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La Heredera que Él No Pudo Romper

La Heredera que Él No Pudo Romper

Status: En proceso
Genre:CEO / Centrado emocionalmente / Mujer poderosa / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Amante arrepentido
Popularitas:236.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: lulu

Lala Salcedo creyó que su boda con Damián Alcázar sería el inicio de una vida tranquila. Pero el mismo día de la ceremonia, su media hermana Iris, enferma y mimada por toda la familia, le arrebata el vestido, el novio y hasta el lugar que durante años le perteneció.

Lo que nadie esperaba era que Lala dejara de agachar la cabeza.

Con el corazón roto, una empresa en las manos y demasiadas cuentas pendientes, decide cobrar cada humillación una por una. Damián cree que puede volver cuando quiera. La familia Salcedo cree que todavía puede usarla. Iris cree que todo lo que Lala ama puede terminar en sus manos.

Hasta que aparece Sebastián Suárez, el heredero más reservado y poderoso de la ciudad, dispuesto a respaldarla cuando todos esperan verla caer.

Pero en un mundo de familias ricas, secretos viejos y amores que llegan demasiado tarde, Lala tendrá que descubrir quién quiere salvarla de verdad… y quién solo quiere usarla otra vez.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4

Me cubrí los ojos con el pañuelo.

No tuve fuerzas para mirar al hombre a mi lado.

Mi padre, en cambio, apareció de inmediato con una humildad que jamás me dedicó.

—Señor Suárez, disculpe el espectáculo. Su asiento está en la zona VIP. Permítame acompañarlo.

—No hace falta. Me quedo aquí.

La voz del hombre seguía tranquila, pero tenía una autoridad imposible de discutir.

Mi padre quiso insistir, pero en el escenario llamaron a los padres de los novios. Tamara vino a llevárselo.

Entonces el maestro de ceremonias anunció:

—Invitamos a la señorita Lala Salcedo a subir al escenario.

La luz cayó sobre mí.

Todo el salón se quedó en silencio.

Sabía que unos me compadecían y otros esperaban verme hacer el ridículo.

Enderecé la espalda.

Subí con la armadura invisible que uso desde niña.

Los murmullos volvieron.

—Dicen que Héctor Salcedo siempre favoreció a la hija menor.

—Con madrastra llega padrastro, pero este ni padrastro parece.

—Ayudar a una hija a robarle el esposo a la otra sí es otro nivel.

No me dio vergüenza.

La vergüenza tenía que tocarles primero a ellos.

El maestro me entregó el micrófono.

—Escuchemos unas palabras de la señorita Salcedo.

Damián e Iris me miraron apenas. Luego volvieron a verse, dulces, pegajosos.

El dolor se cortó.

Lo reemplazó un deseo feroz de vengarme.

—Hoy es un gran día. Me honra ser testigo de mi querida hermana y de mi ex caducado. Les deseo amor eterno, unión para toda la vida y muchos hijos. A todos los invitados, gracias por venir. Que sus familias sean felices.

¿Querían que diera la cara por ellos?

Les deseaba hijos.

A ver si podían cumplir.

El salón volvió a murmurar.

Alguien aplaudió.

—¡Bien! ¡El verdadero ganador es el señor Salcedo!

—¡Felicidades!

Era burla para mi padre.

Tamara me gritó:

—Lala, ¿no te da vergüenza?

—La que robó al prometido de otra no fui yo. ¿Por qué me daría vergüenza?

Iba a bajar.

Iris tomó otro micrófono.

—Hermana, espera.

Me agarró de la mano y me llevó al centro.

—Hoy, a quien más quiero agradecer es a mi hermana. Tengo una enfermedad terminal. Mi mayor deseo era casarme con el hombre que amo. Gracias a mi hermana por cumplir nuestro amor y dejarme ir sin arrepentimientos. No se burlen de ella. Es la mejor hermana del mundo.

El salón se quedó quieto.

La compasión cayó sobre todos como una manta húmeda.

Iris volvió a mirarme con lágrimas.

—Hermana, dime la verdad. ¿Me odias?

Me estremecí.

Qué nivel.

No solo me robó todo. Ahora quería obligarme a actuar en su teatro de amor familiar.

El maestro acercó otro micrófono.

Lo tomé.

Sonreí.

—En realidad, yo debería agradecerle a mi hermana.

El salón soltó un murmullo curioso.

—Ella no me quitó un hombre. Me quitó un problema. Ni la cadena más gruesa retiene a un perro que quiere escaparse. Así que hay una frase perfecta para ustedes: tal para cual, amor eterno.

El salón explotó.

Hubo aplausos, silbidos, risas.

—¡Eso!

—¡La señorita Salcedo sí tiene valor!

Miré a Iris, cuya cara se desmoronaba.

—Hermana, no te odio. Te agradezco. Les deseo amor eterno, hasta que la muerte los acompañe.

Una cachetada me volteó la cara.

Tropecé contra el maestro de ceremonias.

Mi padre temblaba de rabia.

—¡Eres igual que tu madre! ¡Naciste para arruinarme!

Lo miré con una risa fría.

—Héctor Salcedo, no eres digno de mencionar a mi madre. Si no fueras un animal, ella no habría muerto tan joven.

Ya estaba todo roto.

Que se rompiera más.

—¡Lala, basta! —intervino Damián—. ¿Qué ganas con esto?

Lo miré de arriba abajo.

—Damián, quítate ese traje. Lo hice para Taco. ¿Por qué lo usas tú?

—Tú...

—Ah, cierto. Iris roba mi vestido y tú robas el traje de mi perro. Tal para cual.

—¡Te voy a arrancar la boca!

