podría existir una conexión con el Imperio Lennox.
Albert permaneció en silencio.
Porque ya habían llegado a esa posibilidad antes.
—Los registros hablan de linajes capaces de desarrollar habilidades mentales.
—Pero eso no explica por qué solo escucho a Lady Russ.
—Lo sé.
Jack volvió a observar las muestras.
Y siguió analizando.
Durante casi una hora.
Hasta que finalmente habló.
—Quizás no eres tú.
Albert parpadeó.
—¿Qué?
—Bueno, sí eres tú.
Pero quizás el origen está en ella.
—Explícate.
Jack señaló la sangre de Elia.
—Su afinidad parece responder a elementos compatibles con habilidades mentales.
—¿Y?
—Quizás algún ancestro de los Russ tuvo sangre Lennox.
—Eso sigue sin explicar el fenómeno.
—No completamente.
Admitió Jack.
—Pero podría explicar una parte.
Albert observó los círculos mágicos.
Pensativo.
—Entonces crees que alguien en la familia Russ pudo tener esa herencia.
—O magia relacionada.
—Y por alguna razón reacciona conmigo.
—Exactamente.
El problema era que aquello respondía una pregunta.
Y creaba diez más.
¿Por qué ahora?
¿Por qué Elia?
¿Por qué únicamente ella?
¿Por qué podía escuchar cada pensamiento?
Y sobre todo...
¿Por qué sentía que aquello iba mucho más allá de una simple afinidad mágica?
Jack observó nuevamente las muestras.
Luego sonrió.
Esa sonrisa.
La peligrosa.
La sonrisa que significaba que acababa de encontrar un misterio nuevo.
—Esto se está poniendo interesante.
Albert suspiró.
Porque esa frase jamás traía nada bueno.
Y mientras el mago comenzaba a llenar nuevas páginas con teorías imposibles, el duque miró por la ventana.
Pensando en la reunión dentro de dos días.
Pensando en Lady Russ.
Pensando en los pensamientos interminables que seguramente volvería a escuchar.
Y por primera vez se preguntó si realmente quería resolver el misterio.
O si una parte de él simplemente quería volver a verla.