El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
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Capítulo 03
Sintió un calor abrasador que subía desde su vientre, recorriendo su columna vertebral como lava líquida. Sus ojos, antes marrones y llenos de lágrimas, se volvieron de un violeta eléctrico, brillando con una luz sobrenatural.
—He dicho... —su voz cambió, volviéndose profunda, vibrante, cargada de una autoridad antigua— ...que me sueltes.
De la punta de sus dedos no brotó luz, sino una oscuridad absoluta, más negra que la noche más profunda. Eran zarcillos de sombras que se movían como látigos. Una de las sombras golpeó al hombre en el pecho, lanzándolo a diez metros de distancia con una fuerza sobrenatural.
Los otros dos hombres se quedaron petrificados.
—¿Qué... qué eres? —preguntó el del cuchillo, retrocediendo con terror.
Alessia se puso en pie lentamente. No sentía frío. No sentía dolor. Solo sentía una conexión embriagadora con la tierra bajo sus pies y la niebla que la rodeaba. La niebla, que antes parecía una amenaza, ahora se sentía como una extensión de su propia piel.
—Soy lo que ustedes crearon —dijo Alessia, y al hablar, las sombras a su alrededor se agitaron rítmicamente—. Soy la profecía que intentaron sofocar.
El hombre del cuchillo intentó atacarla por desesperación. Alessia ni siquiera parpadeó. Simplemente extendió la mano y cerró el puño. Las sombras se envolvieron alrededor del cuello del hombre, levantándolo del suelo. Él pataleó en el aire, sus ojos desorbitados, hasta que el sonido de su cuello rompiéndose resonó en el silencio del Abismo.
El tercer hombre cayó de rodillas, suplicando.
—¡Piedad! ¡Piedad, Gran Señora de las Sombras!
Alessia lo miró. En cualquier otro momento de su vida, habría sentido asco por sí misma, habría llorado por haber quitado una vida. Pero ahora... ahora solo sentía una calma gélida.
—La piedad murió en el banquete —sentenció ella.
Hizo un gesto con la mano y la sombra lo golpeó, dejándolo inconsciente pero vivo. No lo mataría, no porque fuera buena, sino porque necesitaba a alguien que supiera dónde encontrar refugio.
°°°
El Despertar del Linaje Prohibido
Alessia cayó de rodillas, pero esta vez no por debilidad, sino por la intensidad de la energía que fluía a través de ella. Miró sus manos. Unas venas negras subían por sus muñecas, desapareciendo bajo su piel.
—Magia de sangre... —susurró para sí misma—. Magia primordial.
Recordó las historias prohibidas que su niñera le contaba de niña. La casa Ashworth no siempre había sido una familia de duques cortesanos. Siglos atrás, eran los Guardianes del Crepúsculo, señores que dominaban el equilibrio entre la luz y la oscuridad. El Reino de Vyrwel se había construido sobre sus espaldas, y luego, por miedo a su poder, los habían reducido a nobles de salón, obligándolos a olvidar su verdadera naturaleza.
Caleb le había dado el catalizador perfecto: la traición. El dolor había actuado como la llave para abrir la cerradura de su linaje.
—Me llamaron villana sin haber hecho nada —dijo Alessia, poniéndose de pie y mirando hacia la dirección donde se encontraba la capital—. Me juzgaron por lo que *podría* hacer. Muy bien. Les daré una razón para temerme.
Se acercó al hombre inconsciente y lo despertó con un chorro de agua fría que creó manipulando la humedad de la niebla. El hombre se despertó sobresaltado, temblando.
—Tú —dijo ella, su mirada violeta clavada en la de él—. ¿Hay más como tú aquí? ¿Otros que han sido desechados por el Rey?
—S-sí... —tartamudeó el hombre—. En las cuevas del norte. Somos cientos. Renegados, soldados que no quisieron matar inocentes, ladrones, sabios locos...
Alessia sonrió. No era una sonrisa de alegría, sino la sonrisa de una depredadora que acaba de encontrar su territorio de caza.
—Llévame con ellos.
—¿Qué... qué piensa hacer, mi señora?
Alessia miró hacia las montañas que la separaban de su antigua vida. En su mente, vio el rostro de Caleb, su sonrisa de satisfacción mientras la veía ser arrastrada.
—Voy a construir un reino en las cenizas —declaró Alessia—. Y cuando termine, Vyrwel no será más que un recuerdo en la suela de mis zapatos.
°°°
La Transformación
Esa noche, Alessia no durmió. Se sentó en lo alto de una roca de obsidiana, dejando que la magia fluyera libremente por sus venas. Se dio cuenta de que podía sentir los latidos de la tierra, el movimiento de las criaturas en la niebla, el miedo de los hombres que se escondían en las sombras.
Ya no era Alessia Ashworth, la prometida del príncipe. Esa chica había muerto de frío en la carreta. La mujer que estaba allí, envuelta en jirones de seda y sombras vivas, era algo nuevo. Algo que la profecía no había alcanzado a describir en toda su magnitud.
El destino decía que ella destruiría el mundo.
Ella decidió que solo destruiría el mundo de aquellos que la habían traicionado.
—Reina por elección —susurró al viento, y el viento, por primera vez, pareció obedecerla, arremolinándose a su alrededor en un abrazo protector.
El Abismo ya no era su prisión. Era su forja.