Héctor se lanzó contra mí.

Me agarró del brazo y me dio otra cachetada.

Yo no me quedé quieta.

Me daba igual que fuera mi padre. Me defendí con todas mis fuerzas.

El escenario se volvió un caos.

Los invitados grababan con sus celulares.

Yo estaba en desventaja, pero los padres de Damián subieron a separar.

—¡Consuegro, por favor! ¡Es la boda!

—¡Suéltenme! ¡Hoy mato a esta malagradecida!

De pronto Tamara gritó:

—¡Iris se desmayó! ¡Ayuda!

Todos me soltaron y corrieron hacia la novia.

Damián la cargó, pálido.

—Iris, aguanta. Te llevo al hospital.

Yo quedé hecha un desastre.

Me ardían las mejillas.

Pero al ver la boda destruida, sentí una felicidad brutal.

Qué bien se sentía perder la cordura.

Tomé el micrófono.

—Disculpen el espectáculo. El banquete lo elegí yo, así que la comida es buena. Coman bien, tomen bien y sean felices.

Luego me fui.

En el coche miré mi cara. Ambas mejillas rojas, pero sin heridas. El cabello desordenado. Nada grave.

Héctor me golpeaba desde niña.

Cachetadas, cinturones, libros, patadas.

Lo de hoy fue poco.

Metí la mano al bolsillo por el celular y toqué algo suave.

El pañuelo.

Se me olvidó devolverlo.

Era de una tela carísima, seda con lana finísima, ligera, con brillo discreto. Olía a bosque limpio, igual que la voz de aquel hombre.

En una esquina llevaba una S bordada.

Recordé que mi padre lo había presentado como Sebastián Suárez, el segundo hijo de la familia.

En Ciudad de México, solo había una persona así:

Sebastián Suárez.

La familia Suárez era poderosa, reservada, casi invisible. De Sebastián se oían rumores: que era misterioso, que no aparecía en público, que tal vez tenía alguna enfermedad.

¿Qué hacía entonces en mi boda fallida?

No entendía.

El celular sonó.

Era Vivi.

—¡Damián e Iris son asquerosos! Casi rompo el teléfono. Pero tú les diste duro, amiga.

Suspiré.

—¿Ya está en internet?

—¿Tú qué crees? Un drama así ni en serie. La gente está dividida y peleándose en comentarios.

Cerré los ojos.

Yo quería venganza, no hundirme con ellos.

—¿Estás bien? Vi que te golpearon.

—Solo cachetadas.

—Tu padre es un miserable. Debí ir para ayudarte a pelear.

—Héctor Salcedo no es mi padre. Corté con él.

—Perfecto. Un padre así quita años de vida.

Me preocupaba la opinión pública. No podía dejar que afectara a mi empresa.

Vivi entendió.

—Voy a buscar a alguien de relaciones públicas. Tú no te desesperes.

Entraron más llamadas. Amigos, conocidos, todos preguntando.

Me agoté.

Publiqué que estaba bien y apagué el celular.

Esa noche me bañé, me acosté y el dolor volvió cuando todo quedó en silencio.

No podía dormir.

Tomé dos pastillas.

Desde adolescente tuve depresión. Mejoré con los años, pero el insomnio regresaba cuando la presión me rompía.

Caí en un sueño pesado.

Hasta que, a media noche, sonó la alarma de la casa.

Taco ladraba como loco.

Bajé aturdida y abrí el acceso.

La voz furiosa de Damián estalló:

—¡Lala! ¿Estabas muerta? Teléfono apagado, puerta cerrada. ¿Sabes que alguien está a punto de morirse?

Sebastián Suárez

1
Bienaventurada
Muy interesante hasta ahora
Buena la novela 🥰
Bienaventurada
Que gesto tan bonito 🥰de Sebastián
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
Tremendo cara e tabla 😒 infeliz
Eufemia Perez
La novela en me ha gustado. pero me pregunto porque demoran tanto que los protagonista de tanto que la hicieron sufrir😭 🤣🥰🤭 y teniendo un hombre bufno sigas todavia darle largo a una historia de amor que se ha vuelto aburrida para darle un final feliz con hijo a bordo en menos de que cante un gallo. asi no es una historia. que llegue a gustar no se como una hija novia hijastra aguanta tanto
Victoria Garcia
y la estupida le pintan plata y lo hace , que horrible está protagonista , deja que la golpeen , hace todo lo que le dicen que haga por la víbora de la hermana , no no que falta de dignidad , de carácter , de amor propio.
Mirna Vargas olortegui
Cansa mucho que Damian no deje ser feliz y esté siempre fregando a Sebas y Lala.
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente,, una súper historia ,,, más apoyo y likes
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Sara Quiroga
muy buena trama felicitaciones 👏
Yolanda Villamar
porque no poner las imágenes para no tener que estar buscando 😡😡 que te cuesta
Daisy García
Hermosa Novela!!! me gusto mucho 👏👏👏
Nelida Romero
la verdad que cansa tanto odio ya. tendría que haber terminado porque repiten mucho el odio siempre a una misma persona
Monica Torti
yo la dejo de leer xq no tiene sentido si ella tiene su empresa para que hacerle caso a esos vividores me cansé de Iris, Héctor, Damián chauuuuuuuu
Monica Torti
que basura no se puede creer 🤬🤬🤬
Monica Torti
El amor es Lala 💓💓💓
Monica Torti
Que amiga loca 😂😂😂
Monica Torti
Ahora va a querer a Sebastián esa zorra
Monica Torti
Vas a reventar bruja ni en el pecho de muerte dejas de ser una víbora
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