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Más Allá Del Cielo Y La Sombra

Más Allá Del Cielo Y La Sombra

Status: En proceso
Genre:Demonios / Romance
Popularitas:443
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

En un mundo donde demonios y ángeles se enfrentan desde siempre, Kaelen, un poderoso señor demonio, lucha por mantener unida a su familia mientras se enfrenta a prejuicios, secretos y pérdidas.

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— Fuego entre sombras

La mansión Voryn despertaba al sonido de cristales encantados y pasos resonando sobre suelos de obsidiana pulida. El aire siempre olía a azufre dulce y a rosas negras que crecían en los jardines protegidos por barreras mágicas. Era un lugar hermoso y aterrador, igual que la familia que lo habitaba.

En el ala este, Alessandro se ajustaba la chaqueta de seda negra bordada con hilos de plata. Sus manos, grandes y fuertes, temblaban apenas, un movimiento que solo él conocía. Esa tarde tenía una cena oficial con los padres de Seraphina, su prometida, pero antes… antes tenía que verlo a él.

Se dirigió al pasillo de las puertas ocultas, donde un espejo encantado le mostró el camino a su departamento secreto, escondido entre las dimensiones de la propia mansion. Nadie más sabía de ese lugar. Ni sus padres, ni sus hermanos, ni la mujer que supuestamente iba a casarse con él.

Al entrar, el aire era cálido y olía a incienso y a lluvia. Allí estaba Vladimir, un demonio de linaje antiguo, de cabello plateado y ojos como carbones encendidos, de pie junto a la ventana que daba a un abismo de nubes negras. Era más alto que Alessandro, y su presencia pesaba en la habitación como una manta de plomo.

—Llegas tarde —dijo Vladimir, sin volverse. Su voz era grave, como piedra rozando piedra.

—Tuve que esperar a que mi padre saliera de la sala de consejo —respondió Alessandro, con la cabeza gacha sin darse cuenta.

Vladimir se giró despacio. Sonreía, pero no había calidez en esa sonrisa. Se acercó hasta quedar a centímetros de él.

—¿Y te da miedo que te vean conmigo? ¿Te da miedo que sepan quién eres de verdad cuando no estás en el trono de tu familia?

—No me da miedo —susurró Alessandro—. Me da miedo perderte.

Vladimir alzó una mano y le acarició la mandíbula con brusquedad, sujetándole la cara con firmeza.

—Entonces aprende a llegar a tiempo. Y aprende a recibir lo que te doy. No eres un príncipe intocable aquí, Alessandro. Aquí eres mío. ¿Lo entiendes? Mío.

Alessandro asintió, con la respiración entrecortada. Amaba esa dominación, la necesitaba como necesitaba el aire, aunque por las mañanas le dolía el cuerpo y el orgullo.

—Soy tuyo —repitió, como un juramento.

Mientras tanto, en los jardines inferiores, Marco caminaba entre las estatuas de ángeles vencidos, con una botella de vino oscuro en la mano y la mirada perdida en el horizonte donde el fuego se mezclaba con la niebla. No estaba solo. Una figura apareció entre los árboles de sangre: Kael, el ángel soldado, con la armadura manchada de hollín y las alas plegadas con cansancio.

—Viniste —dijo Marco, sin sorprenderse del todo.

—Me debes una respuesta —respondió Kael, con voz tensa—. Dijiste que si volvía a cruzar la frontera, me harías pagar. Y aquí estoy. ¿Dónde está tu castigo?

Marco soltó una risa áspera y dio un paso hacia él.

—Crees que vine para pelear, ¿verdad? Crees que solo quiero clavarte las garras y ver sangre.

—¿No es eso lo que somos? —replicó Kael, con los ojos dorados brillando con furia y algo más que Marco no quería nombrar—. Tú demonio, yo ángel. Enemigos desde antes de que naciéramos.

—Sí —dijo Marco, acercándose hasta que sus cuerpos casi se tocaban—. Pero a veces el odio se parece demasiado al deseo, ¿no lo has notado?

Kael dio un paso atrás, pero se quedó.

—No digas eso. No nos hagamos más daño del necesario.

—¿Daño? —Marco se acercó de nuevo, y esta vez le tomó la muñeca con fuerza, marcando la piel pálida—. ¿Te duele cuando te toco, Kael? ¿O te duele más cuando me voy?

Kael no respondió, pero sus alas se agitaron apenas, como si quisieran envolverlos a ambos. Marco lo empujó rudamente contra el tronco de un árbol de corteza roja.

—Dime que me odias de verdad —le susurró al oído—. Dímelo y me iré.

—Te odio —dijo Kael, pero su voz temblaba—. Te odio con toda mi alma.

—Mentira —respondió Marco, besándole el cuello con una mezcla de rabia y ternura que lo desgarraba por dentro—. Y lo sabes.

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