holis buenas como están espero que estén bien y si no entren a leer y en breve lo estarán los amo❤️
les quería comentar que está saga contará con diferentes temporadas la cual cada una sería un tomo iré actualizando y demás conforme vaya escribiendo ❤️
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Capítulo 13 – Un plan entre susurros
Pasó una semana desde aquella noche en que Roma casi explota. Desde entonces, no volvió a hablar de eso. Pero Emily y Sofía notan que algo cambió. Está más tranquilo. Más presente. Y aunque aún se le escapa alguna mirada perdida, también se le escapan sonrisas reales. De esas que no se ven tan seguido en él.
Ese domingo, mientras toman mate en el departamento de Roma, Emily saca el tema como quien no quiere la cosa:
—Che, ¿te acordás qué día es mañana?
Roma la mira con confusión.
—¿Lunes, no?
—¡Sí, pero no es un lunes cualquiera, bruto! Es el cumpleaños de la nena de los ojos celestes.
Roma abre los ojos como si se hubiera olvidado algo importantísimo.
—¡La puta madre! ¡Es verdad! ¿Qué hacemos?
Emily sonríe, cómplice.
—Ya lo tengo todo pensado. El refugio está cerrado porque es lunes. Pero hablé con Carla y los pibes y dijeron que abrimos para nosotros. Solo para hacerle algo lindo. Vos traés la torta, yo me encargo de decorarlo todo. Me prestaron unas luces y unos sillones re copados.
Roma asiente con entusiasmo.
—¿Y Sofía?
—Le dije que el lunes íbamos a hacer algo tranqui, tipo cena, solo nosotros. Que se prepare linda. No sospecha nada.
Carla pasa la escoba por el bar con una sonrisa. Le encanta cuando se arman estas cosas. Dice que no cree en el amor, pero cuando ve cómo esos tres se cuidan, le agarra ternura. Sofía siempre fue amable con todos. Nunca una palabra fuera de lugar. Se merece algo especial.
—Yo me encargo de la música —dice Matías—. Tengo una playlist buenísima.
Roma compra una torta de chocolate con frambuesas, su favorita, y también unas velas. Va en colectivo todo el camino pensando en qué decirle. Nunca fue bueno con las palabras en momentos importantes. Pero esta vez quiere hacerla sentir querida.
Emily llega temprano al refugio con dos bolsas llenas de guirnaldas, luces, unos globos metálicos y una remera que le compró a Sofía que dice “brujita pero buena onda”. Sabe que va a llorar. A ella no le gusta mucho celebrar su cumple, pero cuando siente amor sincero, se quiebra.
Sofía llega puntual, como siempre. Lleva un vestido negro simple pero hermoso, maquillaje suave y su pelo suelto, flotando como si el viento supiera que hoy es un día importante.
Empuja la puerta del refugio sin sospechar nada. Está oscuro.
—¿Hola? —pregunta, apenas entrando, extrañada por el silencio.
En ese momento, una ráfaga de luces cálidas se enciende, acompañada de una lluvia de globos metálicos cayendo desde el techo y un grito al unísono:
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS, BRUJA!
Sofía se queda helada unos segundos, luego ríe, se tapa la boca y, sin poder evitarlo, se le escapan unas lágrimas.
—Ustedes son unos tarados… —murmura con la voz quebrada, y abraza primero a Emily, después a Roma, fuerte, como si no quisiera soltarlos nunca.
Roma la mira emocionado.
—Brindamos por vos. Por tu luz. Y por tu paciencia con dos criaturas como nosotras.
Sofía se ríe entre lágrimas y le da un beso en la mejilla.
La fiesta arranca con música suave, pizza, torta, bebidas, almohadones en el suelo y luces colgantes. Se siente como un cuento. Carla improvisa un brindis gracioso, Matías pone una canción que todos cantan mal pero felices, y por un rato el refugio parece un universo paralelo donde nada malo existe.
Hasta que un chico joven empuja la puerta con cautela. Es alto, flaco, con ojeras marcadas y los ojos rojos. No parece drogado, pero sí roto. Como si hubiera llorado mucho o dormido poco. Lleva una mochila vieja colgando de un hombro y mira alrededor como si no supiera dónde está.
—Perdón… vi las luces desde la calle… pensé que estaba abierto…
Todos lo miran. Roma es el primero en decir algo.
—Tranquilo. ¿Querés pasar? Hay pizza.
El chico titubea.
—No quiero molestar.
Carla se asoma desde la barra:
—Si molestás, te echamos. Pero todavía no lo hiciste. Sentate.
Se llama Lucas. Al principio habla poco, pero con el paso de la noche va aflojando. Roma le alcanza una copa, Emily le hace preguntas para que se sienta cómodo, Sofía lo observa con curiosidad. Algo en él la inquieta. No es atracción. Es empatía.
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Sofía se acerca y se sienta a su lado.
—No parece que estés muy acostumbrado a esto, ¿no?
Lucas sonríe de lado.
—No. No sé… hacía mucho que no me quedaba en una fiesta a la que no fui invitado.
Ella le extiende la mano.
—Yo soy Sofía. Cumpleañera oficial y bruja residente del refugio.
—Lucas. Ex repartidor, medio poeta, y tatuador aficionado.
Roma escucha desde la barra y se acerca.
—Che, si querés un lugar más tranquilo para laburar alguna vez, capaz podríamos prestarte uno de los salones del refugio en la semana.
Lucas lo mira sorprendido. Está acostumbrado a los no. A los portazos. A la distancia.
—Gracias… No sé qué decir.
—Decí que sí —le dice Sofía, riendo.
Y por primera vez en la noche, Lucas asiente con los ojos brillantes.
—Sí. Gracias. De verdad.
El resto de la noche pasa con más historias, canciones, algunos jugando al truco, otros charlando en voz baja. Lucas se queda con ellos hasta muy tarde, y cuando por fin se despide, Sofía le da un abrazo.
—Gracias por venir, aunque sea por accidente.
—Gracias a ustedes por dejarme quedarme.
Cuando se va, el grupo se queda en silencio un momento. No por incomodidad, sino porque todos sienten que algo bueno acaba de empezar.
Roma piensa: A veces no hacen falta portales mágicos ni criaturas etéreas. A veces el verdadero hechizo está en una noche como esta, donde alguien encuentra un lugar al que quizá sin saberlo, siempre perteneció.