Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 7
El jueves por la tarde, Evolett salió de la clase de Historia de la Moda con la cabeza llena de fechas y nombres que no lograba retener. Llevaba su cuaderno de bocetos bajo el brazo y la mochila colgada del hombro, el peso de los libros inclinando su postura hacia un lado. El pasillo principal de la facultad estaba abarrotado de estudiantes que se movían en todas direcciones, y ella se deslizó entre ellos como una sombra, con la mirada fija en el suelo.
Lena la había alcanzado a la salida, hablando sin parar sobre el proyecto de texturas invernales, pero Evolett apenas escuchaba. Su mente seguía atrapada en la tarjeta que descansaba en su cartera, en el número escrito a mano, en la voz de Will Cleim diciendo.
— Vi potencia en la forma que se concentra en el arte esa noche
¿Qué arte? Ella no había visto ninguna pintura. Había pasado toda la noche en la entrada, observando a la gente, tratando de no entrar en pánico.
— Evolett, me estás escuchando?
preguntó Lena, tocándole el brazo.
— Sí, claro
mintió, sin levantar la vista.
— Entonces qué opinas, debería usar lana merino o cachemira para la textura invernal?
— Cachemira
respondió al azar
Lena la miró con una mezcla de diversión y exasperación
— Estás en las nubes. Sigues pensando en lo de Will Cleim?
— No
respondió demasiado rápido
— Mentirosa
canturreó Lena, pero no insistió
Llegaron a la salida principal del edificio, donde una multitud se agolpaba frente a las puertas de vidrio. Evolett se detuvo, sintiendo el familiar nudo en el estómago que siempre aparecía cuando había demasiada gente cerca. Respiró hondo y apretó el cuaderno contra su pecho.
— Vamos, solo tenemos que cruzar
dijo Lena, tomándola del codo con suavidad
Evolett asintió y dio un paso hacia adelante. Y entonces ocurrió
Un hombre salió corriendo de la nada, probablemente llegando tarde a alguna clase, y chocó contra ella con la fuerza de un tren. Evolett sintió que el aire se le escapaba de los pulmones mientras el impacto la arrojaba hacia atrás. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, las manos del hombre se cerraron alrededor de sus brazos para evitar que cayera.
— Oh, lo siento muchísimo!
exclamó él, una voz masculina, joven, despreocupada
Pero Evolett no escuchó sus palabras. Solo sintió el agarre en sus brazos, la presión de los dedos hundiéndose en su piel a través de la tela de su chaqueta. Fue como si un interruptor se activara en su cerebro, como si el mundo se desdibujara en un borrón de colores y sonidos distorsionados.
El callejón. El olor a lluvia. Las manos que la sujetaban contra la pared de ladrillo.
— No
susurró, y su voz era un hilo de aire.
— No, por favor
— Señorita?
La voz del hombre sonaba confundida.
— Está bien? Solo fue un pequeño golpe, no es para tanto
Pero Evolett ya no estaba allí. Su cuerpo estaba en la entrada de la facultad, pero su mente había retrocedido dos años, al callejón oscuro, a la risa ronca, al dolor explotando en su costado. Empezó a temblar, primero las manos, luego todo el cuerpo, y su respiración se convirtió en jadeos cortos y superficiales.
— Evolett
la voz de Lena llegaba desde lejos
— Evolett, qué te pasa?
— No me toques!
logró decir, pero las palabras salieron rotas
— No me toques, no me toques, por favor!
El hombre seguía con las manos en sus brazos, y ella no podía moverse, no podía escapar. El pánico la envolvía como una manta de espinas, clavándose en su piel, en su pecho, en su garganta. Iba a desmayarse. Podía sentirlo.
— Suéltela